XII
La visión del mal.
Mauricio
abrió los ojos. Se encontraba en la cálida sala de alguna casa que, por motivos
extraños, a primera vista no supo reconocer, pese a que ya había estado ahí
muchas otras veces. Se frotó los ojos con insistencia, y entonces la vio.
Mayra estaba sobre él, durmiendo
apaciblemente, su respiración era tranquila y su expresión no denotaba aquel
miedo que sintiera momentos antes… pero ¿antes?, ni siquiera estaba seguro de
qué había pasado. ¿Fue alguna clase de sueño, ¿una pesadilla?
De ser así, entonces la fantasía onírica
continuaba su destellante camino, porque en ese momento, Mayra dormía sobre él,
y podía sentir el hermoso contacto de sus senos bien desarrollados, sus caderas
de adolescente, sus piernas, sus brazos, su cabello que caía en sensuales
cascadas de belleza, que lo embriagaban con su delicioso aroma a manzanas. La
respiración contra su pecho, y el simple hecho de que estuviera gozándola cómo
quizá nunca podría hacerlo en su patética vida.
Se atrevió a acariciar su cabello, y ella se
movió sosegada. Parecía como si estuviera entregándose a él, juntando más su
cuerpo y sus partes más sensibles, privadas. Mauricio luchó por mantener a raya
sus emociones, pero no pudo evitar tener una alegre erección al estar tan cerca
de ella y de su delicioso cuerpo, ¡oh, Mayra!
Ella
se entregó más, incluso sus brazos lo estrecharon durante un instante, y luego
susurró:
-Gabriel…
Gabriel…
Mauricio perdió la erección, perdió los
deseos de seguir así, y perdió las ganas de seguir respirando cuando escuchó a
la muchacha pronunciar aquel puto nombre.
Mauricio se atragantó con su saliva y su
bilis, lleno de rabia y aprensión, quería llorar y maldecir, maldecir a la
vida, maldecirla a ella y al marica de su novio, quería decirle al mundo que le
importaba un jodido escroto lo que pasara de ahora en adelante. Estaba
frustrado. Entonces ella acarició su torso escuálido entre sueños, con una
intensa sensualidad y deseo que fácilmente le hubiera desarmado e instado a
continuar con esa lujuriosa, pero infantil fantasía, de no ser porque ella
volvió a cagarla…
-Gabo…
Gabriel…
Mauricio se apartó furioso, la movió con
cierta delicadeza y así, se liberó del sensual yugo. La miró despertar, apenas
moverse, y en ese momento tuvo unas ganas increíbles de abofetearla y
lastimarla, la muy maldita no tenía ni idea del daño que le había hecho al confundirlo
con ese bastardo hijo de puta.
-¿Dónde…?-balbuceó
la chica.
-¿Dónde
estamos?, ¿o dónde está Gabriel Farías?
Ella se desperezó, y lo miró cómo aturdida
durante unos segundos.
-pues
si es lo primero, te diré que estamos en tu casa… pero si es lo segundo,
lamento decepcionarte, Gabriel “marica” Farías no está aquí, sólo está el tonto
de Mauricio “perdedor” Silva, seguro que estás decepcionada hasta las chanclas.
Ella volvió a bostezar.
-¿Qué
haces en mi casa?
-no
tengo ni puta idea, pero no tienes que correrme, me largo…-Mauricio se levantó
del sofá con brutalidad, dándole un furioso puntapié a uno de los cojines que
se habían caído durante el despertar de los dos adolescentes.
Pero Mayra se levantó a su vez y lo sostuvo
del brazo, suplicante.
-espera,
yo no dije eso… sólo quería saber que pasó.
Mauricio la miró colérico. Por un momento le
pasó por la cabeza, ser grosero una vez más, pero ella tenía algo mejor en
mente, realmente importaba más, el saber lo que les había pasado, que sus
estúpidos problemas amorosos.
-sé
que probablemente te sea más importante seguir discutiendo sobre eso que me
dijiste antes… pero creo que es más importante que sepamos qué acaba de
suceder.
-sí,
está claro que mis sentimientos son una cagada y te da igual joderlos…
-por
favor, Mau, ven-Mayra intentó llevarlo de nuevo al sofá, pero Mauricio se
resistió, no quería sucumbir, como siempre lo hacía, a sus hermosos encantos, a
toda su voluntad-tienes razón, pienso que hay cosas de las que debemos hablar,
pero no en este preciso momento… ósea, sí me porté súper grosera contigo, pero
ahora eso no viene al caso, ¿podrías dejar a un lado tu enojo conmigo y
sentarte a hablar?
Mauricio se apartó un poco más, pero no dijo
nada, odiaba cuando ella tenía razón. ¿Qué clase de pendejo tenía que ser para
darle más importancia a asuntos idiotas como por ejemplo, su corazón enamorado
y malherido?
-sí,
pues mira… ¿qué quieres que te diga? Al parecer acabamos de protagonizar un
episodio de los X-Files. Es la única explicación que le encuentro.
-¿en
serio?, bueno, siéntate…
-no,
aquí estoy bien.
-¿podría
haber sido un sueño, quizá?-Mayra miró el reloj de su teléfono celular-son más de
las diez, me sorprende que mis tíos no hayan llegado. Es decir, sabía que iban
a regresar un poco más tarde, pero no tanto, por eso aproveché para irme con
Gabriel…
-sí,
claro, entonces ¿tu salidita con el puto ese también fue un sueño? A mí me
parecieron muy reales sus asquerosos manoseos.
-¡ya
basta! Me parecie inaudito que nos estuvieras espiando.
-si
hubiera sido sólo un sueño, serías mi novia…
Mayra se puso de pie.
-he
dicho que basta, basta ya, por el amor de Dios…
-¿por
qué? Quiero que sepas que de ahora en adelante, te diré cuanto te amo, jamás me
cansaré de ello…
-eres…
mira, te diré lo que pasa contigo. Dijiste cosas que no debías decir, y que en
verdad no sientes, tan sólo estás traumatizado por el hecho de que me estoy
convirtiendo en una bella mujer, y sientes celos porque crees que te he
relegado a segundo término por culpa de mi novio, Gabriel. Y eso no es cierto,
pero parece que me es imposible hacerte entrar en razón. Si tengo novio, eso no
cambia entre los dos, seguiremos siendo amigos… lo que único que cambia todo,
son tus palabras, tu irracionalidad posesiva, soy tu amiga, no de tu propiedad,
tengo derecho a tener novio, ¿me entiendes? Jamás te abandonaré, y jamás
preferiré a nadie sobre ti, pero estoy enamorada y en eso no puedes influir.
¿Me puedes entender, mi Mau-Mau? Tú no estás enamorado de mí, sólo crees
estarlo porque piensas que así me vas a tener para ti solo… ven, dame un abrazo
y un beso, olvidemos todo y discutamos lo que pasó hoy, ¿sí?
Ella se acercó para abrazarlo, pero Mauricio
la esquivó con desprecio, no pudo evitar cerrar los puños con furia, mientras
la cabeza le ardía caliente, furiosa. No podía creer que lo que estaba
escuchando, ¿ella se había atrevido a desestimar sus palabras y sus
sentimientos?
-si
algo me queda claro, es que te valen verga mis palabras. La verdad es que me
sorprende que hayas sido tanto tiempo mi amiga y aún más, que te ame tanto,
cuando tú eres una miserable, una persona ruin y mierdera…
-¿son
necesarias tantas palabras hirientes? Recuerdo cuando sólo podías tratarme con
cariño y con respeto… ¿y así dices amarme?
-pues
cree lo que quieras, yo dije lo que te tenía que decir. Te amo y no puedo hacer
nada para remediarlo, uno no manda en el corazón…
-no
seas melodramático… además, tú estás con Marina, ¿no?
-Marina
no es mi novia, no la amo, a ella le gusto, pero no puedo amarla como a ti… lo
de la escuela fue por hacerte enojar, pero veo que a ti te importa una mierda.
-pues
verás que sí. Ojalá no te arrepientas un día, por haber roto nuestra amistad,
que no te duela profundamente, como me ha dolido a mí. Tú y yo éramos
inseparables…
Mauricio no pudo decir nada más, porque en
ese momento, la puerta de la casa se abrió de par en par. Evelyn y Derek, los
tíos de Mayra, entraron en ese momento.
-perdón
por llegar tan tarde, Mayra, un maldito me remolcó el coche y tuve que hablarle
a tu tío para que pasara por mí…-su tía se detuvo en seco al ver al invitado,
mientras el tío Derek cerraba la puerta.
-¿Mauricio?
Qué agradable sorpresa, supongo que es una bendición tenerte cerca cuando mi
sobrina pasa tanto tiempo sola-le dijo el tío-ojalá no pasáramos tanto tiempo
fuera de casa.
-Mauricio
ya se iba, yo lo llamé porque me sentía un poco sola, aquí encerrada en la
casa. Pero ya es tarde, seguro que su mamá está preocupada-dijo Mayra,
intentando parecer tranquila.
-cierto,
ahora mismo llamo a Verónica…-anunció Evelyn, pero Mau la detuvo.
-no
hace falta, me voy ahora mismo, ella sabe que estoy aquí.
-bueno,
pero déjame llevarte a casa, hubo un horrible accidente ahí por San Joaquín.
Hay muchas patrullas y tremendo jaleo.
Mau ocultó su nerviosismo, igual que Mayra,
pero escuchar sobre el accidente le hizo crisparse. Era evidente que no había
sido sólo un sueño, el accidente pasó, y todo lo demás también, no le apetecía
pasar por ahí, a solas y con el recuerdo de la muerte de aquel hombre, tan
reciente. Así que aceptó sin rechistar el ofrecimiento del tío y volvió a su
casa, sin voltear a mirar a Mayra ni una sola vez. También era evidente que
algo se había roto entre los dos, y se veía imposible arreglarlo.
El
20 de febrero, Mauricio se volvería a reencontrar con sus amigos. No es que no
los hubiera vuelto a ver, seguían en la escuela y era natural que se siguieran
viendo, pero se había aislado un poco, luego de lo ocurrido con Mayra, la noche
del accidente y de una brutal pelea que había tenido con Daniel, se había
procurado no salir de la casa, más que para ir a la escuela y uno que otro
mandado eventual. Como era obvio, Marina, “su novia”, no cesó de hostigarlo y
de intentar hacerlo cumplir con sus deberes de novio. Cosa que a Mauricio no le
hacía ni pizca de gracia. Así que, antes de eso, el día posterior a lo sucedido
en Río San Joaquín, Marina se coló a la casa de los Silva, aprovechándose de
Akima, que la dejó pasar sin saber que no debía hacerlo. Esa tarde, luego de la
escuela, Mauricio se había sentado a mirar telenovelas junto Jenny y a su
madre, como era habitual, hasta que su padre apareció y se llevó a su esposa
con él. Los padres de Mau salieron para hacer las compras de la despensa, entre
otras cosas. Entonces, Jenny salió de la casa, sonsacada por Ana, y no se le
volvió a ver hasta que regresaron los progenitores. Fernanda no había vuelto de
su colegio, por lo que Mauricio y Joaquín quedaron solos en la casa.
Mau se dio cuenta de esto, y pensó que sería
buena idea ir con Akima, le sentaba bien hablar con ella, y desahogarse, pero
la japonesa estaba ocupada, ayudando a su abuela a hacer algunas tareas en la
casa, labor que la invitada hacía con todo gusto, pues se sentía en deuda con
la familia de Mauricio. Así que regresó a su casa a seguir viendo las
telenovelas repetidas de Televisa que tanto le gustaban a su mamá (y a él).
Pocos minutos después de eso, Akima dejó
entrar a Marina, inocentemente. La chica pasó hasta la casa de Mau, sin el
obstáculo de tocar la puerta, ya que Joaquín se encontraba jugando en el patio.
Al verla parada en el umbral de la puerta,
Mau se sobresaltó y se apresuró a cambiar de canal. De las telenovelas, pasó al
canal de ESPN, dónde transmitían la repetición de un partido de alguna liga
europea. Marina sonrió con encanto al verlo hacer eso, y sin esperar
invitación, entró y se sentó en el sofá a su lado. La muchacha llevaba un
vestidito azul turquesa, con tirantitos que le pasaban por la espalda desnuda.
Llevaba un bonito moño a juego y zapatos bajos con calcetas largas, que
complementaban su outfit.
Ella se acercó demasiado a él.
-hola,
¿qué estás viendo?
Mauricio miró la pantalla, no supo qué
decir, no reconocía a ninguno de esos equipos.
-fútbol…-dijo
él, pero a ella no parecía interesarle la contestación. Le abrazó, y silenció
cualquier otra cosa que pudiera decirle, con un beso en la boca.
Mauricio se apartó como si a ella le
apestara la boca, tuviera alguna clase de enfermedad o le hubiera mordido los
labios con brutalidad. Lo cierto es que no había motivo para ello. Marina
estaba usando un labial con sabor a cerezas, su aliento olía delicioso y sus
labios eran suaves y carnosos, sólo un pendejo huiría de algo así. Se dio
cuenta muy tarde que ella se había ofendido, pero aun así, no dijo nada. Hubo
un momento de tensión.
-¿te
gustaría salir un rato o algo?-le preguntó ella.
-no
lo sé… es que… no tengo dinero…
-yo
sí, vamos al cine.
-pues…
estaba viendo el partido y…
-¿sí?
¿y quiénes juegan?
Mau guardó silencio.
-si
no quieres ir al cine, podemos hacer otra cosa, ¿qué quieres hacer?-le tomó de
la mano con cariño.
-pues
lo que quieras…
-mis
papás no están, a lo mejor podríamos ir a mi casa y pasarla ahí… si quieres.
-ya…
pero los míos tampoco están y se podrían enojar si salgo sin pedirles permiso.
“Qué mal pretexto” Pensó Marina, y por
alguna razón, Mauricio lo captó.
-no
es un pretexto… es que no me siento cómodo con eso, ¿no está Julian en tu casa?
-está,
pero ¿eso qué tiene que ver?
-no
sé… es que… ¿no se enojará?
-es
mi primo, no mi papá, él sabe que eres mi novio y no tiene por qué
enojarse-ella le soltó de la mano, y se movió un poco en su lugar, alejándose
de él, ahora parecía molesta.
-no
te enojes… es que no quiero ser un aprovechado, desearía yo poder invitarte a
ti… no al revés.
-eso
no me molesta
“Lo único que quiero es estar contigo”
-está
bien, se me antoja ir por un helado
Ella sonrió. Luego salieron de la casa. Se
dirigieron a la heladería de Lago Naur y pidieron dos helados medianos, de
chocolate para Marina, y de fresa para Mau. Entonces comenzaron a caminar con
dirección a Lago Ginebra, por Lago Erne, mientras caminaban, él no pudo dejar
pasar que el chocolate también era el sabor favorito de Mayra.
-¿en
serio le gusta tanto a Mayra?-le preguntó ella. Mauricio guardó silencio,
sorprendido por las palabras de Marina.
-¿cómo
dices?
-lo
del chocolate, no sabía que le gustara tanto…
-¿cómo
lo supiste?
-lo
acabas de mencionar…
Mau tragó un poco de helado, en lugar de
tragarse su propia saliva.
-no
sé si te ha pasado… que en ocasiones pareciera que puedes escuchar lo que
piensa la otra persona…
Marina soltó una carcajada delicada y
femenina, que a Mauricio le encantó. Ella era tan hermosa que le lastimaba,
¿era normal que una chica así se fijara en él?
-sí-contestó
ella-me pasa mucho con Julian, no sé por qué, pero sólo con él… y en ocasiones
contigo.
-¿con
Daniel te ha pasado?
-algunas
veces… sobre todo cuando me está asolando con sus declaraciones de amor.
Siguieron caminando en silencio y degustando
sus helados.
-puedo…
¿me permites hacerte una pregunta?-inquirió Mau.
-dime,
amor…
Mau ignoró esa última palabra suya.
-¿por
qué rechazaste a Daniel? Si no lo consideras una pregunta osada.
-pues
eres mi novio, no puedo ocultarte nada. Pero no sé porque te interesa, ¿es
porque no te habla?
-no,
sólo es curiosidad… digo, no soy lo que las chicas de la escuela considerarían,
un buen partido.
Ella comió un poco de su helado, antes de
contestar. Ahora se veía seria.
-yo
no soy como las otras chavas, Mau. A lo mejor te parece exagerado que yo misma
lo diga, pero a mí no me interesan los chicos rebeldes, patanes, que van por la
vida con esa actitud de malotes…
Marina
se detuvo, y obligó a Mau a hacerlo también, luego tomó un poco de su helado
con su cucharita, y se lo dio al muchacho en la boca.
-la
neta es que a mí me gustan los niños dulces, atentos, inteligentes, sensibles…
-pues
creo que yo no podría ser catalogado por nada de lo que acabas de decir.
Ella sonrió y le dio un rápido beso en los
labios.
-¿por
qué dices eso?
-es
que no me considero tan así… ¿Daniel te parece un patán o algo así?
-de
hecho… no niego que sea un buen chico, para serte sincera, las veces que salí
con él, me la pasé muy bien, es muy atento y eso, pero no es mi tipo, es
bastante… rudo, vulgar… además, se junta con mucho pelado de la colonia.
-yo
también puedo ser demasiado vulgar y pelado…
-¿sí?
Pues lo dudo.
Ella intentó darle otro beso, pero él la
apartó, indicándole con un gesto que necesitaba sacar su inhalador para darse
una dosis. Así continuaron caminando, hasta que se detuvieron nuevamente, a la
altura de la famosa vecindad, conocida como “La ciudad perdida”, para abreviar,
“la CP”
Mauricio se estremeció cuando Marina se
detuvo a mirar la fachada desde la otra acera. Ese sitio era conocido por ser
un foco rojo dentro del barrio, un sitio dónde vivían personas de muy bajo
nivel social y moral, una ratonera en toda la extensión de la palabra.
-una
vez me invitó a una fiesta ahí, en la ciudad perdida…-argumentó Marina,
comiendo de su helado y mirando directo a la vecindad.
-¿quién?
¿Daniel?
Ella asintió.
-ni
siquiera en esa fiesta en Cabrera, la noche de las visiones, sentí tanto miedo.
Ese lugar es un verdadero nido de ratas-ella rio como si fuera algo divertido.
Entonces continuaron caminando, pero escuchar a Marina hablar de aquella lejana
noche, le hizo recordar a Mauricio, la visión tenida en el cuartito de Akima.
Daniel también le había dicho haberla tenido, y jamás habían tenido tiempo u
ocasión para discutirlo. Sin embargo, antes de poder decirle nada, la chica
sacó el tema.
Habían dejado atrás la larga calle y por fin
habían salido a Lago Ginebra.
-sí,
lo de las visiones se me ha hecho algo difícil de asimilar.
-¿has
tenido más?
-yo
no… Julian me dijo una vez que había soñado… o quizá tenido una visión, en la
que me moría… mejor dicho, en la que la maestra Heidi de español, me
atropellaba en la escuela. Tú también la has tenido, ¿verdad?
-algo
así… mira, no he tenido la oportunidad, pero he querido hablar de eso contigo…
y con los demás, mi amiga, la japonesa que te dejó entrar a mi casa, también la
tuvo. Estábamos juntos cuando sucedió.
Marina lo miró intrigada.
-yo
no la tuve… ¿será porque yo era la inmiscuida? De todos modos, ¿a qué crees que
se deba eso? ¿tú crees en esas cosas místicas y sobrenaturales?
-no
estoy seguro en qué creer y en qué no-dijo él, recordando la otra noche extraña
que había presenciado cosas ajenas a la razón.
-¿crees
en Dios?
-creo
que hay una fuerza extraña, poderosa, no sé si sea tangible o que nos mire
desde su palacio en las nubes, pero creo que hay algo.
-¿en
fantasmas, duendes y cosas así?
-pues
no estoy seguro… creo que nunca he experimentado cosas así… ya sabes, eso de
que me asusten. ¿Y tú?
-creo
en Dios, y también creo que hay un mundo paralelo al nuestro, en el que no
podemos tener una certeza, pero que está ahí. Conviviendo con nosotros. Un
mundo sobrenatural.
-¿un
más allá?
-puede,
o puede ser simplemente otra dimensión. Creo que eso sería, y que esto que nos
pasa, le pasa a muchas otras personas alrededor del mundo, sólo que no se dan
cuenta.
-mira,
Mari… yo lo dudo.
-es
lo que creo… verás, por ahí una vez escuché que las personas más jóvenes, los
niños y los adolescentes, tienen una especie de sensibilidad a estas cosas,
algunos más que otros, pero gracias a eso, pueden percibir esa clase de
fenómenos. De ser así, a lo mejor se nos quita conforme maduremos más.
-eso
podría ser, si hablamos de que en ocasiones nos leemos la mente… pero no sé si
aplicarlo también a las visiones.
-¿por
qué? Puede que esas visiones no sean más que sucesos fortuitos que no pasaron
ni vayan a pasar.
-entonces
¿dudas de que haya pasado lo que vimos esa noche en casa de Ginger?
-he
pensado mucho en eso, y probablemente sólo haya sido una visión de algo que
pasó o que pudo pasar o que pudiera pasar. Si tiene algo que ver con la
clarividencia, eso de ver el futuro y así, entonces no es algo que sea preciso.
-te
entiendo.
Cruzaron la calle hasta el camellón y ahí
tiraron sus vasitos de helado en las papeleras. Mau pensó que podrían seguir
hablando de eso, pero entonces, ella le abrazó por la espalda.
-con
Daniel no podría tener esta clase de conversaciones, será que por eso me la
paso tan a gusto contigo, mi amor…
-no
digas eso…
-¿qué?
Mau pensó en eso de “mi amor” pero
rápidamente lo desechó de su mente, no fuera a ser que ella se la leyera.
-digo
que él no es un idiota, si eso quieres decir.
-jamás
lo diría, es inteligente a su manera, es sólo que él no es muy… versado en
muchos temas, sólo eso.
“Quiero llevarlo a mi casa” Creyó
escucharla, pero ella no abrió la boca, luego de decir lo de Daniel.
-tengo
una idea loca…-dijo Mau-¿te gustaría intentar leerme la mente, conscientemente?
-¿cómo?
-si
es verdad lo que creemos, lo hacemos de manera inconsciente, de vez en cuando
pasa porque no sabemos hacerlo, pero ¿si lo practicamos?
Ella se separó de él y sonrió emocionada.
-¿crees
que podríamos desarrollar ese poder? Claro, si lo tuviéramos.
-(después
de lo de ayer) No perdemos nada con intentar.
-¿ayer?
¿qué pasó ayer?
-eso
lo acabo de pensar… y al parecer me acabas de leer la mente.
Se miraron inseguros.
-¿qué
pasó?
-no
sé si deba contártelo, no sé si me creas…
-pues
estamos hablando de cosas que nadie nos creería, aunque lo juráramos por Dios.
-es
que esto… bueno, va más allá de simples visiones que bien podrían ser
alucinaciones…
-olvida
las visiones, lo de nuestros pensamientos es más real que eso… (quisiera
llevarte a mi casa, en serio lo quiero)
Mauricio se ofuscó un poco, y casi por
inercia, retrocedió unos pasos.
-¿sabes
lo que acabo de pensar?
-sí
-bien,
pues podríamos practicar en mi casa, ¿no te parece?
-no
creo que sea apropiado…
-mis
papás tampoco están en casa. Y sólo están Julian y su mamá, si te hace sentir
seguro saber eso.
Sea como fuere, Mauricio se dejó arrastrar
por ella, no es que él quisiera, algo en sus piernas, y en su débil voluntad,
dejaron que ella le arrastrara hasta su casa en Lago Zumpango.
Como ella dijo, en la casa sólo estaban
Julian y su mamá, aunque Mau no pudo verlos por sí mismo. La casa de Marina era
una de las tantas viviendas del Distrito Federal, de esas que podían albergar a
varias personas en un hacinamiento considerable y hasta cierto punto,
agradable, pues si algo distinguía al capitalino promedio, es que era muy
apegado a su familia, probablemente, cosa de vivir muy juntos, como la familia
de Mau.
En este caso, la casa de los Azcárraga no
era muy diferente. Julian y su madre utilizaban los dos primeros cuartos de la
entrada a la derecha, por lo que al pasar por ahí, Mauricio pudo constatar la
presencia de su amigo, aunque mejor dicho, pudo escuchar su presencia, ya que
detrás de la puerta cerrada, sonaba un estruendoso heavy metal.
-Julian
está escuchando su música de locos-dijo Marina al pasar.
A la izquierda del pasillo, había un pequeño
baño y un cuarto más pequeño, donde dormía la abuela paterna, también ausente
en esos momentos. Y al fondo, la cocina y unas escaleras de caracol que llevaban
al segundo piso. Ahí estaba una estancia amplia, utilizada como sala, en la que
Mauricio recordaba, se había llevado a cabo la fiesta de Marina a la que habían
asistido esa noche de la visión. En ese mismo piso, había dos habitaciones más,
la de la chica y la de sus padres, además de otro baño.
Ella le llevó hasta sus aposentos, tomado de
la mano como si de un niño pequeño se tratara. Entraron al cuarto, y ella cerró
la puerta.
El cuarto de Marina era espacioso, tenía una
cama individual, junto a una cómoda larga, sobre la que tenía su televisión, y
algunos cachivaches más. En el otro extremo de la habitación, había un ropero
grande, un escritorio con una computadora, un anaquel con cajones, repleto de
muñecas y peluches, además de un pequeño librero que fue lo que más llamó la
atención de Mauricio. A Marina como a Mayra, les gustaba leer, y mucho.
El muchacho se acercó hasta el librero, y
mientras repasaba los títulos, Marina se encargaba de encender una pequeña
grabadora que tenía junto a su computadora. Entonces comenzó a escucharse una
canción con ritmo de rock.
-¿te
gusta Maná? A mí me encantan…-le dijo ella al ritmo de la canción, “Ángel de
Amor” de aquel grupo musical.
Después de eso, lo volvió a tomar de la
mano, obligándolo a dejar de mirar su librero. Lo llevó hasta la cama, en dónde
se sentaron, uno frente al otro.
-¿entonces?-inquirió
ella, mirándolo con una luz en los ojos.
-¿entonces
qué?
-¿no
íbamos a hacer un experimento? Aunque también… podríamos hacer otras cosas.
-¿otras
cosas?-Mau tuvo la necesidad de sacar su inhalador. Probablemente, el asma
sería su mejor aliado en esos momentos, se sentía prisionero y necesitaba
escapar de ahí.
-sí…
podríamos besarnos… y acariciarnos.
De momento cambió de parecer. Los besos no
estaban mal, sus labios tenían un sabor delicioso, estar cerca de Marina no era
algo malo, su olor, su calor, la sensación de su aliento y su lengua, en su
boca, eran algo excitante, pero también era algo que quería evitar a toda
costa, no se sentía bien haciéndolo, porque él no la quería como ella sí lo
hacía. Pero, por otra parte, eso de “acariciarse” sonaba más intrigante… y más
deseable, ¿tocar a Marina? ¿tocar a una chica? ¿qué tipo de tocamientos?
-¿acariciarnos?
¿Qué tipo de caricias?
-podrías…
acariciar mi pelo… mis mejillas, mi rostro… mis manos, mis brazos… mis piernas…
Mau estuvo a punto de atragantarse, por la
forma en que Marina dijo esto último, y subió sus piernas a la cama, enseñando
de más al subírsele el vestido por la forma en que estaba sentada.
Hubo silencio, el joven Silva la miró de los
pies a la cabeza, luego se detuvo en su pecho, en la forma en que sus pequeños
senos se marcaban debajo del vestido. Entonces se preguntó si llevaba algo
parecido al sujetador, ya que, a juzgar por sus hombros y espalda descubiertas,
todo era posible.
-sí,
tengo puesto un corpiño pequeño… ¿por qué piensas en eso, Mau? Me haces
sentir…-dijo Marina, y se puso muy seria y muy ruborizada.
-¿te
hago sentir incómoda? Te pido perdón, seguro piensas que soy un cerdo…
-no,
digo que me haces sentir… deseada.
-te
quiero tocar los pechos…-dijo sin más el muchacho.
Esta vez hubo silencio, un poco incómodo,
pues ninguno se atrevió a decir nada durante casi medio minuto. Mauricio tuvo
que desviar la mirada, porque sabía de alguna forma que la había cagado, esa
clase de cosas no se les dicen a las mujeres. Resolvió entonces disculparse y
salir rápido de la habitación, sin detenerse ni mirar atrás, si Marina no
quería volver a verlo, no pasaba nada, pero al menos se habría disculpado por
su asquerosa lujuria. Pero las palabras no afloraban, su lengua parecía de lija
en su boca.
-mira…
Mari… yo.
-pues
adelante, si eso quieres, tócamelos… eres mi novio y no puedo prohibirte
nada-ella seguía muy ruborizada, pero en sus ojos se podía captar la firme
decisión que tenía. Estaba dispuesta a dejarse manosear, sólo por obtener la
aprobación, o el amor de un chico que parecía estar siendo muy distante con
ella, y eso le rompió el corazón a Mauricio.
-ardo…
ardo en deseos de hacerlo, eres tan, pero tan bonita, Mari, que todo lo que tú
me ofreces, creo que es demasiado, no lo merezco, lo merece alguien mejor que
yo, y por eso me parece algo malo que quieras ceder ante mí, sólo por eso…
Ella le miró desconcertada, entonces se puso
de pie, y comenzó a hurgar debajo del colchón de la cama. Al reincorporarse,
Mauricio fue el que quedó desconcertado ahora.
La muchacha le arrojó un pequeño objeto, era
una especie de empaque cuadrado, de color cromo, con algo redondo en su
interior. Mauricio no sabía lo que era, pero no le faltaba intuición.
Verán, en aquellos tiempos, sobretodo en la
educación pública, las secundarias carecían de una cultura sexual extensa. Es
decir, la educación en torno a la sexualidad que se daba en las escuelas, podía
ser de poca, a nula. Gran parte de lo que sabían los adolescentes mexicanos,
era por rumores y pláticas entre ellos. Información que era reforzada por
alguno que otro maestro que sentía una responsabilidad ética con ellos, como
para hablarles de ciertas cosas, aunque también existían otros a los que les
horrorizaba hablar de sexo con los alumnos, igual que a algunos padres con sus
hijos. En este caso, sólo en biología habían recibido cierta información, pues
esta venía en el libro, con el tema de reproducción humana. Y en ocasiones, la
maestra Heidi y el pícaro maestro de historia que tenían, llegaban a tocar
estos temas con ellos. Sin embargo, con todo y eso, Mauricio había adquirido
conocimientos básicos respecto a la sexualidad, principalmente fuera de casa.
Por Fernanda conoció de primera mano cómo eran los pechos femeninos y qué
significaba la palabra “masturbación”, Mayra le explicó qué significaban los
conceptos de menstruación y eyaculación, mientras que su madre, le había
explicado qué era un condón y para qué mierdas servía.
Así que eso era, lo que Marina le había
arrojado a la cama, era un condón. Mauricio lo tomó y lo miró absorto durante
unos segundos, Marina había regresado a sentarse en la cama, pero no pudo ver
su expresión, era incapaz de mirarla a los ojos.
-no…
no puedo, Mari, no es correcto.
-yo
sé que no… pero… ¿sabes para qué sirve eso?
Mau asintió.
-para
no tener bebés…-dijo él, como un idiota.
-y
para hacer el amor sin culpa…
-yo
no sé cómo hacer el amor… yo no sabría cómo hacerte el amor, Marina.
-yo
tampoco… pero… pero…
“Podríamos aprender juntos, podríamos
enseñarnos mutuamente, no sé qué más hacer para que me ames”
-no
tienes que hacer nada, Marina, no tienes por qué hacer cosas que no quieras,
sólo para que un hombre te acepte… yo… yo no lo merezco.
-pero
te amo, por eso lo hago, si quiero que me toques y que me tomes, es porque así
lo quiero… quiero que me ames como yo te amo… no creas que no sé qué tú quieres
a Mayra, que no te la quitas de la cabeza… por eso… por eso, si yo te entregó
todo lo que tengo, a lo mejor así terminas amándome como amas a Mayra… quiero
que me quieras así.
Mau la tomó de las manos, previamente se
guardó el condón en los bolsillos.
-me
gustas mucho, Mari, me encantas, eres tan bonita y me has causado muchos
deseos. Quisiera tocarte como me pides, quisiera verte desnuda… no lo niego,
tampoco niego que quiero ver qué hay debajo de tu corpiño, porque te deseo,
pero… déjame terminar, estoy siendo lo más sincero que puedo… quisiera
responderte como me pides… pero no puedo, porque no quiero lastimarte, eres una
chava muy linda y súper especial como para hacerte cualquier canallada si cedo
a mis impulsos hormonales. Entiéndelo, qué más quisiera yo que poder acostarme
contigo… pero para mí, el amor no es sólo deseo, no es sólo calentura.
-¿dices
que sólo quiero eso? ¿sexo?
-no,
sólo digo que no tienes por qué entregárselo todo al primer imbécil que te diga
que te ama… o que creas amar.
-entonces
dudas de mi amor… ¿no me quieres?
-te
quiero, te quiero mucho, Mari, y ya te dije que me gustas con la misma
intensidad… pero no creo poder llegar a amar a nadie como amo a Mayra,
quisiera, pero simplemente no puedo.
Mau se levantó, no supo cuánto tiempo había
pasado, pero la canción que había puesto Marina, ya había terminado hace mucho
tiempo. Entonces la tomó de las manos, y le dio un beso en la mejilla derecha.
-perdóname
por no ser el novio que quieres… quisiera ceder ante eso, pero si sucumbo a mis
impulsos, sólo te estaría utilizando, y yo no puedo hacerte eso, porque te
quiero y aprecio mucho. Adiós.
Mau abrió la puerta, y se dirigió a la
salida de la casa. Bajó las escaleras de caracol, pero a medio pasillo, Marina
le alcanzó. Mau no deseaba ceder, así que hizo caso omiso de sus palabras y
abrió la puerta para salir a la calle, pero ella insistió tanto, que terminó
tomándolo de los brazos.
De esa forma, ella le hizo darse la vuelta,
mientras él estaba con un pie en la calle.
-¿y
si lo intentamos, Mau? ¿Acaso en las telenovelas que ves, no se alcanza el amor
mediante confianza, cariño y buenos sentimientos? Perdóname por lo del condón,
fue una estupidez de mi parte, pero podemos olvidarlo.
Mau sacó el condón de nueva cuenta.
-¿sabes
en los problemas que te hubieras metido si alguien te encuentra con esto?
Marina enfureció de repente.
-¡deja
eso!-y de un golpe, se lo tiró de las manos, haciéndolo caer en la acera de la
calle-ya lo sé, fue una tontería, jamás debí de tomarlo de las cosas de mis
papás, pero estoy tan enamorada de ti, que no pensé en lo que hacía, por favor,
soy una tonta. Comencemos de nuevo y olvidemos todo lo que tenga que ver con
sexo.
-Marina,
yo…
-venía
a visitarte, pero veo que estás con tu noviecito…-dijo una voz en la calle.
Mauricio y Marina dejaron su discusión, y
salieron de la casa, sorprendidos ante aquella voz. Daniel estaba detrás de
ellos, a poca distancia de hecho, montaba en una bicicleta y lucía shorts
negros, y una playera del Club América, deslavada y vieja. Mauricio no lo
reconoció a primera instancia, pues llevaba una gorra de los Chicago Bulls, y
unas gafas oscuras.
-Daniel-dijo
Mauricio, fingiendo sorpresa y naturalidad-amigo, si vienes a hablar con
Marina, hazlo, que ya me voy…
-no
hace falta que me digas lo que tengo qué hacer, marica.
Mau no se sorprendió ante su hostilidad,
pero tuvo un escalofrío.
-¿qué
haces aquí, Daniel? Estoy con mi novio, ¿no ves?-le dijo Marina, con total
desprecio.
-eso
veo, pero vaya noviecito que te cargas, total, que fue mi culpa venir…
-espera,
Daniel, tú y yo necesitamos hablar, amigo…
-no
soy tu amigo, perro, yo jamás sería amigo de un pendejo chupa vergas como tú.
Además de un traidor.
Mau no supo qué decir.
-pues
ya vete, entonces-ordenó Marina, iracunda.
-quería
irme, pero la calle es libre y…
En ese instante, Daniel bajó de la bicicleta
y se agachó a recoger algo que había en el suelo. Mauricio casi sufre un
espasmo anal cuando Daniel levantó el condón.
-miren,
¿esto no será de ustedes?
-no,
sólo tú recoges porquerías de las calle-atajó Marina, pero Mau no se quedó
callado.
-es
mío, te agradecería que me lo devolvieras…-
La reacción de Daniel, fue la que se
esperaban.
-ah,
órale, así que veniste a mojar,
¿verdad, cuatro ojos de mierda? Namás
te interesa eso, puto asqueroso, ¿ni siquiera la puedes respetar, culero?
Daniel dejó caer su bicicleta, se quitó la
gorra y los anteojos, y los arrojó con furia a la calle. Mauricio jamás lo
había visto tan furioso, algo se había apoderado de él, o había enloquecido,
porque ese no era su amigo.
-cálmate,
Daniel, no te pongas así, si nos dejas explicarte…-lo intentó Marina, pero
Daniel la ignoró categóricamente.
-quítate
los lentes, Mau, que te voy a partir tu puta madre y no quiero que digan que
les pego a los maricones que usan lentes, ¡órale cabrón!
-para
empezar… no vine a hacer eso que piensas, luego, no tienes por qué meterte con
mi mamá, ella siempre te ha tratado como un miembro más de la familia, no se lo
merece…
-me
vale verga qué se merece, me arrepiento de haberte conocido, así que tu puta
familia me tiene sin cuidado, ¡quítatelos!
-está
bien, si quieres pelear, pues peleemos, sólo prométeme que vamos a hablar
cuando te desahogues…-Mau se quitó las gafas, pero nada más hacerlo, Daniel le
estrelló su puño derecho en el pómulo izquierdo.
El muchacho se tambaló, y dejó caer su
lentes al suelo debido al impacto. Se intentó reincorporar para sobarse la
mejilla. El golpe le había dado en el pómulo, pero se había movido apenas lo
suficiente como para que su cachete se llevara todo el impacto. Dolia
demasiado, pero podía soportarlo. Marina gritó cuando Daniel volvió al ataque.
-¡cuidado,
Mau!
Se apartó a tiempo, esquivando otro puñetazo
de Daniel, gracias a Marina. Entonces decidió que no dejaría irse limpio a su
amigo. Ya que mientras Daniel recuperaba el equilibrio luego de golpear el
aire, Mauricio aprovechó para empujarlo. Así que el chico cayó de espaldas, jocosamente,
pero aquello no hizo más que enojarle. Se levantó con suma agilidad y le
conectó un puntapié.
Mau escapó otra vez, pero al segundo
intento, Daniel le propinó una patada en las nalgas, que por fin le hizo perder
el equilibrio, cayó de rodillas, y quedó a merced de Daniel.
-¡no,
déjalo, no le pegues!-gritaba Marina-¡Julian, Julian, sal por favor, sal!
Marina se metió en busca de su primo, por lo
que no pudo detener a Daniel cuando dejó descender su puño de nuevo sobre el
rostro de Mauricio. Este lo miró caer sobre su ojo izquierdo, así, arrodillado,
recibió toda la furia de Daniel, todos sus celos, sus preocupaciones y
frustraciones. Estaba asustado, porque quizá su mejor amigo le mataría, pero,
por otra parte, deseaba que se desahogara. “Qué mejor que conmigo, al menos yo
no podré lastimarlo” Pensó mientras caía completamente al suelo. “Sólo que no
se le pase la mano”
-¿qué
dijiste?-preguntó Daniel, todavía furioso, y dispuesto a patear a Mauricio, así
como estaba, tirado e indefenso.
-yo…
yo no dije nada-Mau intentó ponerse de pie, pero a duras penas consiguió ponerse
de rodillas, el ojo le palpitaba como si estuviera a punto de reventar, le
dolía horrores y se le comenzaba a cerrar, además, el puñetazo en la mejilla le
había roto algo, pues estaba escupiendo sangre de la boca-yo no dije nada,
Daniel… sólo lo pensé. Pudiste leerme el pensamiento, ¿verdad?
Daniel lo sujetó del cuello de la camisa, y
lo miró con rabia, pero también con desconcierto.
-¿qué
dices? Déjate de tus mamadas y pelea, cobarde…
-sólo
digo que nos podemos leer el pensamiento, porque quizá tengamos una especie de
vinculo… tú, yo, Marina, Mayra… todos, ¿sabes por qué? Porque somos amigos,
Daniel, porque siempre lo seremos…
-ya
te dije que no puedo ser amigo de un perro traidor, me has traicionado y yo que
te quería tanto…-Daniel cerró los ojos con suma tristeza, pero al abrirlos, la
rabia volvió a ellos. Levantó su puño de nueva cuenta, y lo sostuvo unos
segundos sobre la cara de Mau.
-adelante,
mátame si quieres, si con eso consigues calmar tu rabia, pero ya no podrás
arrepentirte después… sólo quiero decirte que nunca fue mi intención
lastimarte, eres como mi hermano y esa nunca fue mi intención…
-¡cállate
ya, mierda!
-¡déjalo,
bastardo!
En ese momento, Julian salió de la casa, se
arrojó contra Daniel, sujetándolo de las axilas, no obstante, el muchacho
seguía violento y no dudó en golpear al inglés también.
Este intentó esquivarlo, pero apenas fue
alcanzado por el puño de Daniel en el mentón, aunque este chico no era como
Mau, y no se dejó, así que le devolvió el golpe a Daniel, quien, sorprendido,
no le quedó más remedio que retroceder.
Se llevó las manos al rostro, al retirarlas,
se dio cuenta de que tenía un poco de sangre, entonces miró a Julian,
sorprendido ante el golpe que le había regresado.
-son
un par de traidores… maricones y traidores, Gabriel tiene razón sobre ustedes,
par de putos…
-¿traidores?-inquirió
Julian-no, Daniel, el traidor eres tú, ese que golpea a sus mejores amigos por
pleitos estúpidos, mal amigo, desleal, traidor… eso eres tú.
-Daniel…-gimió
Mau.
-pues
váyanse a la verga…-tomó su bicicleta, y se alejó pedaleando con furia. No se
molestó en tomar su gorra y sus gafas de sol, ni en mirar al apaleado chico que
solía ser su mejor amigo.
Marina corrió a auxiliar a Mauricio, que
seguía en el suelo, incapaz de ponerse de pie y con el ojo morado.
-¡rápido,
hay que llamar a la Cruz Roja!
-¿cómo
te sientes, Mau?-le preguntó Julian, ayudándole a ponerse de pie.
-no
es para tanto… pega fuerte, pero no es la gran cosa…-soltó una carcajada y
escupió un poco de sangre.
-¿qué
haces Julian? Hay que llamar una…
-no,
estoy bien-la tranquilizó Mau, sólo necesito sentarme un rato.
-si,
Mari, hay que llevarlo adentro.
Y así lo hicieron, pero mientras lo
trasladaba a la cocina, la madre de Julian, Amanda Smith, con su marcado acento
británico y su español deficiente, se escandalizó al ver a Mauricio siendo
llevado a rastras por su hijo y su sobrina.
-¿qué
suceder aquí, niños?
-un
salvaje le pegó-explicó Marina, al borde del llanto.
-pero…
oh, Mauricio… dejarme hablar a tu madre…
-eso
lo empeoraría todo, mamá-dijo Julian.
-no
digas eso, Julian, su madre deber saber… mirar, aplicarle algo con… ¿Cómo se
dice? ¿yelos? Algo congelado… en su face… no, dejar a mí, traerme el botiquín,
Julian-le ordenó su madre.
-sí,
le pondremos una bolsa con hielos-asintió Marina.
Pasaron unos cuantos minutos, poniéndole
hielo y pomada, ayudados en gran medida por la madre de Julian, a la que le
contaron una mentira sobre lo ocurrido.
-pues
ser muy rarou, jamás habernos robado nada por aquí-decía la señora Amanda,
luego haber sido engañada con la historia de un supuesto intento de robo a
Mauricio, era obvio que ninguno quería acusar a Daniel-¿y cómo ser el
asaltante?
-era
un tipo normal, de esos que les llaman “chacas”, ya sabe, tía, el típico
naquito delincuente del barrio-dijo Marina-jamás lo habíamos visto.
Julian corroboró la historia, aunque no muy
entusiasmado. Después, Amanda Smith les mandó a llevaran a Mauricio al cuarto
de su hijo, para que se recostara un rato, en lo que ella le preparaba un poco
de té manzanilla. Pero mientras entraban al cuarto de Julian, los tres
adolescentes se quedaron petrificados, de repente, la vista se les había
nublado al mismo tiempo, y era como si se hubieran transportado a otro lugar,
ya no estaban en casa de los Azcárraga, sino que iban como montando en una
bicicleta. Veían el manubrio, el asfalto moverse debajo de la llanta, pero no
podían mirarse las manos. A Marina se le ocurrió decir algo, que ninguno de los
chicos pudo refutar.
-es
Daniel…
Entonces ellos (Daniel) se detenían, dejaban
caer violentamente la bici, y luego se dirigían a una puerta que no les era
familiar, en una fachada que tampoco lo era. Aun así, cruzaron el umbral, la
cerraron tras de sí con la misma violencia y gritaron algo incompresible, pues
ellos no escuchaban, sólo miraban.
Continuaron avanzando, estaban en una salita
bien arreglada pero muy modesta, patearon un mueble, quizá una mesita de café o
algo así, y entraron a una puerta que les llevó a una habitación decorada con
múltiples pósteres del equipo de fútbol América, y de modelos famosas con muy
poca ropa. No prestaron atención a nada más, se enfocaron exclusivamente en una
especie de cofre o caja, con el escudo de otro equipo de fútbol, que nada tenía
que ver con el América.
Daniel se arrodilló, y del cofre con el
escudo del Atlante, que se había robado de la casa de Mauricio, sacó una cajita
más pequeña. Esperaron indecisos unos minutos, ¿qué podría pasar? Pues nada,
que Daniel sacó de esa otra cajita, un arma de fuego, sí, una jodida pistola de
calibre muy pequeño, pero que igual podría servir para el fin con el que fue
creada. El matar.
-¡basta,
Daniel, deja eso!-chilló Marina, pero él no les podía oír.
Acto seguido, el muchacho guardó el arma en
su pantalón, y luego extrajo una bolsa de plástico con cositas verdes en su
interior, eran como ramitas, pero a ninguno de los chicos que les bastó mucha
inteligencia para saber que se trataba de hierba.
Se cortó la visión. De vuelta en la casa de
Marina, los tres muchachos no pudieron regresar a la realidad por sí mismos. Lo
que habían visto había sido más vívido que lo de esa noche con Ginger.
Pero el teléfono de la cocina estaba
sonando. Marina salió de esa especie de estupor que los había embargado, y se
dirigió rápidamente a la cocina, esperando que la señora Amanda no se hubiera ya
adelantado a tomar el aparato.
Mau y Julian se miraron mientras intentaban
escuchar lo que pasaba en la cocina. Durante unos segundos angustiantes,
guardaron silencio.
-era
Rosa…-dijo Marina, notablemente agitada.
-¿qué
quería?-preguntó Mau, todavía aturdido.
-preguntó
que si lo habíamos visto también…
-¿ver
qué?
-¿qué
será?-inquirió Marina irónicamente-por favor, ya deberíamos saber que estamos
como conectados de alguna forma, les aseguro que el resto del grupo también lo
vio… lo que acabamos de ver.
-¿el
resto del grupo?, ¿quiénes?-cuestionó Julian.
-pues
todos los que estuvimos ese día en casa de Ginger… mira, no es el momento de
explicar, si Daniel va hacer algo…
-no
lo hará, lo detendremos primero-asintió Mauricio, con la cara hinchada, pero
llena de determinación.
No hubo más charla, así, sin decirle nada a
la mamá de Julian, salieron de la casa, aunque primero se encontrarían con
Rosa, ya que la chica les había dicho que les avisaría a todos los que pudieran
haber tenido la misma visión. Por alguna razón, Marina había convencido a Rosa
de lo mismo que les había dicho a su primo y a su novio, esas cosas sobre la
extraña “conexión” que tenían.
“¿También irá Mayra?” Se preguntó Mau, aunque
al momento se arrepintió, porque Marina lo escuchó, de alguna forma.
-sí,
ella también estaba esa noche. Obvio…
Habían quedado de reunirse en la calle
Laguna de Términos, frente a la estación de Metro San Joaquín, ya que ninguno
de los muchachos sabía cómo llegar a la casa de Daniel. Eso sólo era cosa de
Mauricio, que, por dichas razones les indicaría el camino.
Una
vez ahí, Mayra los abrazó a todos, excepto a Mauricio. La chica parecía tensa y
muy preocupada, ella y Betty habían sido las últimas en llegar. Cosa que
aprovechó Mauricio para darle la espalda y comenzar a caminar.
-¿en
dónde dicen que vive Daniel?-preguntó Ginger, que parecía igual de consternada
que Mayra.
-¿qué
te pasó en la cara, Mau?-preguntó Betty, escandalizada.
-eso
mismo me estaba preguntando, parece como si la hubiera hecho de costal de
boxeo-dijo Ginger.
-nada… Daniel vive en una calle llamada… Lago
Como-dijo Mauricio, alejándose.
Todos comenzaron a seguirlo.
-¿está
lejos?-inquirió Betty con una vocecita, como si estuviera afónica.
-está
como a unas… no recuerdo bien, pero es sobre esta acera, a la izquierda…
-son
como 8 o 9 calles, más o menos-explicó Ginger, que conocía más mundo que
aquellos adolescentes.
-pues
está retirado, es antes de llegar a Mariano Escobedo-complementó Akima, también
con una vocecita, aunque eso se debía a que no tenía la suficiente confianza
con los amigos de Mau.
-¿deberíamos
tomar un taxi?, yo lo pago…
-no
es necesario, además, no cabríamos-masculló Mauricio sin voltear a verla.
Pero ella aceleró sus pasos, dando unas
largas zancadas para colocarse frente a él. La procesión se obligó a detenerse.
-no
es momento de hacer tu santa voluntad-le dijo ella, con un tono que Mauricio no
reconoció. Si seguía enojada por lo de la otra noche o lo de la escuela, no
podría decirlo, pero había algo diferente en ella.
-no
es mi santa voluntad, les estoy guiando hasta donde vive Daniel, y sales con
tus estupideces.
-¿estupideces?
Sólo recomendé ir en taxi, para llegar más rápido, por si no recuerdas, se
trata de la integridad de nuestro amigo, ¿no viste la visión? Nuestros asuntos
no deben interferir, si estás enojado conmigo, es tu problema, yo hablo de
resolver lo que tenemos entre manos.
-creo
que tiene razón-Marina se aproximó a ellos, dándole vía libre al resto del
grupo a que también se acercara a escuchar-no podemos perder tiempo caminando
tanto, él iba en su bici, y si la visión fue algo que pasó en el momento,
entonces puede que ya no esté en su casa… hay que apurarse, Mau.
-como
si tuviéramos dinero para pagar un taxi, en todo caso paremos la pesera…
-ya
te dije que yo lo pago, deja de estar de necio…
-vaya,
tus muestras de derroche esnobista, no dejan de sorprenderme.
-¿qué?
Por el amor de Dios, alguien pare un taxi grande.
-yo
lo paro-asintió Julian.
Y así, pese al enojo de Mauricio, todos
abordaron un taxi grande de cuatro puertas, y aunque apretujados, lograron llegar
pronto a la calle descrita. Sólo que Daniel vivía calle muy adentro, pasando
Lago Bolsena, casi hasta la esquina con Lago Trasimeno. Algo que Mayra no dejó
pasar.
-si
hubiéramos venido caminando, nos hubiéramos tardado más, vive casi dos calles
más lejos-dijo ella al bajar del taxi.
-sí,
sí, sí, eres nuestra salvadora, no tienes que restregármelo en la cara,
señorita ricachona.
-no
te restriego nada, deja de estar de gruñón. ¿Cuál es la casa?
-¿gruñón?
La que vino con esa actitud de mandona despreciable fuiste tú, pareciera que te
levantaste con el pie izquierdo y me quieres echar la culpa de tu jodido mal
humor.
-¿mi
jodido mal humor?, estoy preocupada por Daniel, que tú te quieras desquitar
conmigo por lo de la otra noche con tus groserías es otra cosa, no me culpes
por contestar de la misma manera…
-a
ver, a ver, parece que comieron gallo, dejen de estar peleándose, necesitamos
saber cuál es la casa de Daniel, que es a lo que venimos, no a escuchar sus
pleitos de noviecitos cachondos-masculló Ginger.
-ni
loca sería novia de este niño inmaduro-espetó Mayra, con un touché significativo.
-sí,
eso ya lo sabemos, por eso él me quiere a mí-dijo Marina, aparentemente igual
de ardida que Mauricio por las palabras de Mayra, aunque también podrían haber
sido las de Ginger, y eso de haber insinuado que Mau y la chica mencionada,
eran novios.
Mayra se volvió a mirar a Marina tras pagar
el taxi. Parecía sorprendida e indignada.
-¿y
eso a qué vino, Mari?
-¿y
eso de que “ni loca” serías su novia? Tampoco vino mucho al caso. ¿menosprecias
los sentimientos de Mau? ¿o lo menosprecias como hombre?
-eso
no es importante, Mari, no debemos pelear…
-¿dices
que Mau no es importante, entonces?
-sacas
de contexto mis palabras…
-a
ver, niñas, ya, tenemos que ir a la casa de Daniel, ya déjense de
mamadas-vociferó Rosa-Mau, ¿cuál es la casa?
El chico, atontado por la pequeña
confrontación entre Mayra y Marina, no supo responder al momento.
-es…
es esa de la fachada verde.
-pues
órale, vamos-Rosa se puso en marcha, y los demás la siguieron luego de unos
segundos. La muchacha no titubeó al ponerse a golpear la puerta.
-despacio,
Rosa, no se vaya a enojar su papá-dijo Betty.
-cállate…
¡Daniel, Daniel, abre la pinche puerta de una vez! -gritaba ella mientras
golpeaba la puerta-¡abre si no quieres que te rompa tu madre!
-cálmate,
no creo que debas decirle eso-protestó Julian.
-¿por
qué no? Debe saber que se lo cumpliré si hace alguna pendejada… ¡Daniel!
Rosa siguió tocando durante un minuto
entero, pero nadie respondió adentro. La casa de Daniel era pequeña, con una
puerta frontal de hierro forjado, sin detalles ni nada distinguible, sólo era
negra y con señales de óxido. También tenía una pequeña ventana al lado, desde
dónde Marina se había puesto a mirar, en busca de alguna señal de vida en la
casa.
-¿creen
que debamos llamar a la policía?-les preguntó Betty. La pobre chica temblaba.
-¡esperen!,
creo que acabo de ver algo… como que algo se movía-les informó Marina, entonces
todos intentaron pegarse a la ventana.
-¿sabes
si él duerme en esta habitación?-le preguntó Mayra a Mauricio.
-¿a
quién le preguntas? ¿a mí? ¿te dignas a preguntarme algo a mí?
Mayra esbozó un cansino y decidió darle por
su lado.
-sólo
responde la pregunta, deja de ser pesado con ella-ahora fue Marina, cambiando
de actitud respecto a Mayra.
-pues
no tengo ni puta idea, la única vez que estuve aquí fue hace muchos años, no
recuerdo gran cosa-Mau se apartó de sus amigos, quienes estaban amontonados
frente a la ventana de la casa. De esa forma, quedó frente a la puerta otra
vez. Aunque estaba malhumorado, su expresión cambió radicalmente cuando esta se
abrió de repente.
-tienes
unos huevotes al atreverte a venir a mi casa-le dijo Daniel.
El muchacho estaba parado en el umbral de la
puerta, iba vestido de la misma forma como le habían visto en casa de Marina,
pero ahora llevaba una sudadera gris, sobre el jersey del América, y se había
colocado otra gorra en la cabeza. Cargaba una enorme mochila, y del brazo
izquierdo, le colgaba una bolsa de plástico semitransparente que contenía
algunos frascos y latas, presumiblemente con comida.
Mauricio no dijo nada al verlo, pero su
mirada se trasladó de inmediato al bulto observable en su sudadera, justo en la
cadera. El chico no dudó un momento en que aquello fuera el arma que Daniel
había sacado de quién sabe dónde.
-vine
por el segundo round, Daniel, ¿estás listo?
Daniel soltó una carcajada.
-eres
cabrón lo admito… pero un cabrón payaso.
-¿qué?
¿significa que tú le pegaste?-Mayra lo encaró.
-sí,
¿o qué? ¿creíste que se fue a dar en la madre con tu novio Gabriel? Ni madres,
este no hubiera durado ni un minuto con ese güey. Gabriel le trae unas ganas,
que seguro lo mata el día que pueda chingarlo. Yo soy muy perdonavidas.
-Gabriel
no haría eso-contestó Mayra, dubitativa-pero eso no importa ahora…
-¡huy!
Mira, puedo pasarte muchas cosas, pero que le pegues a Mau, cabrón, eso si no
te lo perdono, ¡ahora si te la rompo, pinche abusivo!-intervino Rosa, pero antes
de que se abalanzara contra Daniel, Julian la detuvo.
-¡cálmate,
loca!-la sostuvo el inglés, con notable esfuerzo. Rosa era muy fuerte, pese a
ser la más delgada del grupo.
-Sí,
era de esperar que se pusieran de parte de este traidor. Por eso me voy para
siempre, ya no tengo amigos, la chica que amo me desprecia, mi familia no es lo
que yo pensaba…
-¿y
a dónde irás?-le preguntó Betty, con ternura y tranquilidad, cosa que desarmó momentáneamente
a Daniel.
-pues…
no sé, iré a ver a mi jefa a Querétaro… digo, seguro que ella no me acepta,
pero mis abuelos a lo mejor sí. El chiste es irme de esta mierda de colonia,
lejos de los maricones con los que vivo y los traidores con los que voy a la
escuela.
-¿y
la pistola y la marihuana para qué son?-ahora, la voz de Marina se dejó oír.
Daniel se sorprendió de que ella le estuviera hablando, ella, la chica a la que
quería más que cualquier otra cosa en el mundo, pero por la cual, ahora se
debatía entre el amor y el odio.
-¿de
qué hablas?... ¿cómo sabes eso?
-pues
te vimos sacarla del cofre que tomaste de mi casa-dijo Mauricio, e
instintivamente retrocedió, esperando una reacción violenta de Daniel.
-¿me
vieron? ¿de qué vergas hablan?
-ya,
dejemos de darle vueltas al asunto-dijo Ginger-si recuerdas la visión o
alucinación o lo que pinches madres haya sido, pues te diré que volvimos a
tener otra. En ella, todos te vimos sacar la pistola de un cofre como de
madera, también te vimos agarrar una bolsita con marihuana. Sabes que es
verdad, no puedes negarlo.
Daniel vaciló un momento, y luego los miró
de manera altanera.
-¿y
qué? Les vale madres.
-te
equivocas, no nos vale, porque somos tus amigos, lamento si te lastimé por lo
de Marina, en verdad lo siento, pero no es mi culpa, ni tampoco de ella, son
cosas que pasan, y uno no puede decirle a los demás, de quien enamorarse, ¿me
entiendes, amigo? Si me hice novio de Marina, no fue por traición o por
calenturiento, simplemente se dio y ya… si tú nos lo permites, los tres
podríamos hablar de eso, con más calma y a solas…
-hablas
como si me quisieras chamaquear, ya es mi decisión, Mau, no quiero volver a verte,
ni a nadie de aquí.
-Daniel,
por favor, no hablemos de lo que pasa entre tú, Mau y Marina si no quieres,
mejor hablemos de otras cosas, ¿sí? Sentémonos a charlar un rato, porfis, no
hagas nada apresuradamente-le pidió Mayra.
-¡ay
no!-escucharon gritar a Rosa, y pensaron que ella volvería a cargar contra
Daniel, pero esta vez se trataba de otra cosa-¡otra vez no! ¡aquí
viene!-entonces cayó de rodillas, pese a estar siendo tomada de las manos por
Julian. Y la pesadilla regresó.
Comenzó
como solían comenzar, estuvieron ciegos durante unos segundos, luego pasaron a
observar cosas que no estaban ahí o que ni siquiera existían pues no habían
pasado aún. Sin embargo, a diferencia de las veces anteriores, ahora no verían un
solo suceso.
Primero se trasladaron hasta una especie de
azotea, podían observarse unos lazos o cuerdas con ropa colgada de ellos
mediante pinzas de plástico, un tinaco y una vieja antena para captar señal
televisiva. El cielo no estaba oscuro, aunque un poco nublado, se podía ver que
era de día. Pero lo importante estaba en aquella muchacha que estaba parada
frente a una barda de ladrillos viejos que la protegía de caer al vacío.
Llevaba una playera vieja color gris, con un logotipo ilegible en el pecho, lo
suficientemente larga y holgada para ella como para cubrirle la posible
desnudez que tuviera de piernas para abajo, pues no se le vía pantalón alguno y
la misma prenda, impedía ver más. No se podía saber si estaba descalza o no,
pues la barda también imposibilitaba verla bien.
Ella estaba cabizbaja, parecía absorta en
mirar un libro abierto que estaba sobre la barda, aunque no podían decirlo con
exactitud, su mirada parecía perdida y el cigarrillo que tenía en la mano
derecha, se estaba consumiendo a tal grado, que le estaba quemando los dedos…
pero la mujer no se daba cuenta o no lo sentía. Mauricio pensó que podría estar
sometida a alguna clase de visión igual que ellos, porque no reaccionaba. No la
reconocieron, pero eso estaba de más, no tuvieron tiempo de siquiera grabarse
sus facciones porque rápidamente cambiaron de sitio. Ahora parecían ir viajando
a la puerta de acceso a la azotea esa, porque vieron como una vieja puerta de
hierro, se abría de par en par, y dejaba pasar a otra chica. A esta sí le
pudieron ver bien el rostro. Era hermosa, de ojos claros, quizás verdes o
azules, rubia como gringa, y de facciones delicadas. Aquello fue rápido, pero
justo antes de esfumarse de ahí, oyeron que la recién llegada, llamaba a la
otra muchacha.
Ahora, dieron un salto abismal, todo era
oscuridad, pero podían sentir como si fueran viajando a la velocidad de la luz
por el espacio, sentían mucho frío y pequeños destellos de luz se podían ver de
vez en vez, como pequeñas y lejanas estrellas.
Se detuvieron, y pudieron ver un par de
sombras, no tenían rostros ni una definición especial, salvo porque una era de
un hombre y la otra de una mujer, eso se miraba claro, pero nada más. Y
volvieron de nuevo a escabullirse, como montados en un cometa o en una nave
interestelar, para volver de nuevo a La Tierra.
Ahora estaban en una habitación, tenuemente
iluminada, no se podía observar gran cosa, mas que a una mujer sentada en una
cama matrimonial, quien, al darse la vuelta, fue fácilmente reconocida por los
muchachos. Era la maestra Heidi, estaba en camisón, y su rostro hermoso, lucía
mortificado por algo, sus ojos vivarachos no eran los de siempre, parecían idos
y llenos de una inmensa tristeza. Estaba desaliñada, como si apenas se hubiera
levantado. Entonces ella, sacó un objeto de un cajón de su mesita de noche y
sin dudarlo apenas, se lo puso en la boca.
Mau quiso gritar, pero algo se lo impedía,
no sólo el hecho de que ninguno de ellos estuviera ahí realmente, era otra
cosa, algo desconocido y oscuro. Su corazón entonces se empezó a sentir frío,
desolado, intranquilo, parecía haber algo malvado con ellos, algo aterrador,
más que la pistola que la maestra se había puesto en la boca.
Pero la profesora de español no se voló los
sesos, luego de unos angustiantes segundos, la retiró de su boca y la puso de
nuevo en el cajón. Hizo una mueca y ahora tomó otra cosa, también del cajón.
Era una especie de cuadernillo tamaño carta, y se parecía a uno de esos
trabajos que ella misma solía pedirles para evaluarles en su clase. Cuando ella
lo abrió y acarició el nombre que estaba debajo del título, sonrió y creyeron
escucharle decir algo así como: “hoy no, hoy no”
Todo volvió a cambiar, la imagen de su
maestra, desechando la idea de suicidarse, y anhelando algo desconocido con uno
de sus alumnos, se difuminó como en un sueño. Aquella fuerza extraña, los trasladó
ahora a la escuela secundaria 20 y fue que el miedo de Mauricio, se transformó
en un auténtico y desesperado terror.
Todo porque eso le resultaba familiar,
demasiado familiar. Los sucesos que comenzó a observar, eran idénticos a los de
la visión que había tenido junto con Akima, esos que terminaban con la muerte
de Marina a manos de la mismísima profesora Heidi.
Sin embargo, había diferente. Al llegar al
momento en que Marina salía del baño, todo había cambiado, todo. Ahora no eran
tres chicas las que lo hacían, no eran la prima de Julian y sus amigas, sino
sólo dos, la hermana menor de Mauricio, Jenny, acompañada de Ana, su prima.
-¡no!-gritó
Mauricio, desesperado-¡eso no, no mi Jenny!
Pero sus gritos fueron en vano, y pasó como
en la visión pasada, salvo que ahora Jenny moría atropellada por la maestra de
español.
Todo fue idéntico hasta el final, pero a
Mauricio no le importaba qué seguía, tenía que correr a casa a asegurarse de
que su hermanita estuviera bien, sin pensar que aquello sólo era un atisbo de
realidad y que por obvias razones no podía estar ocurriendo en ese momento.
So pena, poco pudo hacer, ni cerrando los
ojos pudo dejar de ver aquello, ahora la visión les llevó a otro lado. Se
alejaron de la escuela, subiendo otra vez hasta el cielo, y luego a la
oscuridad total, en dónde algo acechaba.
No podían verlo, pero de pronto sintieron
que algo en las tinieblas los observaba, como si alguien supiera que estaban
ahí, en ese espectral sitio. Un miedo atroz de apoderó de todos, no sólo de Mau,
y entonces una mole gigantesca apareció delante de ellos, en ese temible e
infinito espacio. Era algo negro, grande e indescifrable.
Una música como de orquesta, también empezó
a sonar, no sabían de donde de venía, así como la voz que guturalmente, sonó en
sus oídos, acompañada de esa demencial sinfonía.
“Ustedes dos saben quién soy” “Soy el
boogeyman y el ejército de las tinieblas viene” “Ya viene, ya viene” “Cuidado” “Tengan
cuidado”
Luego Betty gritó, y aquella masa negra los
devoró en el espacio, aunque poco antes de desvanecerse todo, apareció una
máscara blanca, fantasmagórica y maligna. ¿Era un rostro? ¿era un ser
demoniaco?
Mauricio cayó de rodillas, cuando todo
terminó. Jadeaba ruidosamente, sofocado por un repentino ataque de asma, pero
poco le importaba calmarlo con el inhalador. ¿Qué era lo que habían visto?
-es
una visión del mal…-dijo Marina-agitada y con los ojos llorosos-de algo malo
que va a pasar, algo muy malo…
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