miércoles, 23 de noviembre de 2016

Capítulo 8: Un par de castigos.



VIII
Un par de castigos..

Las confrontaciones con Gabriel no se volverían a dar más, aunque el abuso, los insultos y las humillaciones, continuaron sin contratiempo. No así la interacción con la maestra Heidi. Qué, pese a no mejorar demasiado, parecía destinada a darse, sin importar la ocasión. No sólo se veían en clase de español, también al cambiar de aula, Mauricio tenía la mala (o buena, según se vea) fortuna de encontrarse a su asesora escolar, yendo de un salón a otro. Esto se debía a que la profesora Heidi cambiaba de salón al tocarle grupos de primero, pues el salón 12 era sólo para sus grupos de segundo y tercer grado.
   También en otros momentos. Por ejemplo, una semana antes de la próxima firma de boletas, teniendo prácticamente el fin de bimestre y de las evaluaciones del mismo ya impresas, Mauricio fue castigado junto a Daniel y a Miguel, el primo de Palomares, por una cuestión tan estúpida como el corte de pelo. Por alguna razón, la directora había comenzado una cacería de brujas contra los varones que llevaran el pelo más largo de lo debido. Mauricio era uno de ellos, y pese a tener semanas de amenazas y notas a sus padres, el chico hizo caso omiso a todo lo que le decían respecto a su cabello, hasta que la directora, apoyada por ciertos maestros, como el acérrimo enemigo del joven Silva, el profesor Victorino de educación física, decidió escarmentar a los estudiantes rijosos.
   Era obvio que la mayoría de chicos aludidos ya habían acatado las órdenes, no así Mau, quien inspirado por la rebeldía de Daniel, decidió pasarse por los huevos, las reglas y recomendaciones de su escuela. Entonces la directora mandó a detener a los infractores, imponiéndoles como castigo el estar todo el día parados en la dirección, sin recibir clases ni poder salir a disfrutar del receso. No era tan malo, salvo porque al día siguiente tendrían ya que haber acatado las órdenes, o no serían admitidos en la escuela y sus padres serían citados. Esa vez, luego del receso, la maestra Heidi los rescató, comprometiéndose a que sus alumnos irían el día siguiente como Dios, y las draconianas reglas de la escuela mandaban. Fue un jueves, día en que tendrían la materia de español al final de la jornada, por lo que estarían con la maestra Heidi detenidos, hasta que a ella le tocara dar clase al grupo 23.
   Primero tuvieron que soportar las burlas y los desdenes del grupo de tercero que le tocaba a la maestra Heidi tras el receso. Luego, la curiosidad que causaron a los alumnos del grupo 22, grupo en el que iba Marina, la prima de Julian.
-¿ahora te arrepientes de esto?-le preguntó Mau cuando vieron entrar a la chica. Ya que Daniel había declarado su amor por ella, y era conocido que sufría por su rechazo. Ellos estaban en los tres primeros pupitres del lado de la ventana, haciendo planas de “Debo traer el pelo corto” en sus cuadernos, primero Daniel, luego Mau y al último el excéntrico Miguel.
-mejor, así podré hablar con ella-le susurró, pero ella pasó de él.
   En su lugar, se detuvo frente a Mau y le saludó.
-¿qué estás haciendo aquí, Mau?-le preguntó después.
-castigado, por mi peinado de hippie-contestó él, y la niña estalló en carcajadas.
-pues te ves lindo con tu peinado de hippie-le dijo, al tiempo que le acariciaba el cabello, y la mejilla.
   Mauricio se estremeció, no sólo porque Marina fuera una chica bonita que parecía siempre tener un gesto lindo con él, sino porque Daniel estaba mirando todo aquello. En la escuela corrían rumores, rumores sobre un dibujo en una banca equis, en algún salón equis, de esa escuela equis, con el nombre de una tal Marina y un tal Mauricio, encerrados en un corazoncito equis…
   Pero se decían tantas cosas, a Marina también se le relacionaba con un tal Jonathan, de su mismo grupo, algo así como el Gabriel Farías del grupo 22. Aunque también con el mismísimo Juan, el nuevo adepto entre las huestes de Cisneros y Gabriel, cosa que a Julian y a Daniel, les ponía furiosos. Pero la muchacha no pasaba demasiado tiempo con los amigos, gracias al ridículo acoso a la que fue sometida por el amor adolescente de Daniel Gómez Iniesta, por lo que realmente no sabían si todo eso era cierto, o falso.
-Mari, ¿podría hablar contigo?-le susurró Daniel, mientras ella estaba ahí, de pie ante Mau.
-adiós, Mau, te veo al rato, me sentaría contigo, pero no quiero que me estén molestando…-dijo, y se fue a sentar con sus amigas lo más lejos que pudo de Daniel.
-¿te la está bajando el Silva, Gómez?-preguntó Miguel con notable cizaña.
-cállate, no digas tonterías…-respondió Mau. Él y Daniel se miraron-sabes que a mí no me interesan las chavas…
-entonces Farías tiene razón, y eres maricón-dijo Miguel. Mau tenía ganas de soltarle un puñetazo.
-me refiero a que no me interesa tener novia ni nada de esas mamadas…
-cállate, Becerril, o te hago que te calles-le amenazó Daniel-no hay pedo, Mau es como mi carnal, no importa si compartimos vieja, ¿verdad, Mau?
-pues que comparta a la Mayra...
-ya te dije que te calles, cabrón.
   Miguel no dijo nada más y continuaron con sus planas. Al final del día, la profesora les hizo quedarse un momento más. Les hizo jurar que se cortarían el cabello, y tras un sermón les dejó marcharse. Mauricio seguía notando esa incomodidad con su asesora, no podían cruzar mirada sin ofuscarse mutuamente.
   Y aquello volvió a repetirse el viernes. Por segunda ocasión en esa semana y en el año escolar, Mauricio sería castigado. Todo ocurrió en la última hora de clase, en educación física. Mauricio se había negado a entregar un trabajo sobre la historia del fútbol, que serviría para evaluar el bimestre, en lugar del examen de basquetbol que aplicaría al resto del grupo, argumentando que era algo estúpido y que perfectamente podía hacer la actividad física como todos sus compañeros.
   Discutieron, y Mau terminó faltándole al respeto cuando el maestro insinuó algo respecto a él y a su hermano Ángel. Algo así como que Ángel era el bueno y él ni a malo llegaba. Lo mandó a mitad del patio, a quedarse de pie hasta que terminara la clase, en la parte donde pegaba más el sol, además de declararlo reprobado en su materia. Aunque como el día anterior, no estuvo solo.
   El resto del grupo 23 estaba haciendo su examen de basquetbol, cuando llegó el turno de Mayra, de hacer su práctica, la muchacha se negó, cruzándose de brazos y negándose a recibir el balón de manos del profe.
-¿qué pasa, Mayra?
-me niego a hacer nada hasta que quite a Mauricio Silva de esa posición-declaró la niña, ante el asombro de sus compañeros-¿no ve que hace mucho sol?
-Mauricio se buscó su castigo, ahora procede a hacer la actividad.
-pues no la haré, repruebe si quiere, no dejaré que siga esta injusticia…
-pues ve a hacerle compañía, me decepcionas
   El maestro escribió en su libreta, entonces Mayra fue a acompañar a su amigo en el castigo, pero no contaba con lo que haría Rosa.
-¡qué injusto, no se vale!-gritó la muchacha y pateó uno de los balones de basquetbol que había por ahí regados, sin embargo, la patada fue dirigida hacia la motocicleta del profesor, que se desplomó brutalmente al recibir el impacto.
   El grupo exclamó sorprendido. Rosa palideció, al igual que su profesor, quien sólo hizo una mueca. Caminó con toda la calma del mundo a recoger su vehículo y después regresó con el balón bajo el brazo.
-qué buena patada, Rosa, diría que juegas fútbol y lo haces bien, pero me temo que estás reprobaba en mi clase, ve a pararte con Mauricio y con Mayra.
   La chica obedeció sin rechistar. Entonces sus compañeros siguieron con su actividad.
-eso fue… inesperado-le dijo Mayra.
-fue brutal-asintió Mauricio-¿enloqueciste?
-no era mi intención, creo que me pasé-explicó Rosa-es que me pareció injusto que los castigara así namás.
-fue algo tonto-les dijo Mau-de parte de las dos, mi guerra con Victorino no debe ser la suya.
-si tan sólo hubieras hecho el trabajo que te pidió-le recriminó Mayra. Él la miró, se veía hermosa. Su cabello castaño corto, lo llevaba sujeto en una coleta, despedía destellos dorados y achocolatados, y sus mejillas estaban muy rosadas, por culpa del sol que castigaba su hermosa piel blanca. Ambas chicas llevaban el short de la escuela, pero sólo Mayra le hacía justicia con sus largas y bien torneadas piernas blancas. Además, su playerita mostraba generosamente sus enormes pechos de adolescente precoz. El muchacho se estremeció, pero se sintió tremendamente agradecido que estuviera con él, y no allá, con el resto de pervertidos del grupo, esperando lo que siempre esperaban de Mayra cuando salían a educación física. Qué Mayra tuviera un pretexto para correr o saltar, por obvias razones. Aunque esto también lo esperaba Mauricio, cabe mencionar.
-¿para qué?, bien puedo hacer unas cuantas canastas…
-ni eso puedes, admítelo, hasta Betty es mejor que tú, tirándole a la canasta-le replicó Rosa.
   Mau gesticuló malhumorado.
-vamos, Mau, ¿tanto te costaba? -Mayra le miró con sus bellos ojos azules. Mauricio le devolvió la mirada, pero no resistió acariciarle la mejilla derecha, colorada y adorablemente hermosa.
-pareces un jitomate.
   Ella sonrió.
-sí, yo también adoro como se ponen tus cachetes colorados, May-le dijo Rosa.
-dejen de hablar de mis cachetes-dijo Mayra, todavía sonriendo-mejor dinos, ¿qué le dijiste al maestro para que se enojara tanto?
-sí, Mau dinos…
-a mí también me gustaría saber.
   La maestra Heidi había aparecido, estaba detrás de ellos en la banqueta. Luego bajó con delicadeza y se aproximó a ellos.
-¿debería empezar a acostumbrarme a verte castigado, Mauricio?
   Mau no supo qué decir.
-maestra Heidi…-Mayra iba a hablar, pero la maestra la detuvo.
-voy a ir con el profesor, ahorita hablamos.
   Y los dejó ahí. Mauricio no sabía si debía temer ahora, su asesora nunca le pareció una mujer iracunda, siempre era dulce y considerada con sus alumnos, incluso a la hora de aplicar castigos o malas calificaciones, pero tras ver su rostro luego de hablar con Victorino, se dio cuenta de que la dulce Heidi, podía enojarse, y en serio.
   Ella regresó con los castigados, tras unos minutos de hablar con Victorino.
-tráiganme sus cuadernos de comunicación, rápido-les ordenó la profesora.
   Todos los alumnos de la escuela secundaria número 20, tenían unas pequeñas libretas adicionales a sus cuadernos, las cuales estaban destinadas para las observaciones que pudieran tener los docentes de las diferentes materias, respecto a los alumnos. También servían para enviar recados y mensajes a los padres de familia.
   Al regresar del salón, Mau y las chicas le entregaron sus cuadernillos de comunicación a la maestra, los tres forrados con el color de su grado y el escudo de la escuela.
-muy bien, quédense aquí, niñas, Mauricio, tú ven conmigo.
-hace mucho sol, maestra, ¿nos podemos poner en la sombrita? -preguntó Rosa, pero la maestra Heidi la fulminó con la mirada.
   Mau se despidió de sus amigas con una sola mirada, y siguió a la maestra hasta el tercer piso, al aula que ella solía usar para impartir su materia.
   Al llegar, el muchacho se dio cuenta de que no había nadie. Se sorprendió, ya que pensaba que tendría a un grupo a esas horas. Sus cosas estaban en el escritorio, entre varias hojas que parecían ser exámenes de sus muchos alumnos. Ella se sentó tras el escritorio, y de inmediato encaró al chico, a quien ni siquiera le pidió sentarse.
-¿qué sucedió?-le preguntó con mucha seriedad.
   Mau no vaciló, le miró a los ojos, fijamente. Eran bellos y oscuros, que de inmediato se llenaron de temor e incomodidad.
-creo que le falté al respeto al maestro Victorino.
-decir que le faltaste al respeto es decir poco, Mauricio.
-lo llamé, “imbécil”
   Ella asintió, y no pudo resistir más los ojos de Mau. Desvió la mirada.
-has insultado a un maestro, lo que acabas de hacer es muy grave. Si decide sólo reprobarte, que ya es un hecho, tendrás mucha suerte. Si va con la directora, te pueden hasta expulsar, Mauricio.
-también le dije que era un “pendejo”, discúlpeme por la palabrota.
   Heidi se estremeció.
-¿algo más?
-no, maestra, es todo. Perdón, no debí de hacer eso.
-una disculpa no será suficiente. Me ha dicho que tu actitud siempre es altanera, apática y constantemente lo desafías en su autoridad. ¿qué sucede contigo? Esto afectará tus calificaciones, siendo que de momento vas muy bien. Vas a ser el único que repruebe educación física…
   “Será que no sabe lo que hizo Rosa” Pensó Mauricio.
-¿y qué hizo Rosa?
   Mauricio se sorprendió, e instintivamente retrocedió unos pasos, luegos se hurgó los bolsillos en busca de su inhalador.
-ella no hizo nada…
-lo acabas de decir, “Será que no sabe lo que hizo Rosa” ¿qué hizo?
-nada… en serio. Yo no dije nada.
-te escuché…
   Guardaron silencio, sus miradas se volvieron a cruzar, la maestra se incomodó de nuevo ante los ojos de su alumno.
-escucha, el lunes es la firma de boletas, ya hablaremos con tu mamá de esto. Ahora, regresa con tus compañeras a tu castigo. Les regreso sus cuadernos cuando suene la campana.
   Entonces se puso a escribir los reportes en los cuadernos de comunicación. Pero Mau no se movió.
-maestra-dijo-aunque no sirva de nada, iré a pedirle disculpas al profesor Victorino, sólo no quiero ganarme su enemistad. No soy tan malo, sólo que a veces soy todo un cab… un tonto que habla sin pensar. Es sólo que el maestro siempre me habla de mi hermano, pero eso no es lo raro, casi todos me dicen lo buen estudiante que era y todo eso. Lo que me frustra es que el maestro Victorino intente compararme con él, tan sólo porque es mi hermano y mi papá fue futbolista, me jode mucho que crean que yo debo ser como ellos… perdóneme por mi vocabulario es que…
   Ella sonrió.
-casi nunca te escucho decir groserías, hasta me sorprende que las conozcas… pero hablando en serio, no tienes por qué preocuparte, sólo quiero hablar con tu mamá para que podamos corregir esta situación, eres de los primeros de la clase y no me gustaría que tu promedio se afectara por reprobar la materia del maestro Victorino. Además, me parece que eres un buen niño. Me gustaría que continuáramos relacionándonos así, Mauricio.
   Silva suspiró aliviado, la maestra Heidi le parecía ahora más hermosa y su presencia le incomodaba menos. De todos modos se llevó su reporte, y ya era una realidad que Victorino le reprobaría en el bimestre.
   De esa forma, transcurrió el fin de semana, el día de la segunda firma de boletas llegó, así como la hora de afrontar situaciones nuevas que cambiarían la vida de Mauricio Silva, y que lo cambiarían a él.

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