martes, 15 de noviembre de 2016

Capítulo 6: El destructor de mundos.



VI
El destructor de mundos.

Mauricio se había encerrado en su habitación luego de comer un poco de pastel de la abuela, no tenía mucha hambre, así que pasó del festín que se estaba llevando a cabo por la graduación de las chicas. Quiso escribir, eso le ayudaba a desahogarse, pero no pudo hacerlo, la opresión que sentía en el pecho era demasiada. Estaba angustiado y no sabía por qué.
   Así que se tumbó en la cama y se durmió un par de horas, sólo para ser despertado por unos golpeteos en la puerta de su cuarto. Ni siquiera le dio permiso de entrar, Fernanda pasó como si nada y aunque no era igual, Mau no pudo evitar recordar aquel día en que la atrapó tocándose en su cuarto.
- ¿qué quieres? -inquirió él con suma hostilidad.
-oye, estás muy higadito desde que saliste de la escuela…
-es mi cuarto, no debes entrar, la última vez que yo entré al tuyo, me madreaste en serio…
- ¿qué querías que hiciera? si me viste mientras me mastur… mientras estaba encuerada ¿eh, cabrón?
-sólo vete… no es tu deber ser la hermana que aconseja ni que se preocupa, nadie te dijo que tenías que reemplazar a Ángel.
   Aquello pareció dolerle a Fernanda, que sólo guardó silencio, pero no salió del cuarto y mejor se sentó en la vacía cama del ausente hermano mayor.
-siempre has sido muy hostil conmigo, y eso me hace… sentir mal, aunque no lo creas. La verdad es que no quiero reemplazar a Ángel, pero te guste o no, soy la mayor ahora que él no está, y mi trabajo es preocuparme por ustedes. Ya te dije, te guste o no, soy tu hermana y me duele que no me quieras…
-¿quién dijo que no te quiero?
-pues así actúas.
-nada de eso, te amo tanto como amo a Jenny y a Joaquín es sólo que…
-es porque soy mujer, ¿no? Algún tema de machismo, seguro, por eso no te sientes a gusto conmigo como te sentías con Ángel.
- ¿qué?, no digas estupideces…
   Fernanda soltó una carcajada.
-sólo estoy de mamona. La verdad es que me importas, eres mi hermanito y no me gusta verte triste, mucho menos por una vieja, tú vales mucho.
-te quiero, pero sigues diciendo pendejadas, Fer.
- ¿por? ¿acaso me vas a negar que es por Mayra?
-no, no es por ella… sólo es mi amiga.
-sí, claro.
-en serio, es que… me enoja verla con ese… con ese Gabriel Farías.
-pues deberías hablarlo con ella, mira, ese tipo es un pendejo, pero también un hijo de la chingada, no me gustaría que tuvieras problemas con él. Se escuchará culero lo que voy a decirte, pero deberías obligarla a elegir entre ese güey y tú.
   Mauricio guardó silencio, era obvio que no podía hacerle eso a Mayra.
-mira, te vienes conmigo al rato.
- ¿adónde?
-algunos chavos y chavas del grupo van a hacer una fiesta, por lo del fin de curso y eso, te voy a llevar para que te despejes un poco, ¿qué te parece? Ya casi eres un chavo de segundo y necesitas conocer más mundo.
-no creo… bueno, suena divertido.
-bueno-ella se puso de pie-pues ve a bañarte, que al rato no quiero que me estés chingando porque me tardo mucho, ¿eh?
   Y entonces ella salió de la habitación.

Pasadas unas horas, los hermanos Silva salieron de la casa, tras un sermón casi interminable de mamá Verónica, respecto a ser responsable y no tomar alcohol.
   Mauricio se vistió con un pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y los zapatos que usaba para la escuela, todavía no los llenaba del todo. Fernanda, salió con una coqueta blusa carmesí, minifalda negra y sus tacones favoritos, además de peinarse y maquillarse para la ocasión. Mau no puedo evitar sentir una especie de anhelo desconocido al ver lo hermosa que podía ser su hermana mayor, ya casi una mujer.
-pues la verdad, estás muy hermosa-le dijo Mauricio mientras cruzaban Lago Ginebra.
   Fernanda sonrió, y un poco de rubor acudió a su rostro.
- ¿lo dices en serio? Pues gracias, Mau.
-tanto como para ponerme celoso de cualquier tipo que se te acerque.
   Ella soltó una carcajada y le tomó del brazo.
-no lo puedo creer, igualito que Ángel, ese tonto también me sobreprotegía mucho.
-no lo dudo.
   Caminaron hasta la esquina del otro Wenner, Mauricio pudo observar a una muchacha de cabellos oscuros rizados, llevaba un vestidito corto, botas largas y un abriguito.
-hola Marisol, ¿la otra pendeja no va a venir? -le preguntó Fernanda tras saludar a la otra chica.
-iba ir con su güey, ya sabes que está bien pendeja por él…-y entonces la muchacha reparó en Mau.
   Él no la reconoció a simple vista, se veía diferente sin uniforme. Era la muchacha que le había ayudado a encontrar la fila de su grupo, aquel lejano primer día de clases. Era Marisol, la mejor amiga de Fernanda.
-¡Hola, Mau! ¿vendrás con nosotras? -le preguntó ella, adoptando de pronto una mirada enternecedora. Mau no supo reaccionar, esa muchacha le despertó las hormonas salvajemente.
-sí, Mau necesita despejarse un poco la mente, Mari-asintió Fernanda por él.
-pues vámonos, güey-le dijo Marisol a Fernanda y echaron a andar con dirección a la estación de metro.
   La fiesta sería en una casucha en Laguna de Mayran, con espacio amplio para los muchos adolescentes que estarían ahí, festejando su graduación y su pase a la preparatoria. Aunque no era exclusivamente para ellos. Al entrar al lugar, Mauricio vio a unos muchachos que conocía de otros grupos de primero, uno de los que resaltaba, era Roberto Cisneros, el inseparable amigo de Gabriel Farías. Sólo tuvo un pequeño instante de alivio al ver que Gabriel no estaba ahí con ellos. Mau siguió a su hermana hasta un rincón en dónde estaba su otra amiga, Karen y su novio, un tipo al que Mauricio nunca había visto. También había otras dos chicas desconocidas para él, las cuales bebían de vasos desechables con líquidos misteriosos en su interior.
-¿qué están tomando, cabronas? Sírvanme una-les dijo Fer, tras los saludos de rigor. El novio de Karen, procedió a servirle tequila y refresco de toronja, cagándose en las recomendaciones de su madre, respecto a la no ingesta de alcohol. Mau se arrepintió de haber ido a ese lugar, no conocía a nadie y casi todos eran mayores que él. Simplemente no encajaba.
- ¿tú tomas, Mau? -le preguntó de pronto, Marisol.
-No-contestó tajante.
-anímate, sólo una, no quiero que me maten si te emborrachas, pero una no te haría mal-intervino Fernanda, y se dirigió después al novio de Karen-sírvele una a mi hermano, Juan Carlos.
   El tipo no se demoró nada al darle el vaso con la asquerosa mezcla de refresco y alcohol.
-salud, Mau-le dijo Marisol y chocó su vaso con el de Mau, a modo de brindis. Su mirada le incomodaba, pero también le alborotaba los… sentidos.
   En ese momento, un chico mayor, bastante alto y bien parecido, se abrió paso a través de la multitud, con notable autoridad. Con paso seguro y desafiante, se acercó hasta Fernanda, y ante la sorpresa de Mauricio, le acarició las nalgas descaradamente.
   Ella se sorprendió, pero al darse cuenta de quién era, sucumbió ante los apasionados besos que el muchacho le propinó. Aquello le sorprendió, incluso más que enfurecerlo, ¿quién se creía ese tipo para manosear a su hermana de esa manera?
   Fernanda recordó que su hermanito estaba presente y discretamente intentó apartarse del muchacho.
-espérate, Rocky, no te pases-le dijo Fernanda.
- ¿y eso? ¿andas enojada, mi amor?
-No…-ella miró a Mauricio, su expresión era severa. El tal Rocky también se dio cuenta de la mirada iracunda del muchachito flacucho que estaba junto a las otras chicas.
- ¿quién es? -le preguntó a Fernanda.
-es mi hermano…-contestó ella con un susurro.
-sí, ya se me hacía el parecido con Ángel-Rocky le ofreció su mano-hola, soy Rocco Armendáriz Gutiérrez, a tus órdenes, soy el novio de tu hermana.
   Mau lo miró desdeñosamente, pero no tuvo oportunidad de responderle, ya que Fernanda le tomó de la mano y lo llevó lejos del grupo, para evitar que Rocky los escuchara.
-mira, Mau, no es necesario que nadie sepa que tengo novio, en especial mamá, ¿me entiendes?
-se toma muchas libertados contigo-le dijo él, de forma gruñona.
-ay Mau, por favor, es mi chico y yo soy su chica, cuando tengas novia lo entenderás.
-es un mano-larga-espetó él, indignado.
-ya, no te pongas celoso, mejor tómate unas cubitas y disfruta, ven, le voy a decir a Marisol que te saque a bailar.
   Mau se aterrorizó, ¿bailar? ¿Iba a tirar su dignidad de nuevo, bailando con una chica?
-espera…-le dijo-voy al baño, déjame buscar el baño, ¿sí?
   Fernanda asintió, y le dejó ir.
-sólo no te tardes, si te pierdo de vista me matan…
   El chico se alejó lo más que pudo del grupo de amigos de Fernanda, Marisol le sonrió mientras se alejaba. No pudo evitar estremecerse.
   A esas alturas ya estaba arrepentido de haber acompañado a su hermana a esa fiesta, pero no todo era tan malo. Al salir de la casa, nada más cruzar el zaguán, unos muchachos casi le atropellan.
-órale morro, fíjate por donde andas güey-le gritó el chavo de tez morena que acompañaba a Ginger.
   Mau quiso responder, pero Ginger se adelantó a los dos muchachos.
-tranquilo, Lalo, que no fue su intención-la chica le dio un beso al tal Lalo y luego lo mandó adentro-ahora te alcanzo.
   Mau se apartó un poco para mirar la chica.
-no esperaba encontrarte aquí, Mau.
-yo tampoco esperaba encontrarme aquí…
   Ginger lo miró divertida, y sin previo aviso, le depositó un ardiente beso en la mejilla.
-Me da gusto verte acá, con eso de que salí de tercero, no sé si te pueda volver a ver a ti y a los demás.
-¿por qué no nos volveríamos a ver?-cuestionó Mau.
-pues no sé, a lo mejor ya no me quieres ver… me quieren ver, digo.
-los demás no sé, yo sí quisiera seguir viéndote.
    Ella sonrió coquetamente y disimuladamente le tomó de las manos.
-pues vamos a pasarla bien, entonces, ¿te gustaría, Mau?
- ¿y el chavo con el que viniste?
-es sólo un amigo… pero puede estar bien sin mí, tú y yo en cambio, la podemos pasar muy chingón, ¿no te parece?
   Su sonrisa era linda, y provocaba demasiadas cosas que Mau nunca antes había experimentado, pero eran sensaciones similares a las que sintió en su primera erección. Después de lo ocurrido aquella noche de las visiones, Ginger había frecuentado al pequeño grupo de amigos, pasando con ellos, buenos momentos, muchos de los cuales, Mauricio había disfrutado por la simple compañía de ella, pues era una persona muy agradable y amena.
   En ese momento, podría hasta olvidarse de Mayra y de todo el mundo. Sus manos, su perfume, sus jeans ajustados que le resaltaban sus maravillosas nalgas y piernas, su cabello recién teñido de rubio, su coqueta sonrisa… todo eso era más que suficiente como para que Mau se sintiera a gusto con ella.
   Sin embargo, ese momento entre ambos, fue roto por Fernanda. La hermana había salido en busca de su hermanito, y no esperaba encontrarlo en evidente actitud melosa con una muchacha mayor que él.
-¡Mauricio!
   Ginger y Mau se soltaron de las manos.
-¿qué?
-¿qué estás haciendo aquí afuera?
-sólo platicando con una amiga…
   Mauricio no tuvo que ser un genio para darse cuenta de la hostilidad que había entre su hermana y su amiga.
   Ambas se miraron con cierto desagrado, pero se forzaron a sonreírse mutuamente.
-ah, Salas, vi a Lalo, pensé que vendrías con él-le dijo Fernanda.
-algo así, no sabía que fueras hermana de Mau, Silva.
-pues ahora lo sabes, Salas.
-pues es bueno saberlo, Silva.
   Volvieron a desafiarse con la mirada.
-volvamos adentro, Mau-le ordenó Fernanda.
-quería invitarle una cubita a Mau, sino te molesta-intervino Ginger.
-no me molesta, pero no puede, es muy chico para tomar y para andar ligando…
-no me lo estoy ligando, Silva, no exageres.
-nunca dije que te lo estuvieras ligando…
   Se volvieron a desafiar. Aunque ahora ya no sonreían con ironía, Mau conocía a su hermana y sabía que, si su expresión se volvía demasiado seria, podría explotar de un momento a otro.
-voy a bailar con Ginger, si me disculpas, Fer-dijo Mau y tomó de la mano a Ginger, llevándosela para evitar una posible pelea entre su amiga y su hermana.
-espera, Mau-Fer le detuvo, lo separó de Ginger y luego se dirigió a ella- ¿nos podrías dejar hablar en privado, Salas?
   Ginger asintió y con un gesto, le indicó a Mau que estaría dentro. Una vez solos, Fernanda miró a su hermano con preocupación.
-ten cuidado Mau, ten cuidado con esa zorra…
-no le digas así, ¿qué tienes contra ella?
-nada… nada. Sólo no te confíes mucho, no es una chava con muy buena reputación, tan sólo hay que ver cómo te está echando los perros…
-no me está echando nada, es mi amiga nada más. Además, no tienes por qué decirme nada, si nadie se mete contigo por lo de tu noviecito, a mí déjame ser.
   Fernanda no dijo nada más y volvieron a la fiesta. Mau y Ginger la pasaron bailando y bebiendo hasta las 7 de la noche. Él no era muy bueno, ni siquiera podía dar un paso decente, pero a ella no parecía importarle, se veía contenta y con el paso de las horas, cada vez más radiante y deseable.
   Poco antes de terminar la última canción, Daniel y Mayra entraron por el zaguán. Mauricio casi se caga al verlos. Y al estar lejos de la entrada principal, además, rodeado de muchachas y muchachos de tercero, corrió con suerte para que estos no le vieran mientras se adentraban en la multitud.
   Ginger no se dio cuenta de eso, en su lugar, volvió a llenar el vaso de Mauricio, ausentándose un momento. Mau continuó detrás del muro de adolescentes, pasando desapercibido, ahora que Mayra y Daniel estaban más cerca de él. Pero no llegaron muy lejos, a su paso, salieron unos chicos de su edad, liderados por Roberto Cisneros y Gabriel Farías, quien había llegado a la fiesta en algún momento de la misma, mientras Mauricio se desentendía de su entorno, por estar bailando con Ginger.
   Al ver a Mayra saludar de beso a Gabriel, esa opresión en el pecho que le había estado jodiendo desde que salió de la escuela, volvió a asomar su fea cabeza. Luego Ginger regresó con los tragos. Mau apuró el suyo sin detenerse.
-órale, qué garganta, Mau-le dijo ella con una carcajada y también le imitó, apurando su vaso.
   Se quedaron viendo un momento, otra canción había comenzado.
- ¿ya has besado a una chava, Mau?
   El chico negó, sus ojos estaban perdidos en los de Ginger, pero fugazmente volvían a mirar a Mayra y a Gabriel Farías platicar tan animadamente. Ella se veía sumamente hermosa, llevaba una falda corta, zapatos bajos y una blusita rosada que remarcaba generosamente sus atributos femeninos. Se veía irresistible.
- ¿Mau?
-no-contestó él-nunca…
-bueno, ven, mira…
   Y así lo besó. Primero algo torpe, luego un poco calmado, y entonces ella introdujo su lengua en su boca. Él podía notar el sabor del tequila, del refresco de toronja, de los dos cigarrillos que se había fumado mientras estaba con él, de su saliva… todo eso era notable para él, y sumamente delicioso. La ira y la opresión en su pecho, se aplacaron. También tuvo una erección salvaje y placentera.
   Pero lo que fue más salvaje, y quizá un poco placentero, fue lo que pasó justo después. No los pechos de la chica pegados a su cuerpo, no su mano traviesa y delicada en su entrepierna, no el beso mismo…
   Gabriel encendía un cigarrillo mientras descaradamente, ponía una de sus manos en la cintura de Mayra, ella reía divertida. Mauricio se separó de Ginger y avanzó poseído por el espíritu vengativo del alcohol.
   Se detuvo poco antes de llegar a Daniel.
- ¿Maury? ¿qué andas haciendo acá, viejo? -le preguntó un sorprendido Daniel, con un cigarrillo en una mano, y un vaso con tequila en la otra.
   Mau pasó de él, prácticamente ignorándolo. Ahora, Gabriel encendía un cigarrillo en los dulces, puros y tiernos labios de Mayra…
   Aún poseído por ese espíritu maligno, Mau empujó a dos sujetos delante de él, uno de ellos Roberto Cisneros. Entonces, como pasara en la fiesta aquella en la conociera a Ginger, de un manotazo certero, arrojó el cigarrillo de la boca de Mayra. También golpeó la mano de Gabriel y de la misma forma, le tiró el encendedor.
   La chica tardó un momento en asimilar lo que había sucedido, pero Gabriel no necesito de mucho para ponerse en guardia y después empujar con brutalidad a Mauricio.
-¿qué te pasa, pendejo?-le gritó el muchacho, y le empujó de nuevo. Mau evitó caer de espaldas, gracias a Roberto Cisneros, quien le detuvo, pero sólo para devolverlo hacia Gabriel.
-¿Mau?-musitó Mayra, confundida y aterrada a la vez.
-a mí no me pasa nada, pendejo.
-pues sí que te va a pasar, maricón-Gabriel se aproximó, con los puños cerrados, pero recordando el episodio que habían vivido Gabriel y Julian algunos meses atrás, decidió que no cometería el mismo error que su amigo. Por lo que antes de que Gabriel le alcanzara, le propinó un feroz puñetazo.
   Pero falló…
- ¡No, Mauricio! -se escuchó gritar a Mayra, mientras el chico se precipitaba hacia el suelo.
-párate, puto, ¿te sientes bien vergas? -Gabriel le dio un puntapié en las costillas, Mau no pudo levantarse.
-espérense güeyes, no mamen…-escuchó a Daniel, fue cuando Roberto le levantó, no sin antes darle un puñetazo en el costado.
   Mau se dobló, pero pudo ver a Gabriel de frente. Sabía que este le atacaría, no tenía duda. De repente, la furia y la valentía se habían esfumado, estaba aterrado y pensó que podría llegar a morir.
   Entonces, la voz de Fernanda interrumpió, casi histérica. La muchacha jamás había dejado de prestarle atención a su hermanito, y la prueba fueron sus gritos.
-¡ayúdalo, Rocky!-fueron las palabras de Fernanda. De pronto, una fuerza irresistible, tomó a Mauricio como si de un muñeco se tratara, y lo apartó de las garras de Gabriel y de Roberto. Rocky, el novio de Fer, se interpuso y propinó un fortísimo empujón a Gabriel, quien, al verlo, desistió de cualquier cosa.
   Rocky era alto y robusto, no sólo imponía por su apariencia de chico rebelde, su físico atlético imponía, y hasta un tipo como Gabriel, lo pensaría dos veces antes de ponerse a los putazos con él.
-relax, compa-le dijo a Gabriel, luego miró a también a Cisneros- ¿estamos?
   El sujeto asintió, no tan cohibido como Gabriel, pero mostrando respeto al fortachón novio de Fernanda.
-gracias por empedarlo, perra-le dijo Fernanda a Ginger, mientras pasaba a su lado.
   A todo esto, el resto de los asistentes a la fiesta, no dejó de bailar y de disfrutar su día de graduación.

Cerca de las 8 y media de la noche, los hermanos Silva regresaron a su hogar en Lago Wenner. Aunque quizá, salir apresuradamente de la fiesta, no había sido del todo una buena decisión. El aire frío, o cualquier otra cosa, habían influido en subir la borrachera a la cabeza de Mauricio, y para cuando Mayra y Daniel les dieron alcance, poco antes de llegar a la sucursal del banco que estaba a unos metros de la estación del metro San Joaquín, el muchacho se caía de borracho y había vomitado una vez.
-por favor, no lo hagas más difícil, Mayra-le dijo Fernanda a la chica, cuando les dieron alcance. Adelante, Rocky y Marisol, llevaban a rastras a Mauricio.
- ¿de qué hablas? -chilló la niña.
-de tu amiguito ese, Gabriel, casi mata a mi hermano…
-es que Mau es muy exagerado…
-nada de eso, tú no tendrías por qué preferirlo a él sobre mi hermano.
-no lo hago, jamás cambiaría a mi Mau-Mau por nadie, él lo sabe… tú lo sabes.
-ahora no lo sé-contestó Fernanda-mejor regrésense con la putita esa de Ginger Salas, mi hermano no los necesita.
-no seas culera, él es nuestro amigo, vamos a donde él vaya…
   Fernanda se volvió a Daniel, a quien hasta ahora, había ignorado categóricamente, primero lo fulminó con la mirada, y luego le sonrió malévolamente.
-mira, escuincle pendejo, ese chavo de allá, es mi novio, deja de estar chingando o le diré que te parta toda tu puta madre, ¿me entendiste, imbécil?
-ay sí, mucho miedo…
-¡Rocky!-gritó Fer, y el muchacho volteó a ver a su novia.
-no Fer, no hay que pelear, pensé que todos éramos amigos-dijo Mayra.
-no nena, ya te dije que mi hermano no los necesita. Órale, regresen a la fiesta con su amiguita Salas y el güey ese de Gabriel, vete a coger con él si quieres, Mayra, tenía mejor opinión de ti, me has decepcionado.
   Mayra se quedó helada, su rostro mostraba indignación, tristeza y en menor grado, enojo, pero era incapaz de articular palabra alguna.
-óyeme, cabrona, una cosa es que me insultes a mí, otra cosa es que insultes a Mayra, con ella no te metas, ¿qué diría Mau si le dijéramos que le has faltado al respeto a su mejor amiga? -le recriminó Daniel.
-¡ya cállate, puto! ¡Rocky, ven!
   El novio de Fernanda se fue acercando a paso lento, debido a que llevaba a rastras a Mauricio.
   Daniel tragó saliva al ver a Rocky acercarse, un miedo repentino se apoderó de él, pero no se rajó, apretó los puños y aunque temblaba, sacó el pecho y se puso firme.
-no le tengo miedo a tu güey, si me rompe la madre, que me la rompa, pero le diré a Mau qué clase de cabrona es su carnala…
- ¡No! -gritó Mayra, aunque parecía ronca, como afónica-mejor vámonos, Daniel, no hagamos problemas. Ya hablaremos con nuestro amigo.
   Fernanda no dijo nada más, y antes de que Rocky estuviera cerca para encarar a Daniel, Mayra se llevó al chico y regresaron sobre sus pasos.
   Así habían regresado a la casita de los Silva en Lago Wenner. Fernanda era consciente de que se le había echado a perder la fiesta, pero le importaba más que su hermano no siguiera cometiendo idioteces por culpa del alcohol. Sin Ángel en la casa, ella tenía que ponerse el manto de hermana responsable y protectora, aunque no le gustara. Últimamente había sentido temor por eso, cuando antes le gustaba sentirse protegida por el buen Ángel, que no importaba cual fuera la situación, siempre salía a la defensa de sus hermanos menores.
   Esa noche se despidió de Rocky y su amiga Marisol, y entregó a su hermano menor, ebrio y bastante impertinente. Soportó los gritos histéricos de su madre, los reproches de su abuelo y la indiferencia de su padre, con estoicismo. Después, se quitó el maquillaje, se puso el pantalón de pijama, y su vieja playera del Atlante con la que dormía, y tras pasar varios minutos en el baño, decidió ir al cuarto de Mau, dónde podía escuchar a su madre, hablando en susurros con Mau. Ya no tenía la cubeta en donde el chico estaba vomitando, ahora Verónica De Anda, se dedicaba a mesarle el cabello a su niño de cristal.
-perdóname-le dijo al entrar al cuarto y ver su madre con Mau.
   Verónica la miró sin expresión.
- ¿por qué?
-por no cuidarlo mejor, fue mi culpa que se emborrachara, mami.
-no te preocupes, ya se siente mejor. Hiciste bien en traerlo, en lugar de sólo dejarlo e irte de nuevo a la fiesta, como querían tus amigos.
-mis amigos son buenos, ma…
-sí claro, en especial ese tal Rocky…
   Su madre la miró inquisitivamente.
-sí… bueno, me voy a dormir.
-buenas noches, cariño-le alcanzó a decir su madre.
   Mau le deseó también las buenas noches, y no volvieron a hablar hasta la tarde/noche del día siguiente, aunque Mauricio, no volvería a hablar con sus amigos y con Ginger, hasta unos días después del fin de clases, cuando ya corrían las vacaciones de verano.
   Un miércoles por la mañana, Mau, Julian y Rosa, quedaron de verse en la esquina de Lago Wenner y Río San Joaquín, para ir a la casa de Mayra y ayudar a Daniel con sus estudios para los extraordinarios que se avecinaban, ya que Rosa también había quedado a deber la materia de Historia.
-espero que sólo vayamos a estudiar, y a Daniel no se le ocurra alguna de sus ideas locas-comentó Julian mientras se dirigían a su destino.
-sólo un rato, sirve que hacemos algo juntos, con eso que me perdí todas las fiestas del fin, por estar castigada…-dijo Rosa.
-ni lo digas, tú y Daniel tienen que pasar a como dé lugar sus exámenes-dijo Mau.
   Y así llegaron a la casa de Mayra. Mau tragó saliva, muy nervioso. No había hablado bien con Mayra luego de la fiesta de los de tercero, y de alguna forma, quería seguir evitando a su amiga.
-hola-les saludó Mayra tras abrir el zaguán-pasen, ya sólo faltan ustedes.
   Luego de los saludos de ley, Mayra les señaló una pequeña mesita plegable, repleta de botanas, refrescos y un gran tazón con guacamole.
-para que se sirvan lo que quieran, chicos.
-genial-dijo Rosa, y se dispuso a abrir una Coca-Cola de lata.
   Cuando Betty, quien dirigía al grupo de estudio, comenzó a repartir libros y sus propios apuntes, Mayra tomó a Mauricio del brazo.
-ven, necesito hablar contigo, Mau-Mau…
-¿para qué?
-sólo ven, vamos a la cocina.
-no, no vinimos a platicar, vinimos a ayudar a Daniel y a Rosa con sus estudios.
-¿sigues enojado?, ¿por qué, Mau? Dime ¿qué ha pasado entre nosotros?
-no ha pasado nada.
   Tomó un libro de historia, y se puso a hojearlo. Mayra, con mucha frustración, también se puso a hojear un libro.
   De esa forma, transcurrió el resto de la mañana, entre repasos, preguntas, y uno que otro chistecito, Mayra y Mauricio estuvieron tensos entre ellos, pero lograron disimularlo con el resto de los amigos. En especial Mau, quien aprovechó que Gabriel Farías había tocado a la puerta de Mayra, para escapar de ahí.
-¿por qué te vas, Mau?-le preguntó Mayra, mientras Gabriel esperaba frente al zaguán.
-porque tengo cosas qué hacer-miró con intenso odio a Gabriel.
-Gabriel sólo vino a saludar, no te vayas…
-me da igual lo que haya venido a hacer…
   Y entonces se fue.


El resto de las vacaciones de verano transcurrieron indiferentes para Mauricio, saliendo sólo para reunirse con el grupo de estudio. Lo único relevante durante ese tiempo, fue la llegada del tío Ricardo, el hermano menor de Ángel Silva padre. Él, junto a su esposa Samanta y su hija Ana Laura, se mudarían a la casa de los Silva durante un tiempo indefinido.
   Provenientes de Sinaloa, los Silva-Fernández fueron invitados a vivir en la casa de don Luciano y doña Margarita, debido a que Ricardo, había perdido recientemente su empleo y su familia comenzó a pasarla terriblemente mal.
   Don Luciano había dispuesto que los recién llegados, ocuparan la casa más grande del segundo piso, con dos habitaciones, un baño y una estancia amplia para la cocina y la sala. Lugar originalmente pensado para Ángel y Verónica, pero estos habían dado rienda suelta a su amor, y su familia muy pronto se llenó de niños y el espacio se tornó insuficiente.
   Todos salieron a recibir a los nuevos residentes, un viernes por la tarde. Les ayudaron a bajar los muebles del camión de mudanzas y a acomodarse. Mauricio no conocía a su tío Ricardo, y mucho menos a su tía Samanta y a su prima Ana. Cuando Ricardo salió de la casa paterna, rumbo a Sinaloa, los Silva-De Anda ni siquiera vislumbraban vivir en el Distrito Federal y por supuesto, Mau no había nacido.
    Luego de los saludos a sus padres, a la tía Márgara y a su hija Luciana, Ricardo se acercó a su hermano mayor, le dio un fuerte abrazo y luego le presentó a su esposa.
-Ángel, te presento a tu cuñada-le dijo, y el padre de Mau, saludó cordialmente a Samanta Fernández. Ella era una mujer bajita, casi tanto como la mamá de Mau, pero de tez morena clara y larga cabellera negra. Tenía un lindo rostro de labios carnosos y ojos cansinos.
-hola, mucho gusto-les saludó Samanta. Ella y Verónica De Anda se saludaron después.
-pues estos son todos mis chavos-dijo Ángel, señalando a sus hijos.
-ya me andaba por conocerlos, hermano-dijo Ricardo-el jefe me mandaba fotos conforme iban naciendo, y ahora los conozco en persona.
   Los hijos de Ángel Silva saludaron a su tío, uno a uno. Este se detuvo al llegar a Jenny.
-¿cuántos años dices que tienes, Jenny?
-doce, tío Ricardo.
-mira, mi hija Ana también tiene doce.
   En ese momento, Mauricio y sus hermanos conocieron a Ana Laura Silva, la chiquilla a la que apenas le habían prestado atención. Aunque decir que era una niña, quizá era sólo un decir. Era bajita, apenas un pelo más alta que Jenny, con la caballera del mismo negro intenso que su madre, y la piel cobriza de su padre, una Silva de los pies a la cabeza. La belleza de su rostro, se complementaba con unos ojos color marrón, de los que su madre solía llamar, “ojos café con leche” u “ojos de capuchino”
   Pero lo que Mau no pudo dejar pasar, fueron las pequeñas protuberancias en su pecho, llamativas y de aspecto dulce. La niña era demasiado precoz como para tener la misma edad de Jenny.
   Todos la saludaron.
-hola…-su voz era suave, femenina. Mau notó que tenía los dientes un poco chuecos.
-hola…-le correspondió Mauricio. Ella se le quedó mirando de una manera que le pareció incómoda.
-pues ojalá pudiera volver a ver a todos mis hermanos-dijo Ricardo, rompiendo la tensión que se había hecho, pues parecía que todos se habían quedado a presenciar el saludo entre Ana y Mauricio-¿han sabido algo de Luc? ¿de María Antonieta? ¿dónde Andan Mauricio y Freddy? ¿Alguien que me diga algo de mis hermanos?
   Ángel rio y se lo llevó aparte, contándole de la situación del resto de los hijos de don Luciano. Luego, doña Margarita les preparó una suculenta comida que degustaron en la casa de los abuelos.
   Pasaron los días, y Ana se acopló rápidamente a sus primos capitalinos. Una semana después de su llegada, ella y Jenny ya eran inseparables. Se les veía jugar en el patio, en el cuarto de Jenny y en la sala de los abuelos. Algo parecido a lo que tenían Fernanda y Luciana, que al ser las dos adolescentes mayores de la casa, eran inseparables, pese a que la hermana de Mau, fuera un año menor.
   En este caso, Ana y Jenny, de la misma edad, no desentonaban en nada, ni siquiera porque una fuera morena y la otra fuera rubia. Se habían convertido en las mejores amigas, y Mauricio se había llegado a sentir un poco celoso por no tener a nadie con quien pasar las horas muertas y de aburrimiento extremo en la casa. Intentó conectar con Joaquín el resto de las vacaciones, pero el niño era (salvo por sus ojos claros y su cabello rubio oscuro) una copia al carbón de su padre. Un pequeño hombrecito lleno de energía y testosterona que prefería estar pateando un balón a jugar con su consola de videojuegos, la cual llevaba meses abandonada en la sala desde que la había recibido de su abuelo materno.
   Y así transcurrió el tiempo. Las vacaciones terminaron, todos los estudiantes del país regresarían a clases. Mau pasaría a segundo año de secundaria, mientras que Jenny y Ana, debutarían en el primer año. Fernanda pasaría a la prepa, aunque no lo haría de manera tradicional, ya que había recibido apoyo (y dinero) de su tío Mauricio para cursar su educación media superior en un colegio privado. Tal y como lo hacía Luciana desde el año pasado.
   Al regresar a la escuela, los amigos se reencontraron. Rosa y Daniel habían pasado sus exámenes satisfactoriamente, gracias a la ayuda del grupo de estudio.

   Era un nuevo día, para un nuevo ciclo escolar, Mauricio, Julian y Rosa se reencontraron esa mañana, ahora no llevaban el listón blanco en el brazo, ahora tenían que usar el listón rojo que los identificaba como estudiantes de segundo año.

   También tenían nuevo grupo, les habían asignado el grupo 23 y ahí estaban todos los antiguos alumnos del grupo 14. Lo mismo con los del grupo 11 y 12, que ahora serían el grupo 21 y 22, respectivamente.
   Al formarse junto a todos sus compañeros del ex grupo 14, Mauricio se dio cuenta de que el grupo 13 y el 15, mantenían sus filas como si continuarán en el curso anterior. Pero parecían confusos y temerosos. El chico vio a Mayra y a Betty cuchichear, al igual que a Daniel, echando relajo como siempre. Entonces, al recibir la orden de avanzar, se dio cuenta de que los ex 13 y 15, mantenían filas en el patio, y así fue incluso después de que los grupos de tercero avanzaran a sus aulas.
   Subieron al segundo piso, al aula 4. Ahí, Mauricio aprovechó para sentarse cerca de la ventana, quería seguir viendo a Mayra. Julian y Rosa lo imitaron y se sentaron junto a él. Pero no le duró el gusto, los ex 13 y 15 comenzaron a moverse y desaparecieron de su campo de visión. Además, no transcurrieron ni dos minutos, cuando una profesora entró al salón. Los chicos que andaban de pie, rápidamente tomaron sus asientos y el grupo guardó silencio.
-buenos días, muchachos-saludó la profesora. Mauricio la recordaba como su maestra de español del año pasado. En su momento le pareció una simplona y bobalicona, que, aunque era una mujer bella, no simpatizó demasiado con ella, pero ahora la veía diferente. Su belleza se resaltaba sobremanera con su cabello rubio natural y los ajustados jeans que llevaba, los cuales remarcaban sus generosos glúteos. Por alguna extraña razón, Mauricio había comenzado a notar más ese tipo de cosas en las mujeres. ¿Se estaba volviendo un pervertido? Probablemente, pero poco importaba, disfrutaba mucho ver esos detalles femeninos, y ahora, escuchar la delicada voz de su maestra y la forma en que se movía grácilmente frente a la pizarra, le fascinaba.
-creo que todos aquí se acuerdan de mí, soy la profesora Heidi Ordiales, y este año, además de ser su maestra de español, voy a ser su asesora, por lo que les voy a pedir, que si tienen dudas respecto a sus materias o tienen algún problema con un profesor, acudan a mí para buscar una solución.
   La profesora volteó al pizarrón y garabateó su nombre, y el número del grupo, el 23.
-ahora, este año tendrán nuevos compañeros, pues los grupos 13 y 15 se fragmentarán  para formar el grupo 24, los alumnos sobrantes, se distribuirán entre el resto de los grupos. Permítanme un momento.
   Entonces, la maestra Heidi abandonó el aula. Unos minutos después, regresó acompañada de 7 estudiantes de segundo. Mauricio tuvo un instante de certidumbre, al sentir que se había quedado sin ano, cuando este se le frunció cuando Gabriel Farías entró por la puerta, seguido de Roberto Cisneros.
   La sorpresa no fue grata, pero al menos, se alivió un poco cuando vio entrar a Daniel, detrás de los gañanes. El siguiente fue un muchacho al que no conocía, pero sabía que se llamaba Juan, y le bastaba saber que solía juntarse con Gabriel y Roberto para considerarlo otro escozor en el culo.
   Después entró una muchacha regordeta a la que no conocía de nada, salvo que el curso pasado iba en el grupo 13… luego, como si su ano no estuviera lo suficientemente fruncido, los órganos se le hicieron mierda, como si alguien los hubiera estrujado cual hojas de papel, cuando vio entrar a las dos últimas alumnas. Eran del ex grupo 13.
   Mayra y Betty pasaron entre las filas cuando la maestra Heidi les indicó que tomaran asiento. Mauricio se puso de pie cuando Mayra pasó a su lado, provocando risitas ahogadas entre el resto del grupo. Ella le sonrió, y le rozó un brazo cuando pasó. La miró sentarse en una de las bancas del fondo y después volvió a su lugar, notablemente avergonzando.
-se supone que su primera clase es inglés, pero su maestro se retrasara un poco más todavía-dijo la maestra Heidi, una vez se hubieron sentado los nuevos alumnos-ya nos presentaremos todos con sus nuevos compañeros, por ahora les daré sus horarios para el nuevo curso escolar. Por favor, vayan apuntando.
   Mauricio volteó una vez más, Mayra le miraba mientras sacaba su cuaderno. Ella le sonrió y él no dudó en devolverle el gesto. Las cosas habían regresado a la normalidad. Se dispuso a apuntar lo que su maestra estaba poniendo en el pizarrón.
   Nada del otro mundo: lunes. Un renglón abajo, Inglés, Matemáticas, Física… y Mauricio apuntó lo siguiente…
   “El destructor de mundos” Entonces se detuvo, aquello le pareció ridículo, ¿a qué se refería su maestra con eso? Entonces miró al pizarrón. La guapa maestra Heidi miraba lo que acaba de escribir, parecía vacilante. Luego, lo borró rápidamente, antes de que los otros estudiantes se percataran de ello. Y acto seguido, se tambaleó, como si estuviera ebria, trastabilló y se desplomó en la silla del escritorio. Los chicos más cercanos a ella se pusieron de pie y corrieron a auxiliarla, pero Mauricio no pudo ver nada de aquello, porque se había desmayado antes.

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