sábado, 31 de diciembre de 2016

Capítulo 12: La visión del mal.


XII
La visión del mal.

Mauricio abrió los ojos. Se encontraba en la cálida sala de alguna casa que, por motivos extraños, a primera vista no supo reconocer, pese a que ya había estado ahí muchas otras veces. Se frotó los ojos con insistencia, y entonces la vio.
   Mayra estaba sobre él, durmiendo apaciblemente, su respiración era tranquila y su expresión no denotaba aquel miedo que sintiera momentos antes… pero ¿antes?, ni siquiera estaba seguro de qué había pasado. ¿Fue alguna clase de sueño, ¿una pesadilla?
   De ser así, entonces la fantasía onírica continuaba su destellante camino, porque en ese momento, Mayra dormía sobre él, y podía sentir el hermoso contacto de sus senos bien desarrollados, sus caderas de adolescente, sus piernas, sus brazos, su cabello que caía en sensuales cascadas de belleza, que lo embriagaban con su delicioso aroma a manzanas. La respiración contra su pecho, y el simple hecho de que estuviera gozándola cómo quizá nunca podría hacerlo en su patética vida.
   Se atrevió a acariciar su cabello, y ella se movió sosegada. Parecía como si estuviera entregándose a él, juntando más su cuerpo y sus partes más sensibles, privadas. Mauricio luchó por mantener a raya sus emociones, pero no pudo evitar tener una alegre erección al estar tan cerca de ella y de su delicioso cuerpo, ¡oh, Mayra!
Ella se entregó más, incluso sus brazos lo estrecharon durante un instante, y luego susurró:
-Gabriel… Gabriel…
   Mauricio perdió la erección, perdió los deseos de seguir así, y perdió las ganas de seguir respirando cuando escuchó a la muchacha pronunciar aquel puto nombre.
   Mauricio se atragantó con su saliva y su bilis, lleno de rabia y aprensión, quería llorar y maldecir, maldecir a la vida, maldecirla a ella y al marica de su novio, quería decirle al mundo que le importaba un jodido escroto lo que pasara de ahora en adelante. Estaba frustrado. Entonces ella acarició su torso escuálido entre sueños, con una intensa sensualidad y deseo que fácilmente le hubiera desarmado e instado a continuar con esa lujuriosa, pero infantil fantasía, de no ser porque ella volvió a cagarla…
-Gabo… Gabriel…
   Mauricio se apartó furioso, la movió con cierta delicadeza y así, se liberó del sensual yugo. La miró despertar, apenas moverse, y en ese momento tuvo unas ganas increíbles de abofetearla y lastimarla, la muy maldita no tenía ni idea del daño que le había hecho al confundirlo con ese bastardo hijo de puta.
-¿Dónde…?-balbuceó la chica.
-¿Dónde estamos?, ¿o dónde está Gabriel Farías?
   Ella se desperezó, y lo miró cómo aturdida durante unos segundos.
-pues si es lo primero, te diré que estamos en tu casa… pero si es lo segundo, lamento decepcionarte, Gabriel “marica” Farías no está aquí, sólo está el tonto de Mauricio “perdedor” Silva, seguro que estás decepcionada hasta las chanclas.
   Ella volvió a bostezar.
-¿Qué haces en mi casa?
-no tengo ni puta idea, pero no tienes que correrme, me largo…-Mauricio se levantó del sofá con brutalidad, dándole un furioso puntapié a uno de los cojines que se habían caído durante el despertar de los dos adolescentes.
   Pero Mayra se levantó a su vez y lo sostuvo del brazo, suplicante.
-espera, yo no dije eso… sólo quería saber que pasó.
   Mauricio la miró colérico. Por un momento le pasó por la cabeza, ser grosero una vez más, pero ella tenía algo mejor en mente, realmente importaba más, el saber lo que les había pasado, que sus estúpidos problemas amorosos.
-sé que probablemente te sea más importante seguir discutiendo sobre eso que me dijiste antes… pero creo que es más importante que sepamos qué acaba de suceder.
-sí, está claro que mis sentimientos son una cagada y te da igual joderlos…
-por favor, Mau, ven-Mayra intentó llevarlo de nuevo al sofá, pero Mauricio se resistió, no quería sucumbir, como siempre lo hacía, a sus hermosos encantos, a toda su voluntad-tienes razón, pienso que hay cosas de las que debemos hablar, pero no en este preciso momento… ósea, sí me porté súper grosera contigo, pero ahora eso no viene al caso, ¿podrías dejar a un lado tu enojo conmigo y sentarte a hablar?
   Mauricio se apartó un poco más, pero no dijo nada, odiaba cuando ella tenía razón. ¿Qué clase de pendejo tenía que ser para darle más importancia a asuntos idiotas como por ejemplo, su corazón enamorado y malherido?
-sí, pues mira… ¿qué quieres que te diga? Al parecer acabamos de protagonizar un episodio de los X-Files. Es la única explicación que le encuentro.
-¿en serio?, bueno, siéntate…
-no, aquí estoy bien.
-¿podría haber sido un sueño, quizá?-Mayra miró el reloj de su teléfono celular-son más de las diez, me sorprende que mis tíos no hayan llegado. Es decir, sabía que iban a regresar un poco más tarde, pero no tanto, por eso aproveché para irme con Gabriel…
-sí, claro, entonces ¿tu salidita con el puto ese también fue un sueño? A mí me parecieron muy reales sus asquerosos manoseos.
-¡ya basta! Me parecie inaudito que nos estuvieras espiando.
-si hubiera sido sólo un sueño, serías mi novia…
   Mayra se puso de pie.
-he dicho que basta, basta ya, por el amor de Dios…
-¿por qué? Quiero que sepas que de ahora en adelante, te diré cuanto te amo, jamás me cansaré de ello…
-eres… mira, te diré lo que pasa contigo. Dijiste cosas que no debías decir, y que en verdad no sientes, tan sólo estás traumatizado por el hecho de que me estoy convirtiendo en una bella mujer, y sientes celos porque crees que te he relegado a segundo término por culpa de mi novio, Gabriel. Y eso no es cierto, pero parece que me es imposible hacerte entrar en razón. Si tengo novio, eso no cambia entre los dos, seguiremos siendo amigos… lo que único que cambia todo, son tus palabras, tu irracionalidad posesiva, soy tu amiga, no de tu propiedad, tengo derecho a tener novio, ¿me entiendes? Jamás te abandonaré, y jamás preferiré a nadie sobre ti, pero estoy enamorada y en eso no puedes influir. ¿Me puedes entender, mi Mau-Mau? Tú no estás enamorado de mí, sólo crees estarlo porque piensas que así me vas a tener para ti solo… ven, dame un abrazo y un beso, olvidemos todo y discutamos lo que pasó hoy, ¿sí?
   Ella se acercó para abrazarlo, pero Mauricio la esquivó con desprecio, no pudo evitar cerrar los puños con furia, mientras la cabeza le ardía caliente, furiosa. No podía creer que lo que estaba escuchando, ¿ella se había atrevido a desestimar sus palabras y sus sentimientos?
-si algo me queda claro, es que te valen verga mis palabras. La verdad es que me sorprende que hayas sido tanto tiempo mi amiga y aún más, que te ame tanto, cuando tú eres una miserable, una persona ruin y mierdera…
-¿son necesarias tantas palabras hirientes? Recuerdo cuando sólo podías tratarme con cariño y con respeto… ¿y así dices amarme?
-pues cree lo que quieras, yo dije lo que te tenía que decir. Te amo y no puedo hacer nada para remediarlo, uno no manda en el corazón…
-no seas melodramático… además, tú estás con Marina, ¿no?
-Marina no es mi novia, no la amo, a ella le gusto, pero no puedo amarla como a ti… lo de la escuela fue por hacerte enojar, pero veo que a ti te importa una mierda.
-pues verás que sí. Ojalá no te arrepientas un día, por haber roto nuestra amistad, que no te duela profundamente, como me ha dolido a mí. Tú y yo éramos inseparables…
   Mauricio no pudo decir nada más, porque en ese momento, la puerta de la casa se abrió de par en par. Evelyn y Derek, los tíos de Mayra, entraron en ese momento.
-perdón por llegar tan tarde, Mayra, un maldito me remolcó el coche y tuve que hablarle a tu tío para que pasara por mí…-su tía se detuvo en seco al ver al invitado, mientras el tío Derek cerraba la puerta.
-¿Mauricio? Qué agradable sorpresa, supongo que es una bendición tenerte cerca cuando mi sobrina pasa tanto tiempo sola-le dijo el tío-ojalá no pasáramos tanto tiempo fuera de casa.
-Mauricio ya se iba, yo lo llamé porque me sentía un poco sola, aquí encerrada en la casa. Pero ya es tarde, seguro que su mamá está preocupada-dijo Mayra, intentando parecer tranquila.
-cierto, ahora mismo llamo a Verónica…-anunció Evelyn, pero Mau la detuvo.
-no hace falta, me voy ahora mismo, ella sabe que estoy aquí.
-bueno, pero déjame llevarte a casa, hubo un horrible accidente ahí por San Joaquín. Hay muchas patrullas y tremendo jaleo.
   Mau ocultó su nerviosismo, igual que Mayra, pero escuchar sobre el accidente le hizo crisparse. Era evidente que no había sido sólo un sueño, el accidente pasó, y todo lo demás también, no le apetecía pasar por ahí, a solas y con el recuerdo de la muerte de aquel hombre, tan reciente. Así que aceptó sin rechistar el ofrecimiento del tío y volvió a su casa, sin voltear a mirar a Mayra ni una sola vez. También era evidente que algo se había roto entre los dos, y se veía imposible arreglarlo.

El 20 de febrero, Mauricio se volvería a reencontrar con sus amigos. No es que no los hubiera vuelto a ver, seguían en la escuela y era natural que se siguieran viendo, pero se había aislado un poco, luego de lo ocurrido con Mayra, la noche del accidente y de una brutal pelea que había tenido con Daniel, se había procurado no salir de la casa, más que para ir a la escuela y uno que otro mandado eventual. Como era obvio, Marina, “su novia”, no cesó de hostigarlo y de intentar hacerlo cumplir con sus deberes de novio. Cosa que a Mauricio no le hacía ni pizca de gracia. Así que, antes de eso, el día posterior a lo sucedido en Río San Joaquín, Marina se coló a la casa de los Silva, aprovechándose de Akima, que la dejó pasar sin saber que no debía hacerlo. Esa tarde, luego de la escuela, Mauricio se había sentado a mirar telenovelas junto Jenny y a su madre, como era habitual, hasta que su padre apareció y se llevó a su esposa con él. Los padres de Mau salieron para hacer las compras de la despensa, entre otras cosas. Entonces, Jenny salió de la casa, sonsacada por Ana, y no se le volvió a ver hasta que regresaron los progenitores. Fernanda no había vuelto de su colegio, por lo que Mauricio y Joaquín quedaron solos en la casa.
   Mau se dio cuenta de esto, y pensó que sería buena idea ir con Akima, le sentaba bien hablar con ella, y desahogarse, pero la japonesa estaba ocupada, ayudando a su abuela a hacer algunas tareas en la casa, labor que la invitada hacía con todo gusto, pues se sentía en deuda con la familia de Mauricio. Así que regresó a su casa a seguir viendo las telenovelas repetidas de Televisa que tanto le gustaban a su mamá (y a él).
   Pocos minutos después de eso, Akima dejó entrar a Marina, inocentemente. La chica pasó hasta la casa de Mau, sin el obstáculo de tocar la puerta, ya que Joaquín se encontraba jugando en el patio.
   Al verla parada en el umbral de la puerta, Mau se sobresaltó y se apresuró a cambiar de canal. De las telenovelas, pasó al canal de ESPN, dónde transmitían la repetición de un partido de alguna liga europea. Marina sonrió con encanto al verlo hacer eso, y sin esperar invitación, entró y se sentó en el sofá a su lado. La muchacha llevaba un vestidito azul turquesa, con tirantitos que le pasaban por la espalda desnuda. Llevaba un bonito moño a juego y zapatos bajos con calcetas largas, que complementaban su outfit.
   Ella se acercó demasiado a él.
-hola, ¿qué estás viendo?
   Mauricio miró la pantalla, no supo qué decir, no reconocía a ninguno de esos equipos.
-fútbol…-dijo él, pero a ella no parecía interesarle la contestación. Le abrazó, y silenció cualquier otra cosa que pudiera decirle, con un beso en la boca.
   Mauricio se apartó como si a ella le apestara la boca, tuviera alguna clase de enfermedad o le hubiera mordido los labios con brutalidad. Lo cierto es que no había motivo para ello. Marina estaba usando un labial con sabor a cerezas, su aliento olía delicioso y sus labios eran suaves y carnosos, sólo un pendejo huiría de algo así. Se dio cuenta muy tarde que ella se había ofendido, pero aun así, no dijo nada. Hubo un momento de tensión.
-¿te gustaría salir un rato o algo?-le preguntó ella.
-no lo sé… es que… no tengo dinero…
-yo sí, vamos al cine.
-pues… estaba viendo el partido y…
-¿sí? ¿y quiénes juegan?
   Mau guardó silencio.
-si no quieres ir al cine, podemos hacer otra cosa, ¿qué quieres hacer?-le tomó de la mano con cariño.
-pues lo que quieras…
-mis papás no están, a lo mejor podríamos ir a mi casa y pasarla ahí… si quieres.
-ya… pero los míos tampoco están y se podrían enojar si salgo sin pedirles permiso.
   “Qué mal pretexto” Pensó Marina, y por alguna razón, Mauricio lo captó.
-no es un pretexto… es que no me siento cómodo con eso, ¿no está Julian en tu casa?
-está, pero ¿eso qué tiene que ver?
-no sé… es que… ¿no se enojará?
-es mi primo, no mi papá, él sabe que eres mi novio y no tiene por qué enojarse-ella le soltó de la mano, y se movió un poco en su lugar, alejándose de él, ahora parecía molesta.
-no te enojes… es que no quiero ser un aprovechado, desearía yo poder invitarte a ti… no al revés.
-eso no me molesta
   “Lo único que quiero es estar contigo”
-está bien, se me antoja ir por un helado
   Ella sonrió. Luego salieron de la casa. Se dirigieron a la heladería de Lago Naur y pidieron dos helados medianos, de chocolate para Marina, y de fresa para Mau. Entonces comenzaron a caminar con dirección a Lago Ginebra, por Lago Erne, mientras caminaban, él no pudo dejar pasar que el chocolate también era el sabor favorito de Mayra.
-¿en serio le gusta tanto a Mayra?-le preguntó ella. Mauricio guardó silencio, sorprendido por las palabras de Marina.
-¿cómo dices?
-lo del chocolate, no sabía que le gustara tanto…
-¿cómo lo supiste?
-lo acabas de mencionar…
   Mau tragó un poco de helado, en lugar de tragarse su propia saliva.
-no sé si te ha pasado… que en ocasiones pareciera que puedes escuchar lo que piensa la otra persona…
   Marina soltó una carcajada delicada y femenina, que a Mauricio le encantó. Ella era tan hermosa que le lastimaba, ¿era normal que una chica así se fijara en él?
-sí-contestó ella-me pasa mucho con Julian, no sé por qué, pero sólo con él… y en ocasiones contigo.
-¿con Daniel te ha pasado?
-algunas veces… sobre todo cuando me está asolando con sus declaraciones de amor.
   Siguieron caminando en silencio y degustando sus helados.
-puedo… ¿me permites hacerte una pregunta?-inquirió Mau.
-dime, amor…
   Mau ignoró esa última palabra suya.
-¿por qué rechazaste a Daniel? Si no lo consideras una pregunta osada.
-pues eres mi novio, no puedo ocultarte nada. Pero no sé porque te interesa, ¿es porque no te habla?
-no, sólo es curiosidad… digo, no soy lo que las chicas de la escuela considerarían, un buen partido.
   Ella comió un poco de su helado, antes de contestar. Ahora se veía seria.
-yo no soy como las otras chavas, Mau. A lo mejor te parece exagerado que yo misma lo diga, pero a mí no me interesan los chicos rebeldes, patanes, que van por la vida con esa actitud de malotes…
   Marina se detuvo, y obligó a Mau a hacerlo también, luego tomó un poco de su helado con su cucharita, y se lo dio al muchacho en la boca.
-la neta es que a mí me gustan los niños dulces, atentos, inteligentes, sensibles…
-pues creo que yo no podría ser catalogado por nada de lo que acabas de decir.
   Ella sonrió y le dio un rápido beso en los labios.
-¿por qué dices eso?
-es que no me considero tan así… ¿Daniel te parece un patán o algo así?
-de hecho… no niego que sea un buen chico, para serte sincera, las veces que salí con él, me la pasé muy bien, es muy atento y eso, pero no es mi tipo, es bastante… rudo, vulgar… además, se junta con mucho pelado de la colonia.
-yo también puedo ser demasiado vulgar y pelado…
-¿sí? Pues lo dudo.
   Ella intentó darle otro beso, pero él la apartó, indicándole con un gesto que necesitaba sacar su inhalador para darse una dosis. Así continuaron caminando, hasta que se detuvieron nuevamente, a la altura de la famosa vecindad, conocida como “La ciudad perdida”, para abreviar, “la CP”
   Mauricio se estremeció cuando Marina se detuvo a mirar la fachada desde la otra acera. Ese sitio era conocido por ser un foco rojo dentro del barrio, un sitio dónde vivían personas de muy bajo nivel social y moral, una ratonera en toda la extensión de la palabra.
-una vez me invitó a una fiesta ahí, en la ciudad perdida…-argumentó Marina, comiendo de su helado y mirando directo a la vecindad.
-¿quién? ¿Daniel?
   Ella asintió.
-ni siquiera en esa fiesta en Cabrera, la noche de las visiones, sentí tanto miedo. Ese lugar es un verdadero nido de ratas-ella rio como si fuera algo divertido. Entonces continuaron caminando, pero escuchar a Marina hablar de aquella lejana noche, le hizo recordar a Mauricio, la visión tenida en el cuartito de Akima. Daniel también le había dicho haberla tenido, y jamás habían tenido tiempo u ocasión para discutirlo. Sin embargo, antes de poder decirle nada, la chica sacó el tema.
   Habían dejado atrás la larga calle y por fin habían salido a Lago Ginebra.
-sí, lo de las visiones se me ha hecho algo difícil de asimilar.
-¿has tenido más?
-yo no… Julian me dijo una vez que había soñado… o quizá tenido una visión, en la que me moría… mejor dicho, en la que la maestra Heidi de español, me atropellaba en la escuela. Tú también la has tenido, ¿verdad?
-algo así… mira, no he tenido la oportunidad, pero he querido hablar de eso contigo… y con los demás, mi amiga, la japonesa que te dejó entrar a mi casa, también la tuvo. Estábamos juntos cuando sucedió.
   Marina lo miró intrigada.
-yo no la tuve… ¿será porque yo era la inmiscuida? De todos modos, ¿a qué crees que se deba eso? ¿tú crees en esas cosas místicas y sobrenaturales?
-no estoy seguro en qué creer y en qué no-dijo él, recordando la otra noche extraña que había presenciado cosas ajenas a la razón.
-¿crees en Dios?
-creo que hay una fuerza extraña, poderosa, no sé si sea tangible o que nos mire desde su palacio en las nubes, pero creo que hay algo.
-¿en fantasmas, duendes y cosas así?
-pues no estoy seguro… creo que nunca he experimentado cosas así… ya sabes, eso de que me asusten. ¿Y tú?
-creo en Dios, y también creo que hay un mundo paralelo al nuestro, en el que no podemos tener una certeza, pero que está ahí. Conviviendo con nosotros. Un mundo sobrenatural.
-¿un más allá?
-puede, o puede ser simplemente otra dimensión. Creo que eso sería, y que esto que nos pasa, le pasa a muchas otras personas alrededor del mundo, sólo que no se dan cuenta.
-mira, Mari… yo lo dudo.
-es lo que creo… verás, por ahí una vez escuché que las personas más jóvenes, los niños y los adolescentes, tienen una especie de sensibilidad a estas cosas, algunos más que otros, pero gracias a eso, pueden percibir esa clase de fenómenos. De ser así, a lo mejor se nos quita conforme maduremos más.
-eso podría ser, si hablamos de que en ocasiones nos leemos la mente… pero no sé si aplicarlo también a las visiones.
-¿por qué? Puede que esas visiones no sean más que sucesos fortuitos que no pasaron ni vayan a pasar.
-entonces ¿dudas de que haya pasado lo que vimos esa noche en casa de Ginger?
-he pensado mucho en eso, y probablemente sólo haya sido una visión de algo que pasó o que pudo pasar o que pudiera pasar. Si tiene algo que ver con la clarividencia, eso de ver el futuro y así, entonces no es algo que sea preciso.
-te entiendo.
   Cruzaron la calle hasta el camellón y ahí tiraron sus vasitos de helado en las papeleras. Mau pensó que podrían seguir hablando de eso, pero entonces, ella le abrazó por la espalda.
-con Daniel no podría tener esta clase de conversaciones, será que por eso me la paso tan a gusto contigo, mi amor…
-no digas eso…
-¿qué?
   Mau pensó en eso de “mi amor” pero rápidamente lo desechó de su mente, no fuera a ser que ella se la leyera.
-digo que él no es un idiota, si eso quieres decir.
-jamás lo diría, es inteligente a su manera, es sólo que él no es muy… versado en muchos temas, sólo eso.
   “Quiero llevarlo a mi casa” Creyó escucharla, pero ella no abrió la boca, luego de decir lo de Daniel.
-tengo una idea loca…-dijo Mau-¿te gustaría intentar leerme la mente, conscientemente?
-¿cómo?
-si es verdad lo que creemos, lo hacemos de manera inconsciente, de vez en cuando pasa porque no sabemos hacerlo, pero ¿si lo practicamos?
   Ella se separó de él y sonrió emocionada.
-¿crees que podríamos desarrollar ese poder? Claro, si lo tuviéramos.
-(después de lo de ayer) No perdemos nada con intentar.
-¿ayer? ¿qué pasó ayer?
-eso lo acabo de pensar… y al parecer me acabas de leer la mente.
   Se miraron inseguros.
-¿qué pasó?
-no sé si deba contártelo, no sé si me creas…
-pues estamos hablando de cosas que nadie nos creería, aunque lo juráramos por Dios.
-es que esto… bueno, va más allá de simples visiones que bien podrían ser alucinaciones…
-olvida las visiones, lo de nuestros pensamientos es más real que eso… (quisiera llevarte a mi casa, en serio lo quiero)
   Mauricio se ofuscó un poco, y casi por inercia, retrocedió unos pasos.
-¿sabes lo que acabo de pensar?
-sí
-bien, pues podríamos practicar en mi casa, ¿no te parece?
-no creo que sea apropiado…
-mis papás tampoco están en casa. Y sólo están Julian y su mamá, si te hace sentir seguro saber eso.
   Sea como fuere, Mauricio se dejó arrastrar por ella, no es que él quisiera, algo en sus piernas, y en su débil voluntad, dejaron que ella le arrastrara hasta su casa en Lago Zumpango.
   Como ella dijo, en la casa sólo estaban Julian y su mamá, aunque Mau no pudo verlos por sí mismo. La casa de Marina era una de las tantas viviendas del Distrito Federal, de esas que podían albergar a varias personas en un hacinamiento considerable y hasta cierto punto, agradable, pues si algo distinguía al capitalino promedio, es que era muy apegado a su familia, probablemente, cosa de vivir muy juntos, como la familia de Mau.
   En este caso, la casa de los Azcárraga no era muy diferente. Julian y su madre utilizaban los dos primeros cuartos de la entrada a la derecha, por lo que al pasar por ahí, Mauricio pudo constatar la presencia de su amigo, aunque mejor dicho, pudo escuchar su presencia, ya que detrás de la puerta cerrada, sonaba un estruendoso heavy metal.
-Julian está escuchando su música de locos-dijo Marina al pasar.
   A la izquierda del pasillo, había un pequeño baño y un cuarto más pequeño, donde dormía la abuela paterna, también ausente en esos momentos. Y al fondo, la cocina y unas escaleras de caracol que llevaban al segundo piso. Ahí estaba una estancia amplia, utilizada como sala, en la que Mauricio recordaba, se había llevado a cabo la fiesta de Marina a la que habían asistido esa noche de la visión. En ese mismo piso, había dos habitaciones más, la de la chica y la de sus padres, además de otro baño.
   Ella le llevó hasta sus aposentos, tomado de la mano como si de un niño pequeño se tratara. Entraron al cuarto, y ella cerró la puerta.
   El cuarto de Marina era espacioso, tenía una cama individual, junto a una cómoda larga, sobre la que tenía su televisión, y algunos cachivaches más. En el otro extremo de la habitación, había un ropero grande, un escritorio con una computadora, un anaquel con cajones, repleto de muñecas y peluches, además de un pequeño librero que fue lo que más llamó la atención de Mauricio. A Marina como a Mayra, les gustaba leer, y mucho.
   El muchacho se acercó hasta el librero, y mientras repasaba los títulos, Marina se encargaba de encender una pequeña grabadora que tenía junto a su computadora. Entonces comenzó a escucharse una canción con ritmo de rock.
-¿te gusta Maná? A mí me encantan…-le dijo ella al ritmo de la canción, “Ángel de Amor” de aquel grupo musical.
   Después de eso, lo volvió a tomar de la mano, obligándolo a dejar de mirar su librero. Lo llevó hasta la cama, en dónde se sentaron, uno frente al otro.
-¿entonces?-inquirió ella, mirándolo con una luz en los ojos.
-¿entonces qué?
-¿no íbamos a hacer un experimento? Aunque también… podríamos hacer otras cosas.
-¿otras cosas?-Mau tuvo la necesidad de sacar su inhalador. Probablemente, el asma sería su mejor aliado en esos momentos, se sentía prisionero y necesitaba escapar de ahí.
-sí… podríamos besarnos… y acariciarnos.
   De momento cambió de parecer. Los besos no estaban mal, sus labios tenían un sabor delicioso, estar cerca de Marina no era algo malo, su olor, su calor, la sensación de su aliento y su lengua, en su boca, eran algo excitante, pero también era algo que quería evitar a toda costa, no se sentía bien haciéndolo, porque él no la quería como ella sí lo hacía. Pero, por otra parte, eso de “acariciarse” sonaba más intrigante… y más deseable, ¿tocar a Marina? ¿tocar a una chica? ¿qué tipo de tocamientos?
-¿acariciarnos? ¿Qué tipo de caricias?
-podrías… acariciar mi pelo… mis mejillas, mi rostro… mis manos, mis brazos… mis piernas…
   Mau estuvo a punto de atragantarse, por la forma en que Marina dijo esto último, y subió sus piernas a la cama, enseñando de más al subírsele el vestido por la forma en que estaba sentada.
   Hubo silencio, el joven Silva la miró de los pies a la cabeza, luego se detuvo en su pecho, en la forma en que sus pequeños senos se marcaban debajo del vestido. Entonces se preguntó si llevaba algo parecido al sujetador, ya que, a juzgar por sus hombros y espalda descubiertas, todo era posible.
-sí, tengo puesto un corpiño pequeño… ¿por qué piensas en eso, Mau? Me haces sentir…-dijo Marina, y se puso muy seria y muy ruborizada.
-¿te hago sentir incómoda? Te pido perdón, seguro piensas que soy un cerdo…
-no, digo que me haces sentir… deseada.
-te quiero tocar los pechos…-dijo sin más el muchacho.
   Esta vez hubo silencio, un poco incómodo, pues ninguno se atrevió a decir nada durante casi medio minuto. Mauricio tuvo que desviar la mirada, porque sabía de alguna forma que la había cagado, esa clase de cosas no se les dicen a las mujeres. Resolvió entonces disculparse y salir rápido de la habitación, sin detenerse ni mirar atrás, si Marina no quería volver a verlo, no pasaba nada, pero al menos se habría disculpado por su asquerosa lujuria. Pero las palabras no afloraban, su lengua parecía de lija en su boca.
-mira… Mari… yo.
-pues adelante, si eso quieres, tócamelos… eres mi novio y no puedo prohibirte nada-ella seguía muy ruborizada, pero en sus ojos se podía captar la firme decisión que tenía. Estaba dispuesta a dejarse manosear, sólo por obtener la aprobación, o el amor de un chico que parecía estar siendo muy distante con ella, y eso le rompió el corazón a Mauricio.
-ardo… ardo en deseos de hacerlo, eres tan, pero tan bonita, Mari, que todo lo que tú me ofreces, creo que es demasiado, no lo merezco, lo merece alguien mejor que yo, y por eso me parece algo malo que quieras ceder ante mí, sólo por eso…
   Ella le miró desconcertada, entonces se puso de pie, y comenzó a hurgar debajo del colchón de la cama. Al reincorporarse, Mauricio fue el que quedó desconcertado ahora.
   La muchacha le arrojó un pequeño objeto, era una especie de empaque cuadrado, de color cromo, con algo redondo en su interior. Mauricio no sabía lo que era, pero no le faltaba intuición.
   Verán, en aquellos tiempos, sobretodo en la educación pública, las secundarias carecían de una cultura sexual extensa. Es decir, la educación en torno a la sexualidad que se daba en las escuelas, podía ser de poca, a nula. Gran parte de lo que sabían los adolescentes mexicanos, era por rumores y pláticas entre ellos. Información que era reforzada por alguno que otro maestro que sentía una responsabilidad ética con ellos, como para hablarles de ciertas cosas, aunque también existían otros a los que les horrorizaba hablar de sexo con los alumnos, igual que a algunos padres con sus hijos. En este caso, sólo en biología habían recibido cierta información, pues esta venía en el libro, con el tema de reproducción humana. Y en ocasiones, la maestra Heidi y el pícaro maestro de historia que tenían, llegaban a tocar estos temas con ellos. Sin embargo, con todo y eso, Mauricio había adquirido conocimientos básicos respecto a la sexualidad, principalmente fuera de casa. Por Fernanda conoció de primera mano cómo eran los pechos femeninos y qué significaba la palabra “masturbación”, Mayra le explicó qué significaban los conceptos de menstruación y eyaculación, mientras que su madre, le había explicado qué era un condón y para qué mierdas servía.
   Así que eso era, lo que Marina le había arrojado a la cama, era un condón. Mauricio lo tomó y lo miró absorto durante unos segundos, Marina había regresado a sentarse en la cama, pero no pudo ver su expresión, era incapaz de mirarla a los ojos.
-no… no puedo, Mari, no es correcto.
-yo sé que no… pero… ¿sabes para qué sirve eso?
   Mau asintió.
-para no tener bebés…-dijo él, como un idiota.
-y para hacer el amor sin culpa…
-yo no sé cómo hacer el amor… yo no sabría cómo hacerte el amor, Marina.
-yo tampoco… pero… pero…
    “Podríamos aprender juntos, podríamos enseñarnos mutuamente, no sé qué más hacer para que me ames”
-no tienes que hacer nada, Marina, no tienes por qué hacer cosas que no quieras, sólo para que un hombre te acepte… yo… yo no lo merezco.
-pero te amo, por eso lo hago, si quiero que me toques y que me tomes, es porque así lo quiero… quiero que me ames como yo te amo… no creas que no sé qué tú quieres a Mayra, que no te la quitas de la cabeza… por eso… por eso, si yo te entregó todo lo que tengo, a lo mejor así terminas amándome como amas a Mayra… quiero que me quieras así.
   Mau la tomó de las manos, previamente se guardó el condón en los bolsillos.
-me gustas mucho, Mari, me encantas, eres tan bonita y me has causado muchos deseos. Quisiera tocarte como me pides, quisiera verte desnuda… no lo niego, tampoco niego que quiero ver qué hay debajo de tu corpiño, porque te deseo, pero… déjame terminar, estoy siendo lo más sincero que puedo… quisiera responderte como me pides… pero no puedo, porque no quiero lastimarte, eres una chava muy linda y súper especial como para hacerte cualquier canallada si cedo a mis impulsos hormonales. Entiéndelo, qué más quisiera yo que poder acostarme contigo… pero para mí, el amor no es sólo deseo, no es sólo calentura.
-¿dices que sólo quiero eso? ¿sexo?
-no, sólo digo que no tienes por qué entregárselo todo al primer imbécil que te diga que te ama… o que creas amar.
-entonces dudas de mi amor… ¿no me quieres?
-te quiero, te quiero mucho, Mari, y ya te dije que me gustas con la misma intensidad… pero no creo poder llegar a amar a nadie como amo a Mayra, quisiera, pero simplemente no puedo.
   Mau se levantó, no supo cuánto tiempo había pasado, pero la canción que había puesto Marina, ya había terminado hace mucho tiempo. Entonces la tomó de las manos, y le dio un beso en la mejilla derecha.
-perdóname por no ser el novio que quieres… quisiera ceder ante eso, pero si sucumbo a mis impulsos, sólo te estaría utilizando, y yo no puedo hacerte eso, porque te quiero y aprecio mucho. Adiós.
   Mau abrió la puerta, y se dirigió a la salida de la casa. Bajó las escaleras de caracol, pero a medio pasillo, Marina le alcanzó. Mau no deseaba ceder, así que hizo caso omiso de sus palabras y abrió la puerta para salir a la calle, pero ella insistió tanto, que terminó tomándolo de los brazos.
   De esa forma, ella le hizo darse la vuelta, mientras él estaba con un pie en la calle.
-¿y si lo intentamos, Mau? ¿Acaso en las telenovelas que ves, no se alcanza el amor mediante confianza, cariño y buenos sentimientos? Perdóname por lo del condón, fue una estupidez de mi parte, pero podemos olvidarlo.
   Mau sacó el condón de nueva cuenta.
-¿sabes en los problemas que te hubieras metido si alguien te encuentra con esto?
   Marina enfureció de repente.
-¡deja eso!-y de un golpe, se lo tiró de las manos, haciéndolo caer en la acera de la calle-ya lo sé, fue una tontería, jamás debí de tomarlo de las cosas de mis papás, pero estoy tan enamorada de ti, que no pensé en lo que hacía, por favor, soy una tonta. Comencemos de nuevo y olvidemos todo lo que tenga que ver con sexo.
-Marina, yo…
-venía a visitarte, pero veo que estás con tu noviecito…-dijo una voz en la calle.
   Mauricio y Marina dejaron su discusión, y salieron de la casa, sorprendidos ante aquella voz. Daniel estaba detrás de ellos, a poca distancia de hecho, montaba en una bicicleta y lucía shorts negros, y una playera del Club América, deslavada y vieja. Mauricio no lo reconoció a primera instancia, pues llevaba una gorra de los Chicago Bulls, y unas gafas oscuras.
-Daniel-dijo Mauricio, fingiendo sorpresa y naturalidad-amigo, si vienes a hablar con Marina, hazlo, que ya me voy…
-no hace falta que me digas lo que tengo qué hacer, marica.
   Mau no se sorprendió ante su hostilidad, pero tuvo un escalofrío.
-¿qué haces aquí, Daniel? Estoy con mi novio, ¿no ves?-le dijo Marina, con total desprecio.
-eso veo, pero vaya noviecito que te cargas, total, que fue mi culpa venir…
-espera, Daniel, tú y yo necesitamos hablar, amigo…
-no soy tu amigo, perro, yo jamás sería amigo de un pendejo chupa vergas como tú. Además de un traidor.
   Mau no supo qué decir.
-pues ya vete, entonces-ordenó Marina, iracunda.
-quería irme, pero la calle es libre y…
   En ese instante, Daniel bajó de la bicicleta y se agachó a recoger algo que había en el suelo. Mauricio casi sufre un espasmo anal cuando Daniel levantó el condón.
-miren, ¿esto no será de ustedes?
-no, sólo tú recoges porquerías de las calle-atajó Marina, pero Mau no se quedó callado.
-es mío, te agradecería que me lo devolvieras…-
   La reacción de Daniel, fue la que se esperaban.
-ah, órale, así que veniste a mojar, ¿verdad, cuatro ojos de mierda? Namás te interesa eso, puto asqueroso, ¿ni siquiera la puedes respetar, culero?
   Daniel dejó caer su bicicleta, se quitó la gorra y los anteojos, y los arrojó con furia a la calle. Mauricio jamás lo había visto tan furioso, algo se había apoderado de él, o había enloquecido, porque ese no era su amigo.
-cálmate, Daniel, no te pongas así, si nos dejas explicarte…-lo intentó Marina, pero Daniel la ignoró categóricamente.
-quítate los lentes, Mau, que te voy a partir tu puta madre y no quiero que digan que les pego a los maricones que usan lentes, ¡órale cabrón!
-para empezar… no vine a hacer eso que piensas, luego, no tienes por qué meterte con mi mamá, ella siempre te ha tratado como un miembro más de la familia, no se lo merece…
-me vale verga qué se merece, me arrepiento de haberte conocido, así que tu puta familia me tiene sin cuidado, ¡quítatelos!
-está bien, si quieres pelear, pues peleemos, sólo prométeme que vamos a hablar cuando te desahogues…-Mau se quitó las gafas, pero nada más hacerlo, Daniel le estrelló su puño derecho en el pómulo izquierdo.
   El muchacho se tambaló, y dejó caer su lentes al suelo debido al impacto. Se intentó reincorporar para sobarse la mejilla. El golpe le había dado en el pómulo, pero se había movido apenas lo suficiente como para que su cachete se llevara todo el impacto. Dolia demasiado, pero podía soportarlo. Marina gritó cuando Daniel volvió al ataque.
-¡cuidado, Mau!
   Se apartó a tiempo, esquivando otro puñetazo de Daniel, gracias a Marina. Entonces decidió que no dejaría irse limpio a su amigo. Ya que mientras Daniel recuperaba el equilibrio luego de golpear el aire, Mauricio aprovechó para empujarlo. Así que el chico cayó de espaldas, jocosamente, pero aquello no hizo más que enojarle. Se levantó con suma agilidad y le conectó un puntapié.
   Mau escapó otra vez, pero al segundo intento, Daniel le propinó una patada en las nalgas, que por fin le hizo perder el equilibrio, cayó de rodillas, y quedó a merced de Daniel.
-¡no, déjalo, no le pegues!-gritaba Marina-¡Julian, Julian, sal por favor, sal!
   Marina se metió en busca de su primo, por lo que no pudo detener a Daniel cuando dejó descender su puño de nuevo sobre el rostro de Mauricio. Este lo miró caer sobre su ojo izquierdo, así, arrodillado, recibió toda la furia de Daniel, todos sus celos, sus preocupaciones y frustraciones. Estaba asustado, porque quizá su mejor amigo le mataría, pero, por otra parte, deseaba que se desahogara. “Qué mejor que conmigo, al menos yo no podré lastimarlo” Pensó mientras caía completamente al suelo. “Sólo que no se le pase la mano”
-¿qué dijiste?-preguntó Daniel, todavía furioso, y dispuesto a patear a Mauricio, así como estaba, tirado e indefenso.
-yo… yo no dije nada-Mau intentó ponerse de pie, pero a duras penas consiguió ponerse de rodillas, el ojo le palpitaba como si estuviera a punto de reventar, le dolía horrores y se le comenzaba a cerrar, además, el puñetazo en la mejilla le había roto algo, pues estaba escupiendo sangre de la boca-yo no dije nada, Daniel… sólo lo pensé. Pudiste leerme el pensamiento, ¿verdad?
   Daniel lo sujetó del cuello de la camisa, y lo miró con rabia, pero también con desconcierto.
-¿qué dices? Déjate de tus mamadas y pelea, cobarde…
-sólo digo que nos podemos leer el pensamiento, porque quizá tengamos una especie de vinculo… tú, yo, Marina, Mayra… todos, ¿sabes por qué? Porque somos amigos, Daniel, porque siempre lo seremos…
-ya te dije que no puedo ser amigo de un perro traidor, me has traicionado y yo que te quería tanto…-Daniel cerró los ojos con suma tristeza, pero al abrirlos, la rabia volvió a ellos. Levantó su puño de nueva cuenta, y lo sostuvo unos segundos sobre la cara de Mau.
-adelante, mátame si quieres, si con eso consigues calmar tu rabia, pero ya no podrás arrepentirte después… sólo quiero decirte que nunca fue mi intención lastimarte, eres como mi hermano y esa nunca fue mi intención…
-¡cállate ya, mierda!
-¡déjalo, bastardo!
   En ese momento, Julian salió de la casa, se arrojó contra Daniel, sujetándolo de las axilas, no obstante, el muchacho seguía violento y no dudó en golpear al inglés también.
   Este intentó esquivarlo, pero apenas fue alcanzado por el puño de Daniel en el mentón, aunque este chico no era como Mau, y no se dejó, así que le devolvió el golpe a Daniel, quien, sorprendido, no le quedó más remedio que retroceder.
   Se llevó las manos al rostro, al retirarlas, se dio cuenta de que tenía un poco de sangre, entonces miró a Julian, sorprendido ante el golpe que le había regresado.
-son un par de traidores… maricones y traidores, Gabriel tiene razón sobre ustedes, par de putos…
-¿traidores?-inquirió Julian-no, Daniel, el traidor eres tú, ese que golpea a sus mejores amigos por pleitos estúpidos, mal amigo, desleal, traidor… eso eres tú.
-Daniel…-gimió Mau.
-pues váyanse a la verga…-tomó su bicicleta, y se alejó pedaleando con furia. No se molestó en tomar su gorra y sus gafas de sol, ni en mirar al apaleado chico que solía ser su mejor amigo.
   Marina corrió a auxiliar a Mauricio, que seguía en el suelo, incapaz de ponerse de pie y con el ojo morado.
-¡rápido, hay que llamar a la Cruz Roja!
-¿cómo te sientes, Mau?-le preguntó Julian, ayudándole a ponerse de pie.
-no es para tanto… pega fuerte, pero no es la gran cosa…-soltó una carcajada y escupió un poco de sangre.
-¿qué haces Julian? Hay que llamar una…
-no, estoy bien-la tranquilizó Mau, sólo necesito sentarme un rato.
-si, Mari, hay que llevarlo adentro.
   Y así lo hicieron, pero mientras lo trasladaba a la cocina, la madre de Julian, Amanda Smith, con su marcado acento británico y su español deficiente, se escandalizó al ver a Mauricio siendo llevado a rastras por su hijo y su sobrina.
-¿qué suceder aquí, niños?
-un salvaje le pegó-explicó Marina, al borde del llanto.
-pero… oh, Mauricio… dejarme hablar a tu madre…
-eso lo empeoraría todo, mamá-dijo Julian.
-no digas eso, Julian, su madre deber saber… mirar, aplicarle algo con… ¿Cómo se dice? ¿yelos? Algo congelado… en su face… no, dejar a mí, traerme el botiquín, Julian-le ordenó su madre.
-sí, le pondremos una bolsa con hielos-asintió Marina.
   Pasaron unos cuantos minutos, poniéndole hielo y pomada, ayudados en gran medida por la madre de Julian, a la que le contaron una mentira sobre lo ocurrido.
-pues ser muy rarou, jamás habernos robado nada por aquí-decía la señora Amanda, luego haber sido engañada con la historia de un supuesto intento de robo a Mauricio, era obvio que ninguno quería acusar a Daniel-¿y cómo ser el asaltante?
-era un tipo normal, de esos que les llaman “chacas”, ya sabe, tía, el típico naquito delincuente del barrio-dijo Marina-jamás lo habíamos visto.
   Julian corroboró la historia, aunque no muy entusiasmado. Después, Amanda Smith les mandó a llevaran a Mauricio al cuarto de su hijo, para que se recostara un rato, en lo que ella le preparaba un poco de té manzanilla. Pero mientras entraban al cuarto de Julian, los tres adolescentes se quedaron petrificados, de repente, la vista se les había nublado al mismo tiempo, y era como si se hubieran transportado a otro lugar, ya no estaban en casa de los Azcárraga, sino que iban como montando en una bicicleta. Veían el manubrio, el asfalto moverse debajo de la llanta, pero no podían mirarse las manos. A Marina se le ocurrió decir algo, que ninguno de los chicos pudo refutar.
-es Daniel…
   Entonces ellos (Daniel) se detenían, dejaban caer violentamente la bici, y luego se dirigían a una puerta que no les era familiar, en una fachada que tampoco lo era. Aun así, cruzaron el umbral, la cerraron tras de sí con la misma violencia y gritaron algo incompresible, pues ellos no escuchaban, sólo miraban.
   Continuaron avanzando, estaban en una salita bien arreglada pero muy modesta, patearon un mueble, quizá una mesita de café o algo así, y entraron a una puerta que les llevó a una habitación decorada con múltiples pósteres del equipo de fútbol América, y de modelos famosas con muy poca ropa. No prestaron atención a nada más, se enfocaron exclusivamente en una especie de cofre o caja, con el escudo de otro equipo de fútbol, que nada tenía que ver con el América.
   Daniel se arrodilló, y del cofre con el escudo del Atlante, que se había robado de la casa de Mauricio, sacó una cajita más pequeña. Esperaron indecisos unos minutos, ¿qué podría pasar? Pues nada, que Daniel sacó de esa otra cajita, un arma de fuego, sí, una jodida pistola de calibre muy pequeño, pero que igual podría servir para el fin con el que fue creada. El matar.
-¡basta, Daniel, deja eso!-chilló Marina, pero él no les podía oír.
   Acto seguido, el muchacho guardó el arma en su pantalón, y luego extrajo una bolsa de plástico con cositas verdes en su interior, eran como ramitas, pero a ninguno de los chicos que les bastó mucha inteligencia para saber que se trataba de hierba.
   Se cortó la visión. De vuelta en la casa de Marina, los tres muchachos no pudieron regresar a la realidad por sí mismos. Lo que habían visto había sido más vívido que lo de esa noche con Ginger.
   Pero el teléfono de la cocina estaba sonando. Marina salió de esa especie de estupor que los había embargado, y se dirigió rápidamente a la cocina, esperando que la señora Amanda no se hubiera ya adelantado a tomar el aparato.
   Mau y Julian se miraron mientras intentaban escuchar lo que pasaba en la cocina. Durante unos segundos angustiantes, guardaron silencio.
-era Rosa…-dijo Marina, notablemente agitada.
-¿qué quería?-preguntó Mau, todavía aturdido.
-preguntó que si lo habíamos visto también…
-¿ver qué?
-¿qué será?-inquirió Marina irónicamente-por favor, ya deberíamos saber que estamos como conectados de alguna forma, les aseguro que el resto del grupo también lo vio… lo que acabamos de ver.
-¿el resto del grupo?, ¿quiénes?-cuestionó Julian.
-pues todos los que estuvimos ese día en casa de Ginger… mira, no es el momento de explicar, si Daniel va hacer algo…
-no lo hará, lo detendremos primero-asintió Mauricio, con la cara hinchada, pero llena de determinación.
   No hubo más charla, así, sin decirle nada a la mamá de Julian, salieron de la casa, aunque primero se encontrarían con Rosa, ya que la chica les había dicho que les avisaría a todos los que pudieran haber tenido la misma visión. Por alguna razón, Marina había convencido a Rosa de lo mismo que les había dicho a su primo y a su novio, esas cosas sobre la extraña “conexión” que tenían.
   “¿También irá Mayra?” Se preguntó Mau, aunque al momento se arrepintió, porque Marina lo escuchó, de alguna forma.
-sí, ella también estaba esa noche. Obvio…
   Habían quedado de reunirse en la calle Laguna de Términos, frente a la estación de Metro San Joaquín, ya que ninguno de los muchachos sabía cómo llegar a la casa de Daniel. Eso sólo era cosa de Mauricio, que, por dichas razones les indicaría el camino.


   Una vez ahí, Mayra los abrazó a todos, excepto a Mauricio. La chica parecía tensa y muy preocupada, ella y Betty habían sido las últimas en llegar. Cosa que aprovechó Mauricio para darle la espalda y comenzar a caminar.
-¿en dónde dicen que vive Daniel?-preguntó Ginger, que parecía igual de consternada que Mayra.
-¿qué te pasó en la cara, Mau?-preguntó Betty, escandalizada.
-eso mismo me estaba preguntando, parece como si la hubiera hecho de costal de boxeo-dijo Ginger.
-nada…  Daniel vive en una calle llamada… Lago Como-dijo Mauricio, alejándose.
   Todos comenzaron a seguirlo.
-¿está lejos?-inquirió Betty con una vocecita, como si estuviera afónica.
-está como a unas… no recuerdo bien, pero es sobre esta acera, a la izquierda…
-son como 8 o 9 calles, más o menos-explicó Ginger, que conocía más mundo que aquellos adolescentes.
-pues está retirado, es antes de llegar a Mariano Escobedo-complementó Akima, también con una vocecita, aunque eso se debía a que no tenía la suficiente confianza con los amigos de Mau.
-¿deberíamos tomar un taxi?, yo lo pago…
-no es necesario, además, no cabríamos-masculló Mauricio sin voltear a verla.
   Pero ella aceleró sus pasos, dando unas largas zancadas para colocarse frente a él. La procesión se obligó a detenerse.
-no es momento de hacer tu santa voluntad-le dijo ella, con un tono que Mauricio no reconoció. Si seguía enojada por lo de la otra noche o lo de la escuela, no podría decirlo, pero había algo diferente en ella.
-no es mi santa voluntad, les estoy guiando hasta donde vive Daniel, y sales con tus estupideces.
-¿estupideces? Sólo recomendé ir en taxi, para llegar más rápido, por si no recuerdas, se trata de la integridad de nuestro amigo, ¿no viste la visión? Nuestros asuntos no deben interferir, si estás enojado conmigo, es tu problema, yo hablo de resolver lo que tenemos entre manos.
-creo que tiene razón-Marina se aproximó a ellos, dándole vía libre al resto del grupo a que también se acercara a escuchar-no podemos perder tiempo caminando tanto, él iba en su bici, y si la visión fue algo que pasó en el momento, entonces puede que ya no esté en su casa… hay que apurarse, Mau.
-como si tuviéramos dinero para pagar un taxi, en todo caso paremos la pesera…
-ya te dije que yo lo pago, deja de estar de necio…
-vaya, tus muestras de derroche esnobista, no dejan de sorprenderme.
-¿qué? Por el amor de Dios, alguien pare un taxi grande.
-yo lo paro-asintió Julian.
   Y así, pese al enojo de Mauricio, todos abordaron un taxi grande de cuatro puertas, y aunque apretujados, lograron llegar pronto a la calle descrita. Sólo que Daniel vivía calle muy adentro, pasando Lago Bolsena, casi hasta la esquina con Lago Trasimeno. Algo que Mayra no dejó pasar.
-si hubiéramos venido caminando, nos hubiéramos tardado más, vive casi dos calles más lejos-dijo ella al bajar del taxi.
-sí, sí, sí, eres nuestra salvadora, no tienes que restregármelo en la cara, señorita ricachona.
-no te restriego nada, deja de estar de gruñón. ¿Cuál es la casa?
-¿gruñón? La que vino con esa actitud de mandona despreciable fuiste tú, pareciera que te levantaste con el pie izquierdo y me quieres echar la culpa de tu jodido mal humor.
-¿mi jodido mal humor?, estoy preocupada por Daniel, que tú te quieras desquitar conmigo por lo de la otra noche con tus groserías es otra cosa, no me culpes por contestar de la misma manera…
-a ver, a ver, parece que comieron gallo, dejen de estar peleándose, necesitamos saber cuál es la casa de Daniel, que es a lo que venimos, no a escuchar sus pleitos de noviecitos cachondos-masculló Ginger.
-ni loca sería novia de este niño inmaduro-espetó Mayra, con un touché significativo.
-sí, eso ya lo sabemos, por eso él me quiere a mí-dijo Marina, aparentemente igual de ardida que Mauricio por las palabras de Mayra, aunque también podrían haber sido las de Ginger, y eso de haber insinuado que Mau y la chica mencionada, eran novios.
   Mayra se volvió a mirar a Marina tras pagar el taxi. Parecía sorprendida e indignada.
-¿y eso a qué vino, Mari?
-¿y eso de que “ni loca” serías su novia? Tampoco vino mucho al caso. ¿menosprecias los sentimientos de Mau? ¿o lo menosprecias como hombre?
-eso no es importante, Mari, no debemos pelear…
-¿dices que Mau no es importante, entonces?
-sacas de contexto mis palabras…
-a ver, niñas, ya, tenemos que ir a la casa de Daniel, ya déjense de mamadas-vociferó Rosa-Mau, ¿cuál es la casa?
   El chico, atontado por la pequeña confrontación entre Mayra y Marina, no supo responder al momento.
-es… es esa de la fachada verde.
-pues órale, vamos-Rosa se puso en marcha, y los demás la siguieron luego de unos segundos. La muchacha no titubeó al ponerse a golpear la puerta.
-despacio, Rosa, no se vaya a enojar su papá-dijo Betty.
-cállate… ¡Daniel, Daniel, abre la pinche puerta de una vez! -gritaba ella mientras golpeaba la puerta-¡abre si no quieres que te rompa tu madre!
-cálmate, no creo que debas decirle eso-protestó Julian.
-¿por qué no? Debe saber que se lo cumpliré si hace alguna pendejada… ¡Daniel!
   Rosa siguió tocando durante un minuto entero, pero nadie respondió adentro. La casa de Daniel era pequeña, con una puerta frontal de hierro forjado, sin detalles ni nada distinguible, sólo era negra y con señales de óxido. También tenía una pequeña ventana al lado, desde dónde Marina se había puesto a mirar, en busca de alguna señal de vida en la casa.
-¿creen que debamos llamar a la policía?-les preguntó Betty. La pobre chica temblaba.
-¡esperen!, creo que acabo de ver algo… como que algo se movía-les informó Marina, entonces todos intentaron pegarse a la ventana.
-¿sabes si él duerme en esta habitación?-le preguntó Mayra a Mauricio.
-¿a quién le preguntas? ¿a mí? ¿te dignas a preguntarme algo a mí?
   Mayra esbozó un cansino y decidió darle por su lado.
-sólo responde la pregunta, deja de ser pesado con ella-ahora fue Marina, cambiando de actitud respecto a Mayra.
-pues no tengo ni puta idea, la única vez que estuve aquí fue hace muchos años, no recuerdo gran cosa-Mau se apartó de sus amigos, quienes estaban amontonados frente a la ventana de la casa. De esa forma, quedó frente a la puerta otra vez. Aunque estaba malhumorado, su expresión cambió radicalmente cuando esta se abrió de repente.
-tienes unos huevotes al atreverte a venir a mi casa-le dijo Daniel.
   El muchacho estaba parado en el umbral de la puerta, iba vestido de la misma forma como le habían visto en casa de Marina, pero ahora llevaba una sudadera gris, sobre el jersey del América, y se había colocado otra gorra en la cabeza. Cargaba una enorme mochila, y del brazo izquierdo, le colgaba una bolsa de plástico semitransparente que contenía algunos frascos y latas, presumiblemente con comida.
   Mauricio no dijo nada al verlo, pero su mirada se trasladó de inmediato al bulto observable en su sudadera, justo en la cadera. El chico no dudó un momento en que aquello fuera el arma que Daniel había sacado de quién sabe dónde.
-vine por el segundo round, Daniel, ¿estás listo?
   Daniel soltó una carcajada.
-eres cabrón lo admito… pero un cabrón payaso.
-¿qué? ¿significa que tú le pegaste?-Mayra lo encaró.
-sí, ¿o qué? ¿creíste que se fue a dar en la madre con tu novio Gabriel? Ni madres, este no hubiera durado ni un minuto con ese güey. Gabriel le trae unas ganas, que seguro lo mata el día que pueda chingarlo. Yo soy muy perdonavidas.
-Gabriel no haría eso-contestó Mayra, dubitativa-pero eso no importa ahora…
-¡huy! Mira, puedo pasarte muchas cosas, pero que le pegues a Mau, cabrón, eso si no te lo perdono, ¡ahora si te la rompo, pinche abusivo!-intervino Rosa, pero antes de que se abalanzara contra Daniel, Julian la detuvo.
-¡cálmate, loca!-la sostuvo el inglés, con notable esfuerzo. Rosa era muy fuerte, pese a ser la más delgada del grupo.
-Sí, era de esperar que se pusieran de parte de este traidor. Por eso me voy para siempre, ya no tengo amigos, la chica que amo me desprecia, mi familia no es lo que yo pensaba…
-¿y a dónde irás?-le preguntó Betty, con ternura y tranquilidad, cosa que desarmó momentáneamente a Daniel.
-pues… no sé, iré a ver a mi jefa a Querétaro… digo, seguro que ella no me acepta, pero mis abuelos a lo mejor sí. El chiste es irme de esta mierda de colonia, lejos de los maricones con los que vivo y los traidores con los que voy a la escuela.
-¿y la pistola y la marihuana para qué son?-ahora, la voz de Marina se dejó oír. Daniel se sorprendió de que ella le estuviera hablando, ella, la chica a la que quería más que cualquier otra cosa en el mundo, pero por la cual, ahora se debatía entre el amor y el odio.
-¿de qué hablas?... ¿cómo sabes eso?
-pues te vimos sacarla del cofre que tomaste de mi casa-dijo Mauricio, e instintivamente retrocedió, esperando una reacción violenta de Daniel.
-¿me vieron? ¿de qué vergas hablan?
-ya, dejemos de darle vueltas al asunto-dijo Ginger-si recuerdas la visión o alucinación o lo que pinches madres haya sido, pues te diré que volvimos a tener otra. En ella, todos te vimos sacar la pistola de un cofre como de madera, también te vimos agarrar una bolsita con marihuana. Sabes que es verdad, no puedes negarlo.
   Daniel vaciló un momento, y luego los miró de manera altanera.
-¿y qué? Les vale madres.
-te equivocas, no nos vale, porque somos tus amigos, lamento si te lastimé por lo de Marina, en verdad lo siento, pero no es mi culpa, ni tampoco de ella, son cosas que pasan, y uno no puede decirle a los demás, de quien enamorarse, ¿me entiendes, amigo? Si me hice novio de Marina, no fue por traición o por calenturiento, simplemente se dio y ya… si tú nos lo permites, los tres podríamos hablar de eso, con más calma y a solas…
-hablas como si me quisieras chamaquear, ya es mi decisión, Mau, no quiero volver a verte, ni a nadie de aquí.
-Daniel, por favor, no hablemos de lo que pasa entre tú, Mau y Marina si no quieres, mejor hablemos de otras cosas, ¿sí? Sentémonos a charlar un rato, porfis, no hagas nada apresuradamente-le pidió Mayra.
-¡ay no!-escucharon gritar a Rosa, y pensaron que ella volvería a cargar contra Daniel, pero esta vez se trataba de otra cosa-¡otra vez no! ¡aquí viene!-entonces cayó de rodillas, pese a estar siendo tomada de las manos por Julian. Y la pesadilla regresó.

   Comenzó como solían comenzar, estuvieron ciegos durante unos segundos, luego pasaron a observar cosas que no estaban ahí o que ni siquiera existían pues no habían pasado aún. Sin embargo, a diferencia de las veces anteriores, ahora no verían un solo suceso.

   Primero se trasladaron hasta una especie de azotea, podían observarse unos lazos o cuerdas con ropa colgada de ellos mediante pinzas de plástico, un tinaco y una vieja antena para captar señal televisiva. El cielo no estaba oscuro, aunque un poco nublado, se podía ver que era de día. Pero lo importante estaba en aquella muchacha que estaba parada frente a una barda de ladrillos viejos que la protegía de caer al vacío. Llevaba una playera vieja color gris, con un logotipo ilegible en el pecho, lo suficientemente larga y holgada para ella como para cubrirle la posible desnudez que tuviera de piernas para abajo, pues no se le vía pantalón alguno y la misma prenda, impedía ver más. No se podía saber si estaba descalza o no, pues la barda también imposibilitaba verla bien.
   Ella estaba cabizbaja, parecía absorta en mirar un libro abierto que estaba sobre la barda, aunque no podían decirlo con exactitud, su mirada parecía perdida y el cigarrillo que tenía en la mano derecha, se estaba consumiendo a tal grado, que le estaba quemando los dedos… pero la mujer no se daba cuenta o no lo sentía. Mauricio pensó que podría estar sometida a alguna clase de visión igual que ellos, porque no reaccionaba. No la reconocieron, pero eso estaba de más, no tuvieron tiempo de siquiera grabarse sus facciones porque rápidamente cambiaron de sitio. Ahora parecían ir viajando a la puerta de acceso a la azotea esa, porque vieron como una vieja puerta de hierro, se abría de par en par, y dejaba pasar a otra chica. A esta sí le pudieron ver bien el rostro. Era hermosa, de ojos claros, quizás verdes o azules, rubia como gringa, y de facciones delicadas. Aquello fue rápido, pero justo antes de esfumarse de ahí, oyeron que la recién llegada, llamaba a la otra muchacha.
   Ahora, dieron un salto abismal, todo era oscuridad, pero podían sentir como si fueran viajando a la velocidad de la luz por el espacio, sentían mucho frío y pequeños destellos de luz se podían ver de vez en vez, como pequeñas y lejanas estrellas.
   Se detuvieron, y pudieron ver un par de sombras, no tenían rostros ni una definición especial, salvo porque una era de un hombre y la otra de una mujer, eso se miraba claro, pero nada más. Y volvieron de nuevo a escabullirse, como montados en un cometa o en una nave interestelar, para volver de nuevo a La Tierra.
   Ahora estaban en una habitación, tenuemente iluminada, no se podía observar gran cosa, mas que a una mujer sentada en una cama matrimonial, quien, al darse la vuelta, fue fácilmente reconocida por los muchachos. Era la maestra Heidi, estaba en camisón, y su rostro hermoso, lucía mortificado por algo, sus ojos vivarachos no eran los de siempre, parecían idos y llenos de una inmensa tristeza. Estaba desaliñada, como si apenas se hubiera levantado. Entonces ella, sacó un objeto de un cajón de su mesita de noche y sin dudarlo apenas, se lo puso en la boca.
   Mau quiso gritar, pero algo se lo impedía, no sólo el hecho de que ninguno de ellos estuviera ahí realmente, era otra cosa, algo desconocido y oscuro. Su corazón entonces se empezó a sentir frío, desolado, intranquilo, parecía haber algo malvado con ellos, algo aterrador, más que la pistola que la maestra se había puesto en la boca.
   Pero la profesora de español no se voló los sesos, luego de unos angustiantes segundos, la retiró de su boca y la puso de nuevo en el cajón. Hizo una mueca y ahora tomó otra cosa, también del cajón. Era una especie de cuadernillo tamaño carta, y se parecía a uno de esos trabajos que ella misma solía pedirles para evaluarles en su clase. Cuando ella lo abrió y acarició el nombre que estaba debajo del título, sonrió y creyeron escucharle decir algo así como: “hoy no, hoy no”
   Todo volvió a cambiar, la imagen de su maestra, desechando la idea de suicidarse, y anhelando algo desconocido con uno de sus alumnos, se difuminó como en un sueño. Aquella fuerza extraña, los trasladó ahora a la escuela secundaria 20 y fue que el miedo de Mauricio, se transformó en un auténtico y desesperado terror.
   Todo porque eso le resultaba familiar, demasiado familiar. Los sucesos que comenzó a observar, eran idénticos a los de la visión que había tenido junto con Akima, esos que terminaban con la muerte de Marina a manos de la mismísima profesora Heidi.
   Sin embargo, había diferente. Al llegar al momento en que Marina salía del baño, todo había cambiado, todo. Ahora no eran tres chicas las que lo hacían, no eran la prima de Julian y sus amigas, sino sólo dos, la hermana menor de Mauricio, Jenny, acompañada de Ana, su prima.
-¡no!-gritó Mauricio, desesperado-¡eso no, no mi Jenny!
   Pero sus gritos fueron en vano, y pasó como en la visión pasada, salvo que ahora Jenny moría atropellada por la maestra de español.
   Todo fue idéntico hasta el final, pero a Mauricio no le importaba qué seguía, tenía que correr a casa a asegurarse de que su hermanita estuviera bien, sin pensar que aquello sólo era un atisbo de realidad y que por obvias razones no podía estar ocurriendo en ese momento.
   So pena, poco pudo hacer, ni cerrando los ojos pudo dejar de ver aquello, ahora la visión les llevó a otro lado. Se alejaron de la escuela, subiendo otra vez hasta el cielo, y luego a la oscuridad total, en dónde algo acechaba.
   No podían verlo, pero de pronto sintieron que algo en las tinieblas los observaba, como si alguien supiera que estaban ahí, en ese espectral sitio. Un miedo atroz de apoderó de todos, no sólo de Mau, y entonces una mole gigantesca apareció delante de ellos, en ese temible e infinito espacio. Era algo negro, grande e indescifrable.
   Una música como de orquesta, también empezó a sonar, no sabían de donde de venía, así como la voz que guturalmente, sonó en sus oídos, acompañada de esa demencial sinfonía.
   “Ustedes dos saben quién soy” “Soy el boogeyman y el ejército de las tinieblas viene” “Ya viene, ya viene” “Cuidado” “Tengan cuidado”
   Luego Betty gritó, y aquella masa negra los devoró en el espacio, aunque poco antes de desvanecerse todo, apareció una máscara blanca, fantasmagórica y maligna. ¿Era un rostro? ¿era un ser demoniaco?
   Mauricio cayó de rodillas, cuando todo terminó. Jadeaba ruidosamente, sofocado por un repentino ataque de asma, pero poco le importaba calmarlo con el inhalador. ¿Qué era lo que habían visto?
-es una visión del mal…-dijo Marina-agitada y con los ojos llorosos-de algo malo que va a pasar, algo muy malo…