V
En un fin de curso.
Era
domingo por la mañana. Mauricio se había levantado con nuevos bríos, el único
día de la semana en el que toda su familia, se tomaba unas horas más de sueño.
El día anterior, el sábado, la había pasado
encerrado en su habitación, saliendo únicamente para comer y cagar. Tampoco se
había dignado a contestar las llamadas de Mayra y de Julian. Y es que el
viernes, luego de lo ocurrido en casa de Ginger, y tras el sermón de su madre, casi
se había desconectado de la realidad. Por lo que se tomó todo un día para
asimilar que lo que habían vivido él y sus amigos, no había sido resultado de
su imaginación. En efecto, habían presenciado la muerte de un hombre, mediante
alguna especie de visión sobrenatural.
Aquella mañana de domingo, Mauricio tuvo un
breve momento de negación, le pasó por la cabeza regresar a la cama y esperar
hasta que fuera lunes para volver a la escuela. Sin embargo, se puso la ropa
del viernes (pues el sábado la pasó en calzoncillos todo el día) se enfundó en
una chamarra y abandonó su habitación tras 17 horas de encierro en ella.
Caminó por el pasillo y se detuvo frente a
la puerta del cuarto de sus hermanas. El piso de concreto, frío y áspero,
escondía sus pasos y cualquier ruido posible que pudiera hacer mientras
caminaba. De esa forma, podía escuchar los sonidos que hacían los miembros de
su familia. Mientras tomaba el pomo de la puerta, se puso a pensar en las pocas
veces que había estado en el cuarto de las chicas, desde que vivían en casa de
los abuelos. Realmente nunca tuvo deseos de entrar, ¿quién querría estar en el
recinto de la privacidad de sus propias hermanas? Sin embargo, la única vez que
lo había hecho por mera curiosidad, y no porque Jenny le hubiera invitado a él
y a Mayra a jugar, había aprendido una valiosa lección para no volver a hacerlo. Y es
que aquella vez, toda la familia había salido por alguna razón, tan sólo se
habían quedado él y Fernanda, ambos encerrados en sus respectivas habitaciones.
Mau se quedó dormido en ese entonces y al despertar, había perdido la noción
del tiempo. Salió y pensó que estaba solo en la casa, así que para cerciorarse
de que fuera así, se le ocurrió entrar al cuarto de las chicas.
Ni qué decir que la primera mujer desnuda
que vería en su vida, fuera su propia hermana mayor. Encontró a Fernanda frente
al espejo de cuerpo completo que tenían las niñas en su cuarto. Tan sólo
llevaba puesto un calzoncillo de encaje blanco y las calcetas de la escuela. La
chica se estrujaba con la mano izquierda, su gran pezón derecho, mientras que
la derecha, la mantenía dentro del calzoncito, haciendo extraños movimientos.
Mau la observó haciendo todo esto, mientras se miraba coquetamente en el
espejo. No supo entonces como sucedió, pero tras la sensación de sorpresa y de
fascinación que experimentó al ver a su hermana de esa forma, el miedo se
apoderó de él, y lejos de intentar escapar de ahí, aprovechando que ella
parecía sumamente ocupada en lo que sea que estuviera haciendo, sus piernas se
hicieron de piedra. No se movió hasta que hubo pasado un minuto entero, y sus
jadeos le delataron ante ella.
Fernanda tuvo primero el instinto de
cubrirse los generosos pechos, pero luego su rostro se transformó en el de una
homicida. Avanzó hacia él, cubriéndose con el brazo derecho. Entonces, poco
antes de llegar hasta él, Mauricio volvió a ver toda la magnificencia de sus
tetas cuando ella cambió el brazo con el que se cubría.
Después de todo, la fuerza que aplicó en la
colosal bofetada que le propinó, no hubiera sido la misma si se la hubiera dado
con la mano izquierda. El muchacho se fue de espaldas, y entonces ella le cerró
la puerta con mucha rabia.
Ahora, mientras se decidía a fisgonear de
nuevo en el cuarto de las chicas, recordaba con claridad aquel momento.
Dudó un momento más, y entonces entró.
Al igual que en su cuarto, que antes
compartía con Ángel, Jenny y Fernanda tenían sus camas en cada extremo de la
habitación, pegadas a la pared, con un pequeño ropero en el medio de ambas.
El espejo que se describió con anterioridad, estaba en la pared de Jenny, justo
a los pies de la cama de esta, quedando así, frente a la puerta. En el lado de
Fernanda, había una especie de mueble aparador, clavado a la pared, este estaba
repleto de peluches, y muñecas Barbie, en las partes superiores, mientras que,
en las inferiores, había revistas para adolescentes, cuadernos y libros de la
escuela, pertenecientes a ambas chicas. También había un brasier y otras
prendas más, colgando de una de las esquinas del mueble aquel, lo que hizo que
Mauricio recordara el incidente con su hermana, otra vez.
Se despejó la cabeza y avanzó entre las
tinieblas, pues al no tener ventanas, la oscuridad era más intensa que en el
pasillo. Entonces se detuvo al pisar algo blando. Se agachó, y recogió el
peluche favorito de Jenny. Era el personaje Pikachu de la serie animada,
Pokémon. Lo tomó y con cariño lo colocó en los brazos de la niña. Ella dormía
con los brazos abiertos, todo caos y ternura, con las cobijas casi hasta las
rodillas. A diferencia de Fernanda, quien dormía toda tapada, como si vivieran
en el polo norte, “envuelta como tamal” según decía su madre.
Pero al hacerlo, Jenny se movió bruscamente
y se despertó. Mau pensó que iba a gritar, algo que él mismo hubiera hecho si
se encontrara una figura oscura y silenciosa, fisgoneando en su cuarto, pero no
lo hizo.
-
¿quién eres? -gimoteó la niña- ¿Joaquín?
-soy
Mau…
El muchacho susurró, y la instó a que
guardara silencio.
-
¿qué pasa, Mau? - Jenny se sentó y miró al peluche en sus brazos.
-parece
que Pikachu quería huir de nuevo…-dijo él, notando su sonrisa en la oscuridad.
-sí,
es muy travieso… pero ¿qué estás haciendo aquí? Se va a enojar Fer…
Él se acuclilló, para quedar al nivel de
ella.
-Jenny,
¿sabrás dónde guarda Fernanda, su celular?
La niña no titubeó y bajó de la cama. No
tuvo que ponerse las pantuflas pues sólo se estiró un poco, para abrir uno de
los cajones del ropero, el más cercano a la cama de Fernanda. De ahí, extrajo
un aparato de color negro, que daba la impresión de ser una especie de tabique
pequeño.
-ten…-le
susurró ella.
-gracias…
-
¿le vas a hablar a Mayra? ¿por qué no le hablas del de la casa?
Mauricio vaciló, no le sorprendía la
perspicacia de Jenny, pero a veces le abrumaba.
-sólo
le enviaré un mensaje, ella también tiene celular-explicó él, mientras oprimía
las teclas del celular de Fernanda.
-oye,
ayer te estuvo hablando,
-sí,
ya sé.
-
¿no querías hablar con ella?
-no.
-
¿por qué?
-pues
porque no…
-
¿por qué no?
-pues
porque no estaba listo…
-
¿para qué no estabas listo?
Mau la miró con exasperación.
-Jenny…
-
¿qué?
-no
hagas ruido, se va a despertar Fernanda…
-bueno…-
la niña volvió a la cama, se tapó hasta la cintura con su edredón de “La
sirenita” y acurrucó al Pikachu de felpa en sus brazos. Se quedó en silencio,
mirando a su hermano.
Tras unos minutos, dejó el teléfono celular
de su hermana, de vuelta en el cajón. Esta acción hizo un poco de ruido, y por
un momento pensó que Fernanda despertaría y lo atraparía in fraganti, pero ella
sólo se movió un poco.
-
¿a dónde vas? -cuestionó la niña, en apenas un susurro.
-a…
mi cuarto.
-
¿en serio?
-no…
voy a salir, pero…
-sí,
no le diré a nadie, menos a Fernanda que agarraste su cel.
Mau asintió, se había alejado un poco de la
cama de Jenny, y apenas podía verle las facciones. Pero si algo tenía su Jenny,
es que era sumamente leal y no dudaría nunca de sus palabras.
-
¿te vas a tardar?
-no
lo creo…
Volvió a vacilar, luego se acercó de nuevo a
la cama, y tras unos segundos, Jenny saltó de la cama, y en silencio se
abrazaron. Luego, sin decirse nada, se separaron. Ella volvió en silencio a su
cama, y Mau abandonó el cuarto sigilosamente.
De
esa forma, Mauricio se aseguró de abandonar la casa, sin que sus padres se
dieran cuenta. Cruzó el patio, también con extremo sigilo, pues alcanzaba a ver
luces encendidas en casa de tía Márgara, lo que menos deseaba era encontrarse
con ella, o con la simpática Luciana.
En la salita de los abuelos, que siempre
estaba abierta, o al menos sin llave en la puerta, también pudo ver destellos
de luz. Pasó como ninja, antes de toparse con su abuela, que ya estaba
preparando el café.
Ya en la calle, aspiró un poco de aire
matinal. Mientras se daba una dosis de su inhalador, y miraba el cielo todavía
oscurecido, se dio cuenta de que alguien cruzaba la calle para encontrarse con
él.
-mira
nomás, pensé que ya estarías en el manicomio…-le dijo Daniel y se detuvo en seco
al mirar la expresión de Mau.
El chico retrocedió y decidió darse otra
dosis de su inhalador.
-lo…
digo, perdón, no debí de hacer un chiste tan pendejo, perdóname, Mau.
-
¿qué mierda haces aquí?
-cuánta
hostilidad, ya te dije qué perdón…
-no,
en serio, ¿Qué haces aquí, Daniel?
Daniel llevaba una chamarra abultada, de
esas que Mauricio catalogaba como “de policía”, en sus amplios bolsillos, metió
las manos y se estremeció un poco. No hacía frío, pero la brisa matinal era muy
fresca.
-ayer
le dije a Mayra que viniéramos a buscarte, pero me dijo que no querías
contestar.
-
¿ella te llamó?
-
¿ayer?, sí, estuvimos hablando de eso, por eso queríamos verte…
-no,
me refiero a si te llamó hoy.
-
¿hoy? Pero si es re temprano…
Daniel miró a Mau con rareza.
-bueno…-
y comenzó a caminar.
-
¿a dónde vas?
-a
casa de Mayra, quedé de ir a verla hoy…
-vaya,
vaya, te saliste temprano para ir a verla, ¿no?
-le
envié un mensaje a su celular-dijo, como si con eso explicara todo.
Daniel le siguió, todavía con las manos en
los bolsillos.
-
¿y qué crees que haiga pasado?
-preguntó Daniel mientras doblaban por la esquina hacia río San Joaquín.
-
¿de qué?
-ya
sabes, no te hagas… eso… lo que pasó en casa de Ginger.
Mau negó con la cabeza.
-quizá
sólo se trató de una alucinación… o le pusieron algo a las bebidas en esa puta
fiesta.
-ni
tú te crees eso, Mau…, ni tomaste, además.
Comenzaron a subir el puente peatonal y Mau
decidió que guardaría silencio hasta llegar a la casa de Mayra, Daniel lo
entendió y le imitó, aunque de vez en vez, soltaba alguno que otro chascarrillo
para romper el hielo.
No tardaron mucho en llegar, eran casi las 6
y media de la mañana, el día ya había clareado cuando estuvieron de pie, frente
al zaguán de Mayra.
-apuesto
que es un palacio por dentro-dijo Daniel, mirando por entre las rendijas-sus
tíos tienen coche cada uno, se ve que no viven nada mal…
Mauricio también se asomó, esperando que
Mayra estuviera en la sala o al menos lo más cerca de la entrada, no deseaba
tocar y despertar a los tíos de la chica.
Sin embargo, no hizo falta tocar el timbre,
luego de un par de minutos, la puerta de la casa se abrió, y los muchachos
pudieron ver entre las rendijas del zaguán, a una jovencita enfundada en una
bata color crema.
Mayra abrió el portón y recibió a sus amigos
con sendos besos en la mejilla. Mauricio sintió que se le iba la respiración.
-Mau…
no debiste molestarte en venir-dijo la chica-tú tampoco Daniel.
-yo
no sabía que vendríamos a verte…digo, fui a verlo a él, y me entero que venía
para acá-explicó Daniel.
-pues
de todos modos, perdón por hacerlos venir…
Ella se quedó mirando a Mau, el chico
parecía pálido y a punto de sufrir un colapso como la noche en casa de Ginger.
-te
ves… te ves bien-musitó Mau, sintiéndose estúpido.
Mayra se sonrojó notablemente y sonrió.
-gra-
gracias, pero estoy toda fachosa…
Aquello no parecía importar, de hecho, la
visión que regalaba Mayra, era simplemente tierna, si uno la miraba de abajo
hacia arriba, podía actuar igual de imbécil, como Mauricio Silva en esos
momentos. Llevaba unos tenis blancos, un poco desgastados que cubrían sus
hermosos pies sin calcetas, un pequeño pero holgado short rosado, presumía unas
hermosas y torneadas piernas blancas, largas y perfectas. La bata y la
playerita de los ositos cariñositos, complementaban esa apariencia tan infantil
y tan sensual a la vez. Tenía el cabello suelto, un poco despeinado pero
sedoso, hermoso y brillante.
-es
que tú, hasta fachosa te ves linda, cabrona-le dijo Daniel con una sonrisa
pícara-seguro que eso fue lo que quiso decir Mau.
-no…digo,
sólo fue…-Mau tartamudeó.
-
¿quieren pasar? Vengan, entren.
La chica los pasó a la sala, donde Mau ya
había estado con anterioridad. Estaba oscuro, pero, aun así, los muchachos
pudieron observar que había un poco de desorden. Había copas de cristal vacías
sobre la mesita de Mayra, un tazón con maíces y vestigios de palomitas, una
bolsa a medio consumir de Doritos Nachos, y una botella de vino, también a la
mitad.
Daniel esbozó una mueca y tomó la botella de
vino, se la pasó por la nariz y soltó una exclamación.
-güey,
jamás he tomado vino-luego le dio un sorbo-nada… mal.
Mayra cerró la puerta principal, y cuando
tomó a Mauricio del brazo, para llevarlo hasta el sofá, Daniel ya devoraba el
resto de las frituras que había en la mesa.
-perdón
por el desorden, anoche mis tíos y yo nos desvelamos viendo películas…-explicó
ella.
-bueno,
pos ya que estamos aquí, una vez nos invitaste a desayunar, sería buen momento
para hacerte cumplir tu promesa-dijo Daniel, terminando con los Doritos.
-no
seas abusivo…-gruñó Mau, todavía de pie, detrás de Mayra.
-por
supuesto, no me gusta romper mis promesas-asintió ella con una sonrisa-entonces
vamos a la cocina.
-no
es necesario, Mayra-protestó Mau.
-cállate,
no hagas panchos, Mau-Mau-le dijo Daniel y se puso a seguir a Mayra hasta la
cocina.
-ven,
Mau, sirve que platicamos mejor.
-pero
tus tíos…
-no
se levantarán hasta las 9 o las 10.
-vaya,
igual que mis papás…
El comedor de Mayra estaba a un lado de la
cocina, aunque era más que obvio que casi no lo usaban. Los habitantes de la
casa eran tres, y para el ritual de los desayunos, comidas y cenas, se
utilizaban las encimeras del centro, acompañadas de tres bancos altos para cada
miembro de esa familia.
Daniel se apresuró a sentarse en uno de los
bancos, en tanto Mayra encendía la luz. Mau no evitó fijarse en la bonita
cocina, bellamente decorada con un papel tapiz floreado y llena de utensilios y
electrodomésticos, con los que su madre sólo podría soñar. Luego optó por
sentarse.
-
¿quieres que te ayudemos con algo, May? -preguntó Mau.
-no
se preocupen… mejor dime, Mau, ¿por qué no contestabas el teléfono?
Ella sacó de una alacena, un paquete de pan
Bimbo, tomó varias rebanas y las dejó en la encimera donde estaban Daniel y
Mau. Tomó dos y las colocó en el tostador. Luego encendió la estufa.
-Les
haré unas tortillas españolas, ¿bien?
-¿tortillas
españolas? Huevos revueltos, dirás-dijo Daniel con una sonrisa y se puso a
comerse el pan que había dejado Mayra-vamos Mau, contéstale a la dama…
Mau vaciló.
-no
lo sé… es decir, no me sentía bien. ¿qué pensaron ustedes luego de lo ocurrido?
Acaso…
acaso, ¿enloquecimos o algo así?
Se atragantó un poco y tuvo la necesidad de
sacar el inhalador, pero se contuvo. Mayra había sacado una tabla, y estaba
partiendo unos pimientos y un poco de cebolla. Ella le miró sin descuidar su
labor.
-nunca
digas eso.
-
¿qué? ¿lo de estar enloqueciendo? No te preocupes, no me afecta, hasta Daniel
hace chistes sobre eso…
Tras decir eso, Mayra fulminó con la mirada
a Daniel, quien se encogió en su asiento.
-ya
te pedí perdón Mau, qué carajos contigo.
-no,
Mau, no. Todos lo vimos, Julian y Betty pueden constatarlo. Todos deberíamos de
estar… bueno, ya sabes- explicó ella sin dejar de picar el pimiento.
-
¿Julian y Betty?
-es
que no hemos podido hablar con Rosa ni con Ginger-dijo Daniel, comiéndose otro
pan-me cae que a la Rosi la tienen castigada.
-
¿y cuáles fueron sus conclusiones? Digo, debieron de haber llegado a algo
mientras se reunían a mis espaldas-dijo Mau con amargura.
-no
me vengas con esas mamadas-dijo Daniel-te estuvimos buscando todo el puto
sábado y nunca te dignaste a aparecer, el joto de Julian y yo, te buscamos en
la tarde en tu casa, pero tu abuelo nos dijo que no estabas.
Mayra
había echado la mezcla del huevo a la sartén y había puesto más pan en el
tostador. Mientras escuchaban el crepitar de la flama y del huevo comenzando a
cocinarse, guardaron silencio, un poco incómodos.
-si
hay algo que no me puedo quitar de la cabeza… es la forma en que se ahogaba ese
hombre-ella miró fugazmente a Mauricio y se volvió a batir otro par de huevos.
-como
si… como si se estuviera muriendo de asma, ¿no? Casi como si yo lo hubiera
matado, ¿esa fue su conclusión de ayer? -carraspeó Mauricio, teniendo de nuevo
la necesidad de sacar el inhalador.
-yo
no dije eso-espetó ella.
-cálmate,
Mau, andas muy flamenco-le dijo Daniel.
-No-exclamó
el chico, la sensación de sofoco se estaba agravando-No… es que… yo siento que
fue así. Yo lo maté, yo le transferí mi asma y lo maté con eso…
Volvieron a guardar silencio.
-suena
como a la Dimensión Desconocida-dijo Daniel, masticando con más lentitud ahora.
-yo
pensé lo mismo… la primera vez-musitó Mayra.
-
¿en serio?
-sí…
pero creo ahora que, fue algo más de nosotros. De alguna forma, todos influimos
en eso-explicó ella, sirviendo en un plato la tortilla.
-entonces
todos lo creen… ¿no? ¿ayer discutieron de eso?
-Betty
no-dijo Daniel.
-Betty
parece ser la más escéptica de todos-comentó Mayra.
-
¿sí?
-así
es, ella piensa que fue una alucinación. Dijo algo así como que a lo mejor
estaban fumando marihuana en la fiesta y nos chingamos todo el humo.
-eso
también podría haber ocurrido, Daniel-le dijo Mayra con una sonrisa.
-sobretodo
tú, ¿no? La chica curiosa de los cigarrillos-masculló Mau con notable
desprecio, aunque lo disimuló con una sonrisa como la de Mayra.
-ni
siquiera lo probé, tú me lo quitaste, y de una manera muy grosera, si puedo
recordar-ella le miró con sorna. Volvieron a guardar silencio.
-mota
o no, algo nos pasó allá-intervino Daniel-yo al menos no estaba pedo como para
andar con esas mamadas.
-nadie
salvo Rosa, Ginger y tú, tomaron alcohol.
-quizá
sea algo que debamos olvidar-asintió Mauricio cuando Mayra le colocó el plato
con la tortilla y un par de rebanadas de pan tostado.
-sí,
eso creo.
La mirada de Mayra se posó en Mau, luego se
dio la vuelta y le pasó la otra tortilla a Daniel.
-
¿quieren café, leche o jugo?
Después
de aquel desayuno y el siguiente lunes por la mañana, en que todos volvieron a la escuela, no se volvió
a hablar más del tema. Principalmente por Rosa, quien había decidido dejar en
el olvido aquella noche. Y ni siquiera Daniel o Mayra, los más insistentes en
ello, pudieron hacerla cambiar de opinión. Ese suceso le afectaba más a ella
que a los demás y no les quedó de otra que aceptar sus deseos. Para Mauricio, para
quien también había sido una experiencia traumática por las consecuencias que
pudiera traerle a su vida si se lo contaba a alguien fuera del grupo de amigos,
le pareció más que justo. Si no se hablaba de ello, no se olvidaría, pero
tampoco estaría ahí para afectarles.
Así que el resto del año, se pasó
relativamente pronto. Los muchachos no tuvieron problemas con sus promedios,
salvo Daniel, que tuvo que quedar a deber Matemáticas e Historia, debido a sus
bajas calificaciones en todo el año escolar. Por esa razón, para las vacaciones
de verano, Mayra les había propuesto a todos, ayudarle a Daniel con sus
estudios para que pudiera pasar los exámenes extraordinarios.
Sin embargo, un día antes de salir de
vacaciones, Mauricio comenzó a sentir extraños sentimientos respecto a Mayra.
Al salir del aula número dos, en la planta baja del edificio principal, el
muchacho pudo ver a su mejor amiga hablando con un estudiante que no pertenecía
a ninguno de los chicos del grupo de amigos.
Él y Julian iban caminando por el patio,
cuando Mayra y aquel sujeto, comenzaron a dirigirse a la rampa de salida.
Mau quiso apresurar el paso, pero Rosa,
quien estaba despidiéndose de sus amigas del grupo 14, les retrasó un momento.
Una vez finalizada su despedida, la chica les alcanzó a mitad del patio, pero
para eso, Mayra ya había salido de la escuela.
-gracias
por esperarme, guapotes-dijo Rosa, con voz agitada.
-a
Silvia y a Berenice las verás el año que viene, seguro-le dijo Julian.
-sí,
no tenías que quedarte a hacer todo un show-masculló Mau, apresurado por alguna
razón.
-ojalá
muchachos, es que son mis muy mejores amiguis
de todo el mundo… y ustedes también, ojalá me vuelva a tocar con ustedes
igual-y entonces se puso en medio de ambos, y les tomó del brazo, mientras
caminaban a la rampa.
-claro,
ya verás que sí, Rose-le dijo Julian,
jovialmente.
-
¡ay!, me vuelve loca tu acento inglés, Juli-ella soltó una carcajada y luego
preguntó- por cierto, ¿qué hacía Mayra con el pendejo de Gabriel Farías? No me
digan que no la vieron desde el salón.
Mau se estremeció, su estómago parecía tener
piedras y una rabia repentina se adueñó de él.
-quien
sabe-respondió Julian.
-deberías
cuidarla, Mau, ese pendejo es un patán de lo peor, un cochino y un maldito-le
dijo ella.
-no,
no tengo por qué estarla cuidando, ni que fuera mi…-y se atragantó con sus
propias palabras.
-
¿tu novia?
-no
digas idioteces…
Mau soltó a Rosa del brazo, y se puso a
caminar más rápido. Sus amigos le miraron desconcertados.
Al salir de la escuela, Mau buscó casi con
desesperación a Mayra, entre el mar de estudiantes y padres. La pudo ver cerca
de Gabriel Farías. Parecía feliz, sonreía y tenía un brillo en los ojos que Mauricio
nunca le había visto. Era una visión angelical, porque Mayra parecía realizada
y completa, una situación que a Mauricio le hubiera llenado de regocijo en el
pasado, pues siempre se ponía alegre cuando Mayra lo estaba, pero en ese
momento, no podía sentir otra cosa que una intensa rabia.
Cosa que pasó muy rápido, pues aquello se
convirtió en dolor, un intenso dolor que estremeció todo su cuerpo, aunque no
venía de ningún lado y no era físico.
-parece
muy ocupada…-dijo Rosa con cautela. Ella y Julian le habían alcanzado y también
miraban a Mayra y a Gabriel Farías reír y pasarla bien, no muy lejos de ahí.
Mauricio no dijo nada, entonces volteó a su
alrededor, miró primero a sus amigos y luego miró, un poco más allá de Mayra y
Gabriel, a su hermana Fernanda, esperándolo mientras comía una nieve de limón.
-bueno,
espero verlos el año que viene-les dijo.
-pero
¿sigue en pie lo del burro de Daniel? -preguntó Rosa.
-sí,
ya quedamos en ayudarle con sus estudios-asintió Julian, aunque no muy seguro
de sus palabras, parecía que el ver a Mayra platicando con el que parecía ser
su enemigo declarado, también le afectaba.
-
¿Mau?
-sí,
ya saben… nos veremos en casa de… de ella, pues.
Miró a Mayra una última vez y entonces les
dio un abrazo a sus amigos, lo más caluroso que pudo, pues en su estado, se sentía
como un cubo de hielo.
-adiós,
Mau, te quiero muchísimo, no te olvides nunca de eso-le susurró Rosa mientras
se fundían en un abrazo cariñoso.
-nos
vemos el año que viene, mi británico amigo-Mau también abrazó a Julian, aunque
de una forma más masculina.
-
¡huy!, ya bésense, que no les de pena que yo esté aquí-les dijo Rosa
pícaramente.
-cállate-masculló
Mau pero a ella sí la beso.
-Nos
vemos para entonces…
Y tras despedirse, Mau cruzó hasta la otra
acera, para evitar pasar cerca de Mayra y Gabriel. Llegó hasta su hermana, se
miraron en silencio.
-
¿a qué se debió eso? -le preguntó ella.
-
¿de qué hablas?
-ese
rodeo que hiciste para venir, pareces un loco… digo, un tonto.
-pues
ha de ser eso, que soy el loco de la familia.
Fernanda se dio cuenta de que la había
cagado y cambió sus facciones.
-
¿quieres de mi nieve?
-no,
¿dónde está mamá?
-la
pequeña Jenny se graduó ayer, hoy tenía festival de salida de sexto, me parece
que se va a tardar.
-pues
vámonos.
Fernanda asintió, pero antes le dijo algo
que le sacó de onda.
-hay
más chavas en el mundo, Mau, no puedes obligar a una a que te quiera…
-
¿de qué mierda hablas?
Ella le señaló a Mayra.
-ni
creas que no me he dado cuenta, ella pasa mucho tiempo últimamente con ese
güey, y a ti afecta…
“En serio” Pensó Mauricio, aunque
indispuesto a creer que todas las veces que Mayra se ausentaba o negaba a salir
con ellos a algún lado, estaba pasándola con ese cerdo de Gabriel Farías.
-no
digas idioteces, mejor vámonos.
Y así lo hicieron. Encontraron a su madre en
el mercado, acompañada sólo de Jenny. Llegaron todos a casa y se dispusieron a
festejar la salida de Jenny y de Fernanda, de la primaria y secundaria
respectivamente. Todo tendría que ser algarabía, pues don Luciano había
comprado refrescos y botanas, y doña Margarita había horneado un pastel y
preparado una cochinita pibil para la ocasión.
Pero
Mauricio se sentía ajeno a todo ello, una punzada de dolor le impedía sentir
gozo por ver a toda la familia reunida. No lo sabía, pero su corazón se estaba
fragmentando en pequeños pedazos que se le clavaban en el alma y lo destrozaban
internamente. El fin del curso escolar significaba mucho para la mayoría de
estudiantes, pero como todo final, podría traer situaciones inesperadas, y
Mauricio sentía que el final de otra cosa, se acercaba, aunque se negaba a creerlo.
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