VII
Confrontación.
Mauricio
no recordaba el momento en que su maestra había comenzado a sentirse mal, pero
sí recordaba exactamente el momento en que Daniel y Palomares, uno de los
compañeros del grupo, acompañados del profesor de educación física, le bajaron
del taxi en el que le habían llevado a la Cruz Roja. Después de ingresar, todo
se le volvió a oscurecer.
Tras poder al fin recuperar la conciencia y
la noción de la realidad, se dio cuenta de que estaba en uno de los cubículos
del área de urgencias. Su maestra estaba en la otra camilla de examinación.
Parecía afectada, pero sonreía y no parecía
tener otra cosa que no fuera mucho cansancio, aunque sólo fueran las 9 de la
mañana.
-¿cómo
te sientes, Mauricio?
El chico tragó saliva, no se sentía con
fuerzas para hablar claro. Se hurgó en los bolsillos pero no encontró lo que
buscaba. Entonces la maestra Heidi se levantó, tomó algo de una de las mesitas
móviles y se lo entregó a Mau.
-¿buscabas
esto?
-gracias-Mauricio
tomó el inhalador, y no dudó en llevárselo a la boca.
-estuvimos
un rato desmayados-dijo la maestra, de forma pesarosa. Ahora le parecía más
cansada y mayor, de lo que en verdad era-tus compañeros se asustaron porque no
despertábamos… o eso me dijo Daniel.
-¿Daniel
está aquí?
-Sí,
él, otros compañeros y dos profesores nos trajeron hasta acá en dos taxis.
Mauricio comenzó a recordarlo, aunque no
demasiado bien. Más allá de recordar la extraña frase que escribió la maestra
en el pizarrón, y los traspiés que dio al bajar del taxi, nada más podía
recordar, y eso que no siempre estuvo ido, como ella, ya que tuvo ciertos
periodos de conciencia, pero fueron momentos muy oscuros y en su mente se
vislumbraban borrosos.
Tras el incidente, algunos muchachos
corrieron fuera del salón para pedir auxilio, habían pasado casi cinco minutos,
y ni Mauricio ni la maestra despertaban, no importaba cuanto les gritaran o les
movieran, parecían muertos. Tras otros minutos, el conserje y el profesor de
educación física, que recién había llegado, y en esos momentos se encontraba en
la dirección, subieron a prestar ayuda a la maestra Heidi. Pasaron más minutos,
y ninguno daba señales de vida, el doctor de la escuela no llegaría hasta
dentro de un par de horas, por lo que decidieron llamar a una ambulancia. Sin
embargo, Mayra decidió que no podía esperar, y le propuso a la directora
mandarlos en un taxi a la Cruz Roja, pero la mujer se negó, argumentando que no
había nadie quien lo pagara. Y como era de esperar, Mayra no dudó en pagarlo de
su bolsillo.
De esa
forma, el conserje, el señor Paco, paró dos taxis y en ellos llevaron a los
desmayados.
Cuando Mauricio escuchó a la maestra narrar
los sucesos, se alegró al pensar que Mayra podía estar esperándolo afuera. Pero
no era así. Daniel y Palomares fueron acompañados por el profesor Victorino, de
educación física en el taxi que llevaría a Mau, mientras que el conserje y el
maestro José, de química, acompañaron a la maestra en su respectivo taxi. Mayra
sólo se había asegurado de dar el dinero para pagar el taxi.
-tu
amiga Mayra se encargó de todo, tienes suerte en tener a alguien como ella-le
dijo su maestra tras pasar unos minutos hablando en el cubículo.
Mau se puso de pie, intento ver por entre
las cortinas, pero sólo vio a otros pacientes, descansar o esperar, como ellos.
-
¿qué dijeron? ¿nos podemos ir?
-no
lo sé-contestó la maestra-el doctor me dijo que esperara hasta que despertaras,
pero creo que…
Ambos se miraron fugazmente a los ojos.
Mauricio se sentía cohibido, no sólo porque estaba frente a una mujer adulta
muy hermosa y tremendamente provocativa, sino porque ella era una autoridad con
la que no se sentía demasiado bien por tenerla cerca.
-maestra…
¿puedo… puedo preguntarle algo? -titubeó Mau, sentía que estaba a punto de
tener otro ataque de asma.
-claro,
¿qué es, Mauricio? -ella sonrió.
-
¿qué significa “el destructor de mundos”?
La mujer palideció un momento, y fue como si
le volviera a aumentar la edad.
-no
lo sé, ¿dónde lo leíste? -contestó ella con naturalidad, pero Mauricio supo
desde el primer momento que estaba mintiendo.
-usted
lo escribió en el pizarrón, momentos antes de que… bueno, ya sabe.
-
¿te diste cuenta?
Ella regresó a la camilla y se sentó.
-sí,
escribo rápido, y también leo rápido.
-no
es nada, es sólo una tontería con la que he estado soñando últimamente,
olvídate de eso. La verdad no sé qué pensaba cuando lo escribí.
-seguramente
es algo que le afectó mucho, y por eso no puede sacárselo de la cabeza. Pudo
haber sido su subconsciente recordándoselo y por eso lo escribió sin querer y
por eso… no sé, y por eso quizá se desmayó…
-no,
Mauricio, olvídalo. La verdad es que no he dormido muy bien en estos días, lo
cual es muy irresponsable de mi parte porque ya empezamos el curso escolar,
¿qué clase de profesora puedo ser si no descanso bien?
El muchacho asintió, no deseaba llevarle la
contra a su asesora, aunque no estuvieran en la escuela, pues, al fin y al
cabo, no creía volver a entablar conversación con ella, por muy bonita que
fuera, no se veía abriéndose con ella ni acudiendo a ella si tenía problemas.
Si no lo hizo con la asesora del año pasado, una mujer madura que daba cierto
sentimiento maternal, menos lo haría con la hermosa mujer adulta joven que
provocaba un escándalo en sus hormonas.
Poco después, el doctor les indicó que sus
familiares habían llegado a las instalaciones. Los padres de Mauricio y el
esposo de la maestra se apersonaron cuando les dejaron salir del área de
urgencias. Aparentemente no les habían encontrado nada, pero les mandaron a hacer
unos exámenes en alguna clínica de sus seguros sociales para descubrir las
razones de sus desmayos. Pero el doctor que les atendió, creía que sólo se
debía a una falta de vitaminas y por ende, les mandó un frasco con las jodidas
vitaminas que tanto odiaba Mauricio.
A los dos se le dispensó por el resto del
día, según les hizo saber el profesor de educación física. Ya con sus padres,
Mau vio a la maestra irse con su marido, entonces echó a correr hacia ella.
La detuvo llamándola y ante la incredulidad
del marido de esta, le preguntó algo que aturdió a la mujer.
-antes
de desmayarme, tuve una especie de visión… ¿usted estuvo en la clínica de
Miraflores?
La mujer no pudo decir nada y en su lugar,
ella y su esposo le dejaron con la palabra en la boca, abandonaron después las
instalaciones de la Cruz Roja.
La escuela continuó entonces. Mauricio
decidió olvidar el bochornoso episodio del primer día de clases, aunque sus
amigos no, pues era más que evidente, que, desde entonces, se preocupaban más
por su salud. Cada estornudo, cada vez que tenía que usar el inhalador, cada
vez que se lastimaba en la clase de educación física, se merecía una atención
exagerada, justo como la que le dedicaba su mamá, a su niño de cristal.
Le jodía, pero al menos Mayra le dedicaba
mucha más atención de la que era normal, y si tenía que soportar a su madre y a
sus amigos preocupones para tenerla más cerca, pues que mierda, no debía
quejarse. Cabe mencionar, que los análisis que le sacaron, no demostraron nada
preocupante, el desmayo quizá se debió a una deficiencia en alguna mierda de su
sangre o su jodida salud menguante, quizá nada importante, pero, por otra
parte, estaba la visión que había tenido…
Algo de lo que no había hablado ni siquiera
con Mayra. Pero qué mierda, ¿acaso importaba? Ya antes le habían considerado un
loco, daba igual si hablaba de eso con alguien, ya había presenciado la muerte
de un hombre, quizás hasta contribuyendo a ella mediante una especie de
conexión paranormal y nada había cambiado. Su vida seguía igual que antes, no
valía la pena volver hacerse notar como el loco de la familia por eso, ni por
tener una visión sobrenatural de su maestra. A la que, por cierto, había estado
evitando, y viceversa.
Entonces llegó la primera firma de boletas
del año, a finales de septiembre. Mauricio tuvo la oportunidad de volver a
hablar a solas con su maestra. Todo se debió a que, Verónica De Anda se
entretuvo de más en la firma de boletas de Jenny, y por eso se retrasó para
subir hasta el último salón del tercer piso, en donde se iban a llevar las
reuniones con la asesora del grupo 23.
La mayoría de los padres ya habían pasado, y
todos los estudiantes se encontraban fuera del salón, con el pretexto de dar
explicaciones a sus progenitores por las bajas calificaciones, o simplemente
dejándose agasajar por sus altas notas.
-Mauricio,
¿puedes venir?-le había llamado ella mientras él platicaba con Julian y Daniel,
cerca de la puerta.
Mau fue hasta el escritorio, la profesora
Heidi revisaba su boleta con profunda seriedad.
-mande,
maestra.
-¿crees
que se vaya a tardar más tu mamá?
-no
lo sé, creo que no…
-bueno,
pues no hay queja de ti, prácticamente. Lo único que no me deja tranquila, es
tu bajo promedio en Educación Física. ¿quieres decirme algo, Mauricio?
-No,
la verdad es que no me gusta esa materia.
-pues
debería, hasta Daniel saca 10 en ella…
Ambos rieron con un extraño gesto de
complicidad que perturbó a Mauricio.
-no
me gusta hacer ejercicio, lo odio…
-pero
el ejercicio es bueno para la salud.
-es
que tengo asma, y eso parece no importarle al maestro Victorino, él se empeña
en hacerme trabajar igual que los demás.
-Tenía
entendido que el maestro sabe de tu problema. No le veo lógico que te obligue a
hacer cosas que afecten tu asma.
Mau se
sintió como un jodido Pinocho. La verdad es que no era toda la verdad. Si bien,
el profesor de educación física sabía del asma de Mau, el chico era quien no
contribuía a sacar mejores notas en la clase, ya que Mauricio detestaba todo lo
que estuviera relacionado con esa materia. Mientras que a los demás los ponían
a correr, a él le daban la orden de caminar, mientras que a los demás los
ponían a hacer flexiones, a él lo ponían a caminar, mientras a los demás los
ponían a jugar fútbol o voleibol, a él lo ponían a caminar. Mauricio se había
hartado, y en varias ocasiones, le había levantado la voz al maestro,
discutiendo sobre lo idiota que era hacer eso, cuestionando también su
profesionalidad.
No era de extrañar que se la tuviera
cantada, aunque fuera el alumno con la mejor oportunidad de sacar
calificaciones altas en esa materia.
-pues
hablaré con él, veremos cómo ayudarte a pasar mejor su materia, por poco te
reprueba este bimestre, Mauricio.
Él no dijo nada, entonces sus miradas
volvieron a cruzarse.
-mire,
la verdad, el profesor no tiene la culpa-dijo-yo soy el que siempre le hecha
bronca, le he faltado al respeto en muchas ocasiones y no lo culpo si me tiene
tirria.
La maestra Heidi lo miró dubitativa.
-
¿en serio? Pues muy mal de tu parte, Mauricio… aunque, por otro lado, agradezco
tu sinceridad, y la confianza que has puesto en mi para confesar eso. Quisiera
que tus compañeros también comenzaran a confiar así. Recuerda, soy tu asesora y
si tienes dudas o problemas, no dudes en abrirte conmigo.
-¿así
como usted se abrió cuando le conté de mi visión?
Ella desvió la mirada.
-lo…
lo… perdón, maestra, no debí decir eso…
-no
te preocupes, no pasa nada.
-sí,
sólo… bueno, yo… yo la vi en mi visión… y se me hizo extraño…
-déjalo,
Mau, creo que ahí viene tu mamá…
-lo
que pasa es que yo si estuve internado en Miraflores…
La mujer se puso de pie, se había crispado
notablemente, parecía a punto de desmayarse como el primer día.
Pero no fue así, Verónica De Anda
interrumpió aquel momento. Se veía hermosa, como siempre, y la luz que
irradiaba, iluminó la oscuridad que parecía haberse instalado en el salón,
gracias a la tensión entre Mau y su maestra.
El chico no pudo decir nada más. Su madre y
la profesora se saludaron, y pronto comenzaron a hablar sobre mierda académica
y esas cosas de la escuela. Mau regresó al lado de sus amigos.
-¿ligando
con la Heidi, cabrón?-le preguntó Daniel, burlonamente.
-cállate,
imbécil-contestó él, aunque sonreía.
-¿qué
es Miraflores?-ahora preguntó Julian.
Daniel y Mauricio se miraron, el primero
negó con la cabeza, y el segundo sacó su inhalador y se dio un par de dosis.
-¿quién
te dijo de eso? ¿nos escuchaste a la maestra y a mí?
-no…
pero me parece haberlo escuchado antes… de alguno de ustedes.
-pues
no es nada, cabrón, y no vuelvas a mencionarlo o te meteré la verga en el
culo-le amenazó Daniel. Julian lo miró indignado.
“Ojalá pudiéramos irnos de aquí para evitar
eso” Pensó Mauricio mientras sus amigos discutían.
-pues
vámonos de aquí, evitemos seguir con esta mierda-dijo Daniel, desconcertando a
Mauricio-vengan, vamos a mear.
-no,
mi jefa está aquí, me a cagar si me voy-replicó Mau, un poco apenado.
-bueno,
te vemos al rato en el salón, güey.
Los muchachos salieron entonces, y le
dejaron sólo. Más tarde, en el aula 6, en la clase de Matemáticas, los alumnos
andaban descontrolados. El profesor de la materia no se había presentado, y
prácticamente los estudiantes tenían esa hora libre. El grupo 23 estaba
haciendo lo que se le viniera en gana, así que no era extraño ver a los
grupitos de amigos, estar distribuidos por el toda el aula: los pervertidos del
salón estaban en bolita, hojeando una revista porno sobre el escritorio del
maestro, las niñas pomposas y populares, desdeñaban al resto de palurdos
mortales junto a la ventana del aula, los desmadrasos y patanes del salón, entre
los que estaban Daniel y Gabriel, disfrutaban golpeándose con ligas y papelitos
ensalivados, saliendo y entrando del salón a su antojo. El resto, sólo
platicaban con sus amigos más cercanos. Tal era el caso de Betty, quien no se
le despegaba a Mayra, aunque a esta, se le pegaban otras chicas como moscas, pues
era evidente que su personalidad, inteligencia y su atronadora belleza, le
brindaban muchos seguidores, y al igual que Rosa, se debatía entre sus amigos
reales, y el grupito de pendejas populares.
Mau y Julian eran de los pocos que guardaban
su asiento, y platicaban ajenos al desmadre de los demás. Era obvio, como
buenos muchachos, no se metían con nadie. Hasta que los desmadrosos comenzaron
a tirarles bolitas de papel, con unas cerbatanas improvisadas, en forma de bolígrafos
vacíos. Como siempre, Gabriel Farías y Roberto Cisneros, lideraban el bullying
generalizado. Esto lo digo, porque tampoco tardaron en comenzar a molestar a
las niñas.
-Smith,
¿vas a Querétaro? -le gritó desde lejos, Gabriel Farías.
-
¡no voltees, Julian! -le advirtió Mauricio, pero fue demasiado tarde. Julian
volteó, y cuando lo hizo, Gabriel se sacó el pene del pantalón y se lo mostró
descaradamente. El inglés retiró la mirada, indignado. Aquella bromita, se la
habían hecho un par de veces a Mauricio, y ese par de veces, había caído como
un tonto.
-órale,
que ya se le antojó…-se escuchó decir y reir a Palomares.
-si,
pinche mariconazo…-también a Juan, el ex grupo 15.
-no
se pasen de verga…-y a Daniel después.
-¿qué
no se pase de verga? ¿cuál verga? Pinche verguita de bebé-le dijo Rosa, que
salió a defender a Julian.
-cállate
pinche pendeja, ¿me la quieres ver o qué? -le dijo Gabriel.
-pues
a ver, enséñame tu pinche granito, güey…
Gabriel sonrió malvada y lujuriosamente.
Sujetó a Rosa, e intentó besarla. Pero la chica se apartó con agilidad y le
soltó una patada, que no alcanzó a darle en los testículos, como ella quería,
pero si en sus rodillas.
-órale
cabrona, te voy a romper la madre-contestó Gabriel y levantó su puño, pero
Julian ya se había puesto delante de Rosa.
-
¿le pegarías a una niña? Qué cobarde-carraspeó Julian, no estaba envalentonado
ni nada, su voz denotaba un intenso miedo, pero a veces, ese tipo de cosas eran
inevitables en un hombre.
-pues
ya te pegué a ti, putita, ¿quieres que te la rompa otra vez? -le amenazó
Gabriel.
Mauricio volteó a ver a Mayra, deseaba que
su amiga viera la clase de mierda que era Gabriel Farías, a quien ella
consideraba, “un chico buena onda” Pero Mayra no prestaba atención, como casi
nadie en el grupo, ella parecía estar escribiendo algo en un cuaderno, y Betty
y las otras dos chicas que estaban con ella, miraban atentas a lo que sea que estuviese
escribiendo. También volteó a ver a
Daniel, con la esperanza de que su amigo, que al parecer disfrutaba de echar
desmadre con aquellos revoltosos de mierda, tuviera cierto sentido para parar
aquello. Pero Daniel no se movió. Ni siquiera cuando Gabriel empujó a Julian.
-¿qué?
¿eso quieres Smith? ¿quieres que te raje la jeta otra vez?
-mejor
rájamela a mí-dijo Mauricio, ya sin poder evitarlo.
Se puso de pie y esperó a que Gabriel
avanzara hasta él. También temblaba y pensó que, de momento a otro, se orinaría
en los pantalones. Gabriel le imponía, era más alto, más robusto y más de todo,
ahora no tenía al novio de Fernanda para defenderlo.
-a
ti todavía de la tengo cantada, Silva.
-pues
sólo eso puedes, amenazar, la otra vez casi te cagas de miedo frente al novio
de mi hermana…
Aquello fue un grave error. Gabriel le abofeteó
dos veces, no demasiado fuerte, pero eso bastó para humillar a Mauricio.
-te
rompería la madre, Silva, pero eres tan poca cosa, que me harías sentir mal.
Eres como un perro y a mí no me gusta pegarles a los perros.
-sí,
sólo le pegas a los débiles y a las niñas, un perro no se dejaría de ti, además
de que tiene más honor que tú… y más inteligencia.
-rómpele
su puta madre, Gabo-se escuchó decir a Juan.
-
¿verdad, perro?
Gabriel se llenó de furia, y sus puños
apretados indicaban que esta aumentaba más y más. Mauricio optó por quitarse
los anteojos, el puñetazo se veía inevitable.
Pero algo pasó, de pronto, tanto Gabriel
como Mauricio, se dieron cuenta de que el salón se había vuelto extremadamente
silencioso. Todo el grupo se había olvidado de sus propios asuntos, y ahora los
miraban a ellos, tensos e intrigados por lo que iban a protagonizar Mauricio
Silva y Gabriel Farías. También Mayra observaba.
Gabriel se dio cuenta de esto, y relajó su
semblante.
-ya
cállate, Silva, otra vez será-le dijo casi en un susurro, y regresó con su
grupo de amigos.
-no
mames, salvaste el pellejo, Silva-le dijo Miguel, el primo de Palomares,
sentado en su lugar pues siempre se la pasaba dibujando.
Mau pensó que estaba en lo cierto, y ahora se
sentía como si hubiera vuelto a nacer.
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