domingo, 20 de noviembre de 2016

Capítulo 7: Confrontación.



VII
Confrontación.

Mauricio no recordaba el momento en que su maestra había comenzado a sentirse mal, pero sí recordaba exactamente el momento en que Daniel y Palomares, uno de los compañeros del grupo, acompañados del profesor de educación física, le bajaron del taxi en el que le habían llevado a la Cruz Roja. Después de ingresar, todo se le volvió a oscurecer.
   Tras poder al fin recuperar la conciencia y la noción de la realidad, se dio cuenta de que estaba en uno de los cubículos del área de urgencias. Su maestra estaba en la otra camilla de examinación.
   Parecía afectada, pero sonreía y no parecía tener otra cosa que no fuera mucho cansancio, aunque sólo fueran las 9 de la mañana.
-¿cómo te sientes, Mauricio?
   El chico tragó saliva, no se sentía con fuerzas para hablar claro. Se hurgó en los bolsillos pero no encontró lo que buscaba. Entonces la maestra Heidi se levantó, tomó algo de una de las mesitas móviles y se lo entregó a Mau.
-¿buscabas esto?
-gracias-Mauricio tomó el inhalador, y no dudó en llevárselo a la boca.
-estuvimos un rato desmayados-dijo la maestra, de forma pesarosa. Ahora le parecía más cansada y mayor, de lo que en verdad era-tus compañeros se asustaron porque no despertábamos… o eso me dijo Daniel.
-¿Daniel está aquí?
-Sí, él, otros compañeros y dos profesores nos trajeron hasta acá en dos taxis.
   Mauricio comenzó a recordarlo, aunque no demasiado bien. Más allá de recordar la extraña frase que escribió la maestra en el pizarrón, y los traspiés que dio al bajar del taxi, nada más podía recordar, y eso que no siempre estuvo ido, como ella, ya que tuvo ciertos periodos de conciencia, pero fueron momentos muy oscuros y en su mente se vislumbraban borrosos.
   Tras el incidente, algunos muchachos corrieron fuera del salón para pedir auxilio, habían pasado casi cinco minutos, y ni Mauricio ni la maestra despertaban, no importaba cuanto les gritaran o les movieran, parecían muertos. Tras otros minutos, el conserje y el profesor de educación física, que recién había llegado, y en esos momentos se encontraba en la dirección, subieron a prestar ayuda a la maestra Heidi. Pasaron más minutos, y ninguno daba señales de vida, el doctor de la escuela no llegaría hasta dentro de un par de horas, por lo que decidieron llamar a una ambulancia. Sin embargo, Mayra decidió que no podía esperar, y le propuso a la directora mandarlos en un taxi a la Cruz Roja, pero la mujer se negó, argumentando que no había nadie quien lo pagara. Y como era de esperar, Mayra no dudó en pagarlo de su bolsillo.
   De esa forma, el conserje, el señor Paco, paró dos taxis y en ellos llevaron a los desmayados.
   Cuando Mauricio escuchó a la maestra narrar los sucesos, se alegró al pensar que Mayra podía estar esperándolo afuera. Pero no era así. Daniel y Palomares fueron acompañados por el profesor Victorino, de educación física en el taxi que llevaría a Mau, mientras que el conserje y el maestro José, de química, acompañaron a la maestra en su respectivo taxi. Mayra sólo se había asegurado de dar el dinero para pagar el taxi.
-tu amiga Mayra se encargó de todo, tienes suerte en tener a alguien como ella-le dijo su maestra tras pasar unos minutos hablando en el cubículo.
   Mau se puso de pie, intento ver por entre las cortinas, pero sólo vio a otros pacientes, descansar o esperar, como ellos.
- ¿qué dijeron? ¿nos podemos ir?
-no lo sé-contestó la maestra-el doctor me dijo que esperara hasta que despertaras, pero creo que…
    Ambos se miraron fugazmente a los ojos. Mauricio se sentía cohibido, no sólo porque estaba frente a una mujer adulta muy hermosa y tremendamente provocativa, sino porque ella era una autoridad con la que no se sentía demasiado bien por tenerla cerca.
-maestra… ¿puedo… puedo preguntarle algo? -titubeó Mau, sentía que estaba a punto de tener otro ataque de asma.
-claro, ¿qué es, Mauricio? -ella sonrió.
- ¿qué significa “el destructor de mundos”?
   La mujer palideció un momento, y fue como si le volviera a aumentar la edad.
-no lo sé, ¿dónde lo leíste? -contestó ella con naturalidad, pero Mauricio supo desde el primer momento que estaba mintiendo.
-usted lo escribió en el pizarrón, momentos antes de que… bueno, ya sabe.
- ¿te diste cuenta?
   Ella regresó a la camilla y se sentó.
-sí, escribo rápido, y también leo rápido.
-no es nada, es sólo una tontería con la que he estado soñando últimamente, olvídate de eso. La verdad no sé qué pensaba cuando lo escribí.
-seguramente es algo que le afectó mucho, y por eso no puede sacárselo de la cabeza. Pudo haber sido su subconsciente recordándoselo y por eso lo escribió sin querer y por eso… no sé, y por eso quizá se desmayó…
-no, Mauricio, olvídalo. La verdad es que no he dormido muy bien en estos días, lo cual es muy irresponsable de mi parte porque ya empezamos el curso escolar, ¿qué clase de profesora puedo ser si no descanso bien?
   El muchacho asintió, no deseaba llevarle la contra a su asesora, aunque no estuvieran en la escuela, pues, al fin y al cabo, no creía volver a entablar conversación con ella, por muy bonita que fuera, no se veía abriéndose con ella ni acudiendo a ella si tenía problemas. Si no lo hizo con la asesora del año pasado, una mujer madura que daba cierto sentimiento maternal, menos lo haría con la hermosa mujer adulta joven que provocaba un escándalo en sus hormonas.
   Poco después, el doctor les indicó que sus familiares habían llegado a las instalaciones. Los padres de Mauricio y el esposo de la maestra se apersonaron cuando les dejaron salir del área de urgencias. Aparentemente no les habían encontrado nada, pero les mandaron a hacer unos exámenes en alguna clínica de sus seguros sociales para descubrir las razones de sus desmayos. Pero el doctor que les atendió, creía que sólo se debía a una falta de vitaminas y por ende, les mandó un frasco con las jodidas vitaminas que tanto odiaba Mauricio.
   A los dos se le dispensó por el resto del día, según les hizo saber el profesor de educación física. Ya con sus padres, Mau vio a la maestra irse con su marido, entonces echó a correr hacia ella.
   La detuvo llamándola y ante la incredulidad del marido de esta, le preguntó algo que aturdió a la mujer.
-antes de desmayarme, tuve una especie de visión… ¿usted estuvo en la clínica de Miraflores?
   La mujer no pudo decir nada y en su lugar, ella y su esposo le dejaron con la palabra en la boca, abandonaron después las instalaciones de la Cruz Roja.
   La escuela continuó entonces. Mauricio decidió olvidar el bochornoso episodio del primer día de clases, aunque sus amigos no, pues era más que evidente, que, desde entonces, se preocupaban más por su salud. Cada estornudo, cada vez que tenía que usar el inhalador, cada vez que se lastimaba en la clase de educación física, se merecía una atención exagerada, justo como la que le dedicaba su mamá, a su niño de cristal.
   Le jodía, pero al menos Mayra le dedicaba mucha más atención de la que era normal, y si tenía que soportar a su madre y a sus amigos preocupones para tenerla más cerca, pues que mierda, no debía quejarse. Cabe mencionar, que los análisis que le sacaron, no demostraron nada preocupante, el desmayo quizá se debió a una deficiencia en alguna mierda de su sangre o su jodida salud menguante, quizá nada importante, pero, por otra parte, estaba la visión que había tenido…
   Algo de lo que no había hablado ni siquiera con Mayra. Pero qué mierda, ¿acaso importaba? Ya antes le habían considerado un loco, daba igual si hablaba de eso con alguien, ya había presenciado la muerte de un hombre, quizás hasta contribuyendo a ella mediante una especie de conexión paranormal y nada había cambiado. Su vida seguía igual que antes, no valía la pena volver hacerse notar como el loco de la familia por eso, ni por tener una visión sobrenatural de su maestra. A la que, por cierto, había estado evitando, y viceversa.
   Entonces llegó la primera firma de boletas del año, a finales de septiembre. Mauricio tuvo la oportunidad de volver a hablar a solas con su maestra. Todo se debió a que, Verónica De Anda se entretuvo de más en la firma de boletas de Jenny, y por eso se retrasó para subir hasta el último salón del tercer piso, en donde se iban a llevar las reuniones con la asesora del grupo 23.
   La mayoría de los padres ya habían pasado, y todos los estudiantes se encontraban fuera del salón, con el pretexto de dar explicaciones a sus progenitores por las bajas calificaciones, o simplemente dejándose agasajar por sus altas notas.
-Mauricio, ¿puedes venir?-le había llamado ella mientras él platicaba con Julian y Daniel, cerca de la puerta.
   Mau fue hasta el escritorio, la profesora Heidi revisaba su boleta con profunda seriedad.
-mande, maestra.
-¿crees que se vaya a tardar más tu mamá?
-no lo sé, creo que no…
-bueno, pues no hay queja de ti, prácticamente. Lo único que no me deja tranquila, es tu bajo promedio en Educación Física. ¿quieres decirme algo, Mauricio?
-No, la verdad es que no me gusta esa materia.
-pues debería, hasta Daniel saca 10 en ella…
   Ambos rieron con un extraño gesto de complicidad que perturbó a Mauricio.
-no me gusta hacer ejercicio, lo odio…
-pero el ejercicio es bueno para la salud.
-es que tengo asma, y eso parece no importarle al maestro Victorino, él se empeña en hacerme trabajar igual que los demás.
-Tenía entendido que el maestro sabe de tu problema. No le veo lógico que te obligue a hacer cosas que afecten tu asma.
   Mau se sintió como un jodido Pinocho. La verdad es que no era toda la verdad. Si bien, el profesor de educación física sabía del asma de Mau, el chico era quien no contribuía a sacar mejores notas en la clase, ya que Mauricio detestaba todo lo que estuviera relacionado con esa materia. Mientras que a los demás los ponían a correr, a él le daban la orden de caminar, mientras que a los demás los ponían a hacer flexiones, a él lo ponían a caminar, mientras a los demás los ponían a jugar fútbol o voleibol, a él lo ponían a caminar. Mauricio se había hartado, y en varias ocasiones, le había levantado la voz al maestro, discutiendo sobre lo idiota que era hacer eso, cuestionando también su profesionalidad.
   No era de extrañar que se la tuviera cantada, aunque fuera el alumno con la mejor oportunidad de sacar calificaciones altas en esa materia.
-pues hablaré con él, veremos cómo ayudarte a pasar mejor su materia, por poco te reprueba este bimestre, Mauricio.
   Él no dijo nada, entonces sus miradas volvieron a cruzarse.
-mire, la verdad, el profesor no tiene la culpa-dijo-yo soy el que siempre le hecha bronca, le he faltado al respeto en muchas ocasiones y no lo culpo si me tiene tirria.
   La maestra Heidi lo miró dubitativa.
- ¿en serio? Pues muy mal de tu parte, Mauricio… aunque, por otro lado, agradezco tu sinceridad, y la confianza que has puesto en mi para confesar eso. Quisiera que tus compañeros también comenzaran a confiar así. Recuerda, soy tu asesora y si tienes dudas o problemas, no dudes en abrirte conmigo.
-¿así como usted se abrió cuando le conté de mi visión?
   Ella desvió la mirada.
-lo… lo… perdón, maestra, no debí decir eso…
-no te preocupes, no pasa nada.
-sí, sólo… bueno, yo… yo la vi en mi visión… y se me hizo extraño…
-déjalo, Mau, creo que ahí viene tu mamá…
-lo que pasa es que yo si estuve internado en Miraflores…
   La mujer se puso de pie, se había crispado notablemente, parecía a punto de desmayarse como el primer día.
   Pero no fue así, Verónica De Anda interrumpió aquel momento. Se veía hermosa, como siempre, y la luz que irradiaba, iluminó la oscuridad que parecía haberse instalado en el salón, gracias a la tensión entre Mau y su maestra.
   El chico no pudo decir nada más. Su madre y la profesora se saludaron, y pronto comenzaron a hablar sobre mierda académica y esas cosas de la escuela. Mau regresó al lado de sus amigos.
-¿ligando con la Heidi, cabrón?-le preguntó Daniel, burlonamente.
-cállate, imbécil-contestó él, aunque sonreía.
-¿qué es Miraflores?-ahora preguntó Julian.
   Daniel y Mauricio se miraron, el primero negó con la cabeza, y el segundo sacó su inhalador y se dio un par de dosis.
-¿quién te dijo de eso? ¿nos escuchaste a la maestra y a mí?
-no… pero me parece haberlo escuchado antes… de alguno de ustedes.
-pues no es nada, cabrón, y no vuelvas a mencionarlo o te meteré la verga en el culo-le amenazó Daniel. Julian lo miró indignado.
   “Ojalá pudiéramos irnos de aquí para evitar eso” Pensó Mauricio mientras sus amigos discutían.
-pues vámonos de aquí, evitemos seguir con esta mierda-dijo Daniel, desconcertando a Mauricio-vengan, vamos a mear.
-no, mi jefa está aquí, me a cagar si me voy-replicó Mau, un poco apenado.
-bueno, te vemos al rato en el salón, güey.
   Los muchachos salieron entonces, y le dejaron sólo. Más tarde, en el aula 6, en la clase de Matemáticas, los alumnos andaban descontrolados. El profesor de la materia no se había presentado, y prácticamente los estudiantes tenían esa hora libre. El grupo 23 estaba haciendo lo que se le viniera en gana, así que no era extraño ver a los grupitos de amigos, estar distribuidos por el toda el aula: los pervertidos del salón estaban en bolita, hojeando una revista porno sobre el escritorio del maestro, las niñas pomposas y populares, desdeñaban al resto de palurdos mortales junto a la ventana del aula, los desmadrasos y patanes del salón, entre los que estaban Daniel y Gabriel, disfrutaban golpeándose con ligas y papelitos ensalivados, saliendo y entrando del salón a su antojo. El resto, sólo platicaban con sus amigos más cercanos. Tal era el caso de Betty, quien no se le despegaba a Mayra, aunque a esta, se le pegaban otras chicas como moscas, pues era evidente que su personalidad, inteligencia y su atronadora belleza, le brindaban muchos seguidores, y al igual que Rosa, se debatía entre sus amigos reales, y el grupito de pendejas populares.
   Mau y Julian eran de los pocos que guardaban su asiento, y platicaban ajenos al desmadre de los demás. Era obvio, como buenos muchachos, no se metían con nadie. Hasta que los desmadrosos comenzaron a tirarles bolitas de papel, con unas cerbatanas improvisadas, en forma de bolígrafos vacíos. Como siempre, Gabriel Farías y Roberto Cisneros, lideraban el bullying generalizado. Esto lo digo, porque tampoco tardaron en comenzar a molestar a las niñas.
-Smith, ¿vas a Querétaro? -le gritó desde lejos, Gabriel Farías.
- ¡no voltees, Julian! -le advirtió Mauricio, pero fue demasiado tarde. Julian volteó, y cuando lo hizo, Gabriel se sacó el pene del pantalón y se lo mostró descaradamente. El inglés retiró la mirada, indignado. Aquella bromita, se la habían hecho un par de veces a Mauricio, y ese par de veces, había caído como un tonto.
-órale, que ya se le antojó…-se escuchó decir y reir a Palomares.
-si, pinche mariconazo…-también a Juan, el ex grupo 15.
-no se pasen de verga…-y a Daniel después.
-¿qué no se pase de verga? ¿cuál verga? Pinche verguita de bebé-le dijo Rosa, que salió a defender a Julian.
-cállate pinche pendeja, ¿me la quieres ver o qué? -le dijo Gabriel.
-pues a ver, enséñame tu pinche granito, güey…
   Gabriel sonrió malvada y lujuriosamente. Sujetó a Rosa, e intentó besarla. Pero la chica se apartó con agilidad y le soltó una patada, que no alcanzó a darle en los testículos, como ella quería, pero si en sus rodillas.
-órale cabrona, te voy a romper la madre-contestó Gabriel y levantó su puño, pero Julian ya se había puesto delante de Rosa.
- ¿le pegarías a una niña? Qué cobarde-carraspeó Julian, no estaba envalentonado ni nada, su voz denotaba un intenso miedo, pero a veces, ese tipo de cosas eran inevitables en un hombre.
-pues ya te pegué a ti, putita, ¿quieres que te la rompa otra vez? -le amenazó Gabriel.
   Mauricio volteó a ver a Mayra, deseaba que su amiga viera la clase de mierda que era Gabriel Farías, a quien ella consideraba, “un chico buena onda” Pero Mayra no prestaba atención, como casi nadie en el grupo, ella parecía estar escribiendo algo en un cuaderno, y Betty y las otras dos chicas que estaban con ella, miraban atentas a lo que sea que estuviese escribiendo.  También volteó a ver a Daniel, con la esperanza de que su amigo, que al parecer disfrutaba de echar desmadre con aquellos revoltosos de mierda, tuviera cierto sentido para parar aquello. Pero Daniel no se movió. Ni siquiera cuando Gabriel empujó a Julian.
-¿qué? ¿eso quieres Smith? ¿quieres que te raje la jeta otra vez?
-mejor rájamela a mí-dijo Mauricio, ya sin poder evitarlo.
   Se puso de pie y esperó a que Gabriel avanzara hasta él. También temblaba y pensó que, de momento a otro, se orinaría en los pantalones. Gabriel le imponía, era más alto, más robusto y más de todo, ahora no tenía al novio de Fernanda para defenderlo.
-a ti todavía de la tengo cantada, Silva.
-pues sólo eso puedes, amenazar, la otra vez casi te cagas de miedo frente al novio de mi hermana…
   Aquello fue un grave error. Gabriel le abofeteó dos veces, no demasiado fuerte, pero eso bastó para humillar a Mauricio.
-te rompería la madre, Silva, pero eres tan poca cosa, que me harías sentir mal. Eres como un perro y a mí no me gusta pegarles a los perros.
-sí, sólo le pegas a los débiles y a las niñas, un perro no se dejaría de ti, además de que tiene más honor que tú… y más inteligencia.
-rómpele su puta madre, Gabo-se escuchó decir a Juan.
- ¿verdad, perro?
   Gabriel se llenó de furia, y sus puños apretados indicaban que esta aumentaba más y más. Mauricio optó por quitarse los anteojos, el puñetazo se veía inevitable.
   Pero algo pasó, de pronto, tanto Gabriel como Mauricio, se dieron cuenta de que el salón se había vuelto extremadamente silencioso. Todo el grupo se había olvidado de sus propios asuntos, y ahora los miraban a ellos, tensos e intrigados por lo que iban a protagonizar Mauricio Silva y Gabriel Farías. También Mayra observaba.
   Gabriel se dio cuenta de esto, y relajó su semblante.
-ya cállate, Silva, otra vez será-le dijo casi en un susurro, y regresó con su grupo de amigos.
-no mames, salvaste el pellejo, Silva-le dijo Miguel, el primo de Palomares, sentado en su lugar pues siempre se la pasaba dibujando.
   Mau pensó que estaba en lo cierto, y ahora se sentía como si hubiera vuelto a nacer.

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