martes, 29 de noviembre de 2016

Capítulo 10: ¿Tú la amas?



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¿Tú la amas?

Perdieron la noción del tiempo pues habían pasado varias horas durmiendo, en ese transcurso se habían acomodado de diversas maneras, hasta terminar en lo que se conocía como “dormir de cucharita”, ella volteando hacia la pared y él con sus brazos en su cintura. Despertaron casi al mismo tiempo, pero no se levantaron, Mau podía escuchar su respiración tranquila, luego un breve bostezo, y si prestaba suficiente atención, le parecía escuchar el latido de su corazón. Ella continuaba desnuda del torso y no le molestó cuando él acarició su seno izquierdo.
-me parece escuchar tu corazón, me parece escucharlo…-le susurró.
-¿por qué me tocas si no me vas a tomar?
-no lo sé, me gusta tocarte… pero si no te gusta que lo haga, no lo haré, quiero respetarte.
-no me molesta-Akima se dio la vuelta para quedar frente a Mauricio-¿estás seguro de que no quieres que me quite el short?
-estoy seguro…
   Pero en ese momento, Mauricio se nubló. Su mirada se tornó blanca, era como si se hubiera trasladado en el tiempo y en el espacio, a una dimensión extraña para posarse después en el mundo real, pero no en donde estaba él. Hubo muchos colores extraños, luces cegadoras y una bruma oscura, todo eso precedió a la visión que tuvo de repente. Como la noche en que conocieron a Ginger, ahora no estaba al lado de Akima, no veía sus ojos rasgados, ni sus hermosos pechos, pero podía seguir escuchándola, oyéndola.
-¡Akima!
-¡Mau! ¿qué pasa? ¡No puedo verte!
   Ambos se buscaron entre las tinieblas, sus manos se encontraron y se estrecharon.
-¿dónde estoy, Mau? ¿qué está pasando?
-no lo sé… no te asustes…-Mau supo que ella también estaba viendo lo mismo que él. Pero no pudo decir nada más. El lugar que estaba viendo le era conocido, y vaya que lo era, sería idiota si no reconociera su amada y odiada escuela secundaria número 20. Era el patio, el área frente a los talleres, en los que, por alguna razón, había muchos estudiantes yendo de aquí para allá. Parecía haber una completa anarquía en la escuela, pero la razón para que eso estuviera ocurriendo no era evidente. Mau intentó buscar a alguien conocido, pero no lo logró, ya que inmediatamente se trasladó a la parte trasera del edificio de talleres, como si flotara. En al área de los baños de mujeres pudo ver a Marina, hablando con un par de chicas de su grupo. Las estudiantes estuvieron ahí solo un momento y luego se movieron. Entonces, tan rápido como se había movido, su mirada se dirigía de nuevo al patio, la maestra Heidi venía corriendo hacia él, o hacia el sitio en el que supuestamente estaba flotando en la visión. La mujer parecía extraña, su gesto era de aflicción e inmenso sufrimiento, ni siquiera le importó el desmán estudiantil e ignoró a Marina cuando esta le abordó y le preguntó si estaba bien.
   Mauricio supo a dónde iba la profesora. En la parte trasera de los talleres, algunos de los maestros estacionaban sus vehículos cuando llegaban a la escuela, la maestra Heidi era una de las que dejaba su coche ahí. Marina la siguió, pero se detuvo a medio camino, a discutir con sus compañeras respecto a la actitud de la docente. No así el Mauricio flotante de la visión, el cual siguió a la maestra hasta su coche. Ella lo abordó, era un chevy color azul eléctrico que a Mauricio le gustaba mucho, por su forma compacta que le venía bien a la figura menuda de su asesora. Entonces, sin dilación, la profesora arrancó el vehículo, pero no de forma normal, más bien, parecía que hubiera pisado el acelerador a fondo. Dando una vuelta poco ortodoxa, golpeó la pared de los baños, pero eso no la detuvo. Continuó su salvaje trayecto sin importar el número de estudiantes que hubiera en el patio. Y aunque la mayoría se dio cuenta del frenesí demente que se había apoderado de la maestra y evitó ponerse en el paso del coche, Marina no tuvo la misma sensatez.
-¡Marina, quítate!-le gritó Mauricio, pero ella no le escuchaba. Él no estaba realmente ahí.
   El auto de la maestra Heidi golpeó de lleno a la prima de Julian, que salió despedida cual muñeca de trapo, varios metros lejos. La chica aterrizó a mitad del patio, inerte, con una herida en la frente. Mau intentó acercarse, pero no podía moverse a voluntad, sólo era un simple espectador. Luego, cuando Marina yacía sin vida en un charco de sangre, su mirada se trasladó hacia la rampa de acceso, donde la maestra Heidi se había estrellado brutalmente contra el portón. Para entonces, los estudiantes gritaban por ayuda, y algunos de los ausentes profesores y autoridades de la escuela ya habían salido de donde quiera que estuvieran.
   La escena siguió, la asesora del grupo 23 no se detuvo ante el aparatoso choque que había sufrido y que había doblado el portón de forma grotesca. La mujer descendió del vehiculo, con una copiosa herida en la cabeza, y renqueando se dirigió a la puerta pequeña del portón. Luego de salir, Mauricio volvió a tener una ceguera total.
   Y poco antes de que finalizara aquello, pudo ver el rostro de Marina, ensangrentado, sin vida. Hubo otro momento de luces y neblina, y ahora estaba mirando a la maestra Heidi, tendida sobre el pavimento, en un charco de sangre, con las piernas en una posición antinatural, con el rostro desencajado. La lluvia le caía sobre la cara y algunos reporteros le tomaban fotografías mientras que policías y curiosos se agolpaban en torno a la escena.
   Mau cerró los ojos, quería llorar y gritar, pero no podía, la visión continuaba, pero él no deseaba ver más. Ahora la maestra muerta desapareció, sus ojos se elevaron al cielo, donde todo se oscureció de nuevo, pero antes del desenlace, pudo ver una tétrica máscara blanca y un descomunal objeto negro, que parecía venir de muy lejos, con horribles intensiones. También escuchó la voz de su maestra susurrarle fantasmagóricamente:
   “El señor oscuro ya viene” “El destructor de mundos será liberado”
-¡Mau!-le gritó Akima, pero ya estaban de vuelta en el cuchitril de la muchacha.
-¿estás bien?
-sí… ¿quién era esa mujer? ¿por qué vi eso…?
-era mi profesora de español… mierda, si eso ya pasó…
   Se levantó rápidamente de la cama, y se dispuso a ponerse los zapatos.
-¿a dónde vas?-inquirió ella mientras se ponía la playera de nuevo.
-tengo que ir a la escuela, tengo que ver si ella está bien…
-pero mira la hora que es-Akima le mostró su reloj sin correas, ahí marcaban las 15:12.
-mierda, la escuela acabó hace rato…
-¿qué fue lo que pasó, Mau?
-no lo sé… pero esta clase de visiones ya las había tenido… no estoy seguro, pero puede que lo que vimos, en realidad pasara. Tengo que ver si Marina está bien.
-¿Marina?
-la chica a la que atropelló.
   Mau terminó de atarse los zapatos y salió del cuarto.
-espera, te acompaño…
   Akima se puso unos tenis y una chamarrita de mezclilla antes de salir con él. Los nuevos amigos caminaron hasta la intercepción de Lago Trasimeno con Casa Amarilla, dónde encontraron un teléfono público. Como Mau no traía dinero, Akima se encargó de llenarlo de monedas. De inmediato, el chico marcó el número de la casa de Julian, o mejor dicho, de la casa de Marina, pues el inglés y su madre, vivían con los Azcárraga, no al revés.
   Hubo unos angustiosos segundos mientras sonaba la otra línea.
-¿buenas tardes?, casa de la familia Azcárraga-contestó la voz de una mujer, con un marcado y extraño acento.
-¿hola? ¿es la señora Amanda?
-ella misma, ¿quién hablar?-inquirió la madre de Julian por la línea telefónica.
-soy Mauricio Silva, necesito…
-¡Mauricio Silva!, espera one moment… my son… mi hijo desear hablar contigo, no me cuelgues Mau… mirar here is Marina, te la paso…
   Entonces la voz de Marina acudió al teléfono.
-¿Marina? ¿Marina?
-¿Mau? ¿qué pasa? ¿en dónde estás? Todos te están buscando…
-¿estás bien, Marina? ¿dónde estás?
-en mi casa, pero… ¿dónde estás tú?
-eso no importa, sólo quiero saber si estás bien, tuve… bueno, eso tampoco importa, sólo dime que no te ha pasado nada.
-pues estoy bien, Mau… ¿te preocupo?
-mucho… es que pensé… nada, sólo deseo saber si estás bien.
-pues lo estoy… y así como te preocupas de mí, sabes que también me preocupas, ¿dónde estás?
-no lo intentes, Mari, no volveré de momento…
-entonces estás haciendo el mismo berrinche de Daniel… no me sorprende, siendo tan amigos.
-es que no lo comprendes. No puedo enfrentarme a lo que se viene… mi mamá me va a matar, seguro, me van a joder en la escuela y…-pensó mencionar el nombre de Mayra, pero decidió que no era lo mejor-y nada, sólo hablé porque quería saber que estabas bien, hoy no te vi en la entrada…
-me gustas mucho, te quiero mucho…-le soltó de pronto ella.
   Mauricio guardó silencio, no tenía nada qué decir.
-anda, no te quedes callado, ¿nunca te diste cuenta de que me gustabas? Dime algo, me haces sentir como tonta.
-no sé… Mari, me halagas… pero ¿crees que deberíamos hablar esto por teléfono?
-no… creo que mi tía me está escuchando…
-entonces mira, ya hablaremos, voy a regresar a mi casa y después, sino me castigan de por vida, voy a visitarte… sólo no le digas a nadie que te hablé, ni a Julian. Estoy bien, no pasa nada.
-está bien, Mau, no diré nada… sólo cuídate.
-tú también, Mari-y le colgó sin esperar otra palabra de la chica.
-¿qué pasó?-cuestionó Akima cuando hubo dejado el teléfono en su lugar.
-al parecer nada… mi amiga Marina está bien…
-¿y tu maestra?
   Mau negó con la cabeza.
-probablemente no haya pasado nada… digo… no estoy cien por ciento seguro. Pero tengo que hablar con mis otros amigos.
-entonces, ¿regresarás a casa?
-sólo si vienes conmigo.
-eso no será posible, no puedo irme de…
-dejarás ese trabajo, sea cual sea.
-pero Mau, tu familia, dudo que me dejen quedarme, soy una desconocida hasta para ti.
-no lo eres más, ahora eres mi amiga y no voy a dejar que nada te pase, te lo prometo.
-pero vendrán a buscarme… no me dejarán.
-pues que lo intenten, los Silva somos cabrones y no nos dejamos de nadie, si te quieren hacer algo, nosotros te defenderemos.
-ay, Mau, no estás pensando maduramente, no puedo ir contigo a tu casa, esto que me estás diciendo suena muy bien, pero ni siquiera te has puesto a pensar en tu mamá, o en tus otros familiares, ¿qué dirán de mí? Es más, si algún día se enteran de que soy prosti…
-tú no eres eso, jamás lo has sido…
-pero viví gran parte de mi vida en un burdel clandestino, a ojos de todos soy una puta, y además, inmigrante ilegal, no tengo siquiera papeles, Mau.
   Mau la silenció con un beso en los labios. La tomó de las manos y la miró con ternura.
-que se joda mi familia, no voy a dejar que te quedes aquí.
-pero si estamos viviendo en tu casa, esto que acabas de hacer no podrá volver a ocurrir, ni mucho menos lo que pasó en mi cama…
-¿por qué no? Será más excitante.
   Akima rio, un poco sonrojada.
-eres… eres único… no sé, tengo miedo.
-pues no lo tengas…
   La muchacha japonesa no puso más objeciones, regresaron a su cuartito, y recogieron ropa y otras cosas que ella necesitaba, así como una cuantiosa cantidad de dinero que metieron en una pequeña maleta, grabada con caracteres japoneses. Antes de salir de ahí, Mauricio le preguntó por ellos.
-es mi apellido… Suzuki-De esa forma, se dirigieron a la casa de los Silva.


Mauricio y Akima llegaron a la casa de los Silva ya por la tarde, acompañados de una persona especial y querida para el muchacho. Eran cerca de las 6, casi las 7 y media de la tarde. La razón de su llegada tardía, se debió a Mayra. Ella y Betty esperaban frente a la puerta de los Silva, ya no llevaban el uniforme de la 20, y aguardaban de pie, vigilantes y preocupadas.

   Al verlas, Mau decidió que no regresaría hasta que se cansaran de esperar. Dieron vueltas al vecindario, y a eso de las 5, comenzó a darles hambre, por lo que volvieron al mercado para comer algo. Justamente al mismo puesto de antojitos mexicanos en el que habían desayunado por la mañana.

   Mientras comían, Akima le había contado un poco sobre su vida. Se suponía que la chica no recordaba gran cosa de su familia o de Japón, aunque tenía vagas remembranzas de su madre y su hermano mayor, quienes la habían traído a México desde Estados Unidos. Ella era muy pequeña. Después, por alguna razón, su hermano las abandonó, quizá volvió a Japón o a los Estados Unidos, sea como fuere, ella y su madre deambularon por la ciudad, haciéndose pasar por inmigrantes chinas, que ayudaban en un restaurante de comida de ese país. Cuando ella tenía 5, su vida cambió de nuevo, su madre murió durante un asalto al restaurante y ella quedó a cargo del dueño y su esposa, quienes no se tentaron el corazón y la vendieron un año más tarde a un hombre al que ella conocía como Don Lupe, el cual, pronto la llevó al burdel clandestino que operaba en la calle Golfo de Gabes en Tacuba, bajo la fachada de una miscelánea, operada por una mujer a la que conocían como “La bruja”

   Dicha mujer fue su mentora durante muchos años, le enseñó a perfeccionar su español, a leer y a escribir, además de tenerla como una especie de criadita que también le servía para atender la miscelánea. Akima vivió durante varios años en el edificio superior de la tiendita, en el cual vivían y trabajaban otras muchachas. Según Akima, las que vivían en el burdel, ósea, en el edificio de Golfo de Gabes, eran en su mayoría, muchachas provenientes de otros países, es decir, de la trata de personas. Ella logró conocer a un par de muchachas hondureñas, una colombiana y una negra africana que hablaba muy mal el español, entre otras. Estaba claro que era una organización bastante bien estructurada, pues también tenían chicas mexicanas que iban por la libre o pertenecían expresamente al tal Don Lupe, las cuales eran mandadas a vivir a cuchitriles como el del callejón del Panal. De esa forma, cuando Akima estuvo considerada por “la bruja” para empezar a ser una chica más de las trabajadoras, fue echada del burdel y enviada a vivir a ese lugar tan miserable.

   Antes de terminar su historia, Akima le dijo que no creía que la tal “bruja” o como ella llegó a llamarla, doña Juana, fuera una mala mujer, ya que siempre la trató bien y de no ser por ella, muchos de los rufianes al servicio de don Lupe, y que se encargaban de proteger el local, ya hubieran abusado de ella, en especial cuando era niña. Luego se soltó a llorar, y Mauricio sin pensarlo, la abrazó con todo el cariño que pudo reunir en su interior, aunque le sorprendió que ella hubiera aguantado tan estoicamente mientras le contaba todo.

   Dejaron de comer un momento, mientras se abrazaban, cuando un comensal más, se sentó junto a ellos. Mauricio tardó en reconocerlo, tenía tiempo que no lo veía, pero en cuanto se quitó las gafas oscuras, vio el rostro de su padre, sus mismas cejas pobladas, sus mismos pómulos, pero no tenía la nariz torcida ni la desordenada barba de muchos días.
   Era un hombre bien parecido, el más apuesto de todos los Silva, que llevaba su cabello rizado perfectamente aplacado con gel o spray, y una elegante camisa de polo rosada.
-buenas tardes, deme una quesadilla de flor de calabaza… ¿se terminó?, vaya, bueno, deme entonces una de chicharrón con mucho queso…
   Mauricio esquivó la mirada de su tío Mauricio, el hombre al que debía su nombre de pila. Este lo vio unos segundos más y luego volvió a lo suyo.
   Akima seguía sollozando en sus brazos, y no se había dado cuenta de la nueva perturbación de Mauricio.
-disculpen, jóvenes, ¿los molesto con las servilletas?-les pidió su tío, fingiendo total demencia.
   Akima se dio cuenta de la presencia del hombre y con cortesía le pasó las servilletas.
-¿está bien, señorita?-Mauricio tío le ofreció una de las servilletas para sus lágrimas.
-gracias, no se preocupe.
-¿acaso el jovencito que le acompaña le está tratando mal?
   Mauricio hizo una mueca y se esforzó por no mirar a su tío. Akima rio.
-claro que no, si es tan lindo…
-me alegra oír eso, a una mujer nunca se le debe hacer sufrir. Ya sea una novia, una esposa, una abuela, una simple amiga… o una madre. Sobretodo a una madre, ya saben que luego existen hijos desconsiderados que huyen de casa o de la escuela y las tienen con el Jesús en la boca…
   El tío se volvió a la mujer del puesto y le pidió un Boing de guayaba, de esos que venían en botellas de vidrio y se podían tomar con popote.
   Akima guardó silencio, se dio cuenta de la incomodidad de Mauricio.
-sí, a veces uno como hombre es bastante desconsiderado, en especial con las madrecitas que no se merecen tantos pesares. Por ahí escuché que una mamá del barrio… ¿ustedes son de aquí cerca? Bueno, por ahí dicen que una mamá de aquí de Wenner, está buscando desesperadamente a su hijo, que escapó de casa…
-está bien, tío, ya basta.
   Akima los miró a ambos, un poco confundida. El tío Mauricio dio un sorbo a su Boing y luego carraspeó con cierto dejo de triunfo.
-¿ya basta? ¿Eso quiere decir que dejarás de hacer berrinche y regresarás a casa?
-un momento… no entiendo, ¿conoces a este señor, Mau?
-sí, es mi tío. El traidor que se llevó a mi hermano lejos de casa.
-sí, si, sí, me contaron algo de eso.

-¿te contaron?

-Ángel dijo que podrías estar un poco enojado por su vocación, pero no creí que también yo fuera el malo de la historia… escucha, Mau, dejemos de hablar de lo que piensas de tu hermano y de mi, ¿por qué no volvemos a casa? Es un hecho que tu mamá está muy preocupada, no tienes derecho a hacer que se sienta así…

-es que… todavía no puedo volver. Además, estoy bien, he andado por el barrio, con mi amiga…

-un placer, señorita, soy Mauricio Silva… el tío, según me cuentan, mi sobrino me robó el nombre-el sujeto rio a carcajadas, luego le entregaron su quesadilla y se puso a comer.

-soy Akima Suzuki, un placer también.
   El tío le estrechó su mano.
-¿de qué parte de Japón eres? Yo he estado en Osaka y Nagoya…
   La chica se mostró vacilante.
-pues… creo que de Tokyo. La verdad es que no recuerdo mucho de mi país, señor. He vivido mucho tiempo acá.
-eso explica lo bien que hablas español. Dime, ¿vives por aquí?
-bueno…
-deja de interrogarla, tío. Ella vivirá con nosotros.
   Mauricio adulto se atragantó un poco con el Boing.
-no escuché muy bien, ¿me lo podrías repetir?
-es una mala idea, Mau-musitó Akima.
-que ella vivirá con nosotros, tío.
   Enseguida comenzó una discusión respecto a la tonta idea que se le había metido a Mau en la cabeza. Akima no se atrevió a intervenir, hasta que el sobrino se puso un poco impertinente con el tío.
-no es necesario discutir así, Mau, de entrada, te dije que no era una buena idea.
-por favor, tío, ella no tiene a dónde ir… ella necesita de nuestra ayuda.
-tu mamá no lo aceptaría… de hecho, tu abuelo no lo aceptaría, sabes que la casa es de mi padre, no puedes ir y meter a la gente que quieras sólo porque se te da la gana. Bueno, lo de Daniel no cuenta, eso es diferente…
-ella también es mi amiga, no es diferente… escúchame-Mauricio tomó a su tío y lo llevó lejos del puesto de comida. Akima lo miró rápidamente y asintió, sabiendo lo que iba a hacer Mau.
   De esa forma, le contó la historia y situación de Akima. Unos minutos después, regresaron al puesto de comida. Su tío estuvo silencioso luego de terminar su quesadilla y su Boing.
-escuchen… no pretendo juzgarte, Akima, pero ¿qué harás después de esto? Es decir, ¿qué si te quedas con nosotros?, ¿qué harás de tu vida? ¿la gente de… con la que convivías traerá problemas a mi familia?
-eso no lo puedo saber… señor.
-no me digas señor, dime Mauricio… aunque creo que será confuso con mi sobrino. En todo caso, después de analizar todo lo que me dijo mi él, yo no tengo objeción en que te quedes, pareces una buena chica y después de todo, podrías usar mi cuarto en la casa, no me costará trabajo convencer a mi señor padre. Pero tengo que estar seguro de que mi familia no será arrastrada a…
-¿a mi mundo?
-no me refiero a eso… es sólo qué. Uno no siempre puede estar seguro de a quién le permite entrar a su hogar.
-lo comprendo… y si es un problema, no me importa regresar a mi lugar… a mi mundo.
-nada de eso, Akima, mi tío ya dijo que puedes quedarte en su casa.
-muy bien, pero no sé cómo lo tomarán tus padres, pues no van a estar muy contentos contigo, Mau.
-lo que menos importa es lo que me pase a mí.
   Su tío lo miró con cierto orgullo, le parecía loable la forma en que pensaba su sobrino, y en su interior, reafirmó algunos conceptos que tenía. El hombre pagó las tres cuentas y sólo entonces, emprendieron el camino a la gran casa de los Silva.
   Cuando llegaron, Betty y Mayra se habían ido. De hecho, en la casa sólo estaba la abuela, doña Margarita, Luciana, Ana, Jenny, y Joaquín. Las cuatro damas estaban en la sala de los abuelos, cosiendo botones a prendas viejas, bebiendo chocolate y comiendo churros recién hechos. El pequeño varoncito de los Silva estaba dormido en su habitación. Al parecer, los padres de Mauricio habían estado todo el día buscando a su retoño, acompañados por don Luciano y la tía Márgara, búsqueda a la que se habían unido Fernanda, Daniel y el recién llegado tío Mauricio, el cual había llegado de España ese día, en dónde había dejado a Ángel, todavía inmiscuido en la cosa esa religiosa. Sólo él, había tenido la fortuna de encontrar a su rebelde sobrino, y de paso, había aprovechado para echarse algo al estómago pues casi nadie tuvo tiempo para comer por culpa de Mauricio.
-¡Bendito sea Dios! Ya llegaron-dijo su abuela al verlos entrar-voy a prenderle para que se coman algo.
-no se preocupe, jefecita, nos acabamos de echar unas quesadillas en el mercado-el tío Mauricio besó a su madre en la mejilla y luego se echó en el sofá en donde estaban Jenny y Ana.
-¿en dónde estabas?-le cuestionó Luciana, e inmediato se fijó en aquella chica japonesa que los acompañaba.
-por ahí…-contestó Mau.
-¿tú quién eres?-oyó preguntar a su tío y pensó que se estaba dirigiendo a Akima, pero entonces se dio cuenta de que miraba a Ana, quien a su vez lo miraba con extrañeza.
-soy Ana…
-la pequeña Ana, he oído sobre ti-su tío la saludó con un tierno beso, el cual también repitió con Jenny y con Luciana.
-¿y quién es tu amiga?-esta vez fue Jenny, mirando a Akima. Ella todavía seguía parada frente a la puerta.
-es una amiga, su nombre es…
-hola, soy Akima-ella se acercó hasta donde estaban las chicas, y saludó a la hermanita de Mau.
-¿eres china?-inquirió Ana. Akima se carcajeó.
-así me decían… pero no, soy japonesa, aunque me considero mexicana.
-parece que mi primito es como su hermanote, Ángel, se fijan en puras bonitas-intervino Luciana-Pero, ¿no eres un poco mayor para él?
-basta, dejen de incomodarla-gruñó Mauricio.
-no lo hacemos, Mau, sólo le estamos dando la bienvenida.
-sí, Akima, sé bienvenida a la casa de los Silva, te aseguro que te sentirás muy bien-dijo su tío antes de preguntarle a su madre por su cuarto en el segundo piso de la casa.

Transcurrieron unos minutos antes del regreso del resto de los integrantes de la casa, llamados por Jenny al celular de Fernanda. Y como era de esperarse, al entrar a casa, Verónica De Anda corrió a abrazar y a besar a su pequeño niño de oro, para luego reprimirlo histéricamente. Pero eso no fue nada, la bofetada que le propinó su padre, significó una buena noche de amargura y resentimiento en la cama. Afortunadamente, su tío impidió que su padre lo moliera a golpes, frente a Akima, su amigo Daniel y sus hermanas. Ahora bien, el chico quiso hablar de lo que tenía en mente, una vez pasada la absurda explicación que les dio sobre le motivo de haber abandonado la escuela. Pero su tío, Mauricio el guapo, (como le había puesto la tía María Antonieta en una de las escasas veces que fue de visita, debido a que a Mauricio el sobrino, lo consideraba “el feo”) se adelantó y le dijo que mejor sería esperar a que todos estuvieran presentes. Por todos, se refería a los papás de Ana, que a esa hora estaban a punto de salir de trabajar.
   Así que, una vez reunidos, Mauricio tío mandó a sus sobrinos y al invitado, Daniel a sus respectivas habitaciones, con el pretexto de que tenían que levantarse temprano para la escuela. Como era natural, sólo Mauricio se quedó. Entonces les comentó lo que Mauricio le había dicho. Estando Akima escuchando en todo momento.
   Al principio, nadie dijo nada, sólo la tía Márgara, que se mostró un poco intranquila, por la parte de tener a una desconocida alojada en la casa, pero no la rechazó abiertamente. Después Verónica, alzó la voz, quizá recordando las palabras de Fernanda respecto a “la zorra” de Ginger, aquella lagartona que quería pervertir a su bebé.
-pues no me parece correcto, señorita ¿de dónde conoce a mi hijo? Una “amistad” como la que dice tener con él, no me parece ortodoxa ni moralmente permitida.
-¿moralmente permitida? Pensé que aquí los santurrones eran Ángel y la tía Paola…-masculló el chico, pero se calló rápidamente al ver la mirada indignada de su mamá.
-¿no entiendes, mocoso?-su padre se dispuso a golpearlo de nuevo, pero su tío volvió a interferir.
-no hace falta, Ángel, la próxima vez que vuelva a contestarle a su madre, yo mismo lo abofetearé-Mau miró a su tío, dolido.
-¿qué es esto? ¿una familia de cavernícolas que educan a putazos? Ojalá yo mismo me los hubiera agarrado a nalgadas cuando eran escuincles, par de cabrones-protestó don Luciano-aquí nadie le vuelve a pegar a mi Mau, ¿entienden?
-jefe, no empiece…
-¿no empiece de qué?-el tío Mauricio tuvo que recular, ante lo imponente que seguía siendo el abuelo.
-perdón, apá-en automático, el padre de Mau pidió perdón al progenitor, pero el papá de Ana, también agachó la cabeza, sometiéndose por costumbre a la voluntad de su padre.
   Entonces don Luciano se puso de pie, y llamó a Akima, para que se sentara más cerca de la familia, pues por alguna razón, todos se habían sentado de un modo que parecían estar segregando a la japonesa, como si debieran evitarla.
-escuchen, en esta casa, su madre y yo siempre luchamos por inculcarles valores y buenos sentimientos, la disciplina siempre fue mi fundamento, pero eso no significó que yo fuera un tirano o un mal padre. Nunca les pegué y tampoco les prohibí casi nada. Quizá debí hacerlo, así a lo mejor me hubiera ahorrado las pendejadas de Luc, los chorrocientos de matrimonios de Márgara-la tía se hundió incómoda en su asiento-las rebeldías de Maria Antonieta… y las muchas cosas que aún me debes, Ángelito-el papá de Mau hizo lo mismo, además de evitar la mirada del abuelo-pero nunca fui duro con ustedes, porque siempre confié en las buenas personas que son, confié en que tarde o temprano, recordarían lo que les inculcamos y serian buenos para toda la vida… o al menos que harían lo correcto casi siempre. Uno de nuestros fuertes siempre fue, tenderle la mano a quien lo necesitara. Esta jovencita está aquí porque nos necesita. Bueno, porque Mau creyó que nos necesita y eso me llena de orgullo, porque parece que mi nietecito heredó de manera natural, los conceptos y filosofías de vida que me enseñó a mí, mi santo papaíto, que Dios lo tenga en su gloria. ¿Serán tan mezquinos para regresar a esta niña a las calles? Pues un Silva, no hace eso, déjenme decirles… y no, tú Samanta, te convertiste en una Silva desde el momento en que te casaste con mi Ricardo, igual que tú, Verito hermosa, más que De Anda, eres toda una mujer Silva, y que les quede claro. ¿eh? Los Silva nos amamos y ayudamos entre nosotros, no importa lo que pase, pero sobretodo, los Silva ayudamos y queremos a todo aquel que nos pida ayuda o nos necesite. Porque bien lo dicen las escrituras, “tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo” Vaya, si mi Ángel estuviera aquí, seguro que podría enseñarles unas cuantas lecciones de amor desinteresado por el prójimo, aunque hagas esa cara-se dirigió al padre de Mau, de nuevo-tu hijo es mejor que tú, y que yo, y lo sabes. ¿eh? Por eso díganme, ¿le van a dar la espalda?
-pero don Luciano, no me parece algo muy inteligente. Su pasado… lo que hacía en su pasado, si es que no lo sigue haciendo, nos puede traer consecuencias. He escuchado que la gente que maneja a las put… digo, a las mujeres así, son muy peligrosos.
-Verito, Verito, mi güereja linda-don Luciano la tomó de las manos y la obligó a ponerse de pie. Él era casi un gigante y ella un pequeño duende-¿ya te olvidaste de aquella hermosa chiquilla de provincia, con los cabellos rubios como de un querubín, que vino a parar a mi puerta, embarazada del pelele de mi hijo? ¿olvidaste qué te dije aquel día?
-no, don Luciano, nunca lo he olvidado… me dijo que mientras usted viviera, ningún Silva nacería sin techo ni un cálido hogar.
-sí, no sólo porque traías al bueno de tu hijo Ángel en tu pancita, sino porque desde el momento en que te enamoraste de mi tozudo hijo, te consideré una hija más, un miembro de la familia más. No me importó que no te conociera, ni las cartas amenazantes que recibí de tu señor padre y de su poder y fortuna. Tú ya eras una Silva, mi querida Vero.
   La mamá de Mau volvió a su asiento, sin dejar de mirar a Akima.
-por eso, mi familia, si ya ha pasado una vez, no entiendo ¿Cuál es el problema? Apoyaremos a Mau y esta muchachita en todo lo que podamos, es duro saber que el pequeño ha embarazado a su novia pero…
   Todos miraron atónitos al abuelo. Verónica volvió a saltar de su lugar, boquiabierta.
-¿de qué hablas, abuelo?-cuestionó Mau, con la misma expresión de su madre.
-¡por Dios santísimo, jefe!-su tío también se puso de pie-no se trata de sea eso.
   El anciano miró a Akima y a Mauricio, ella parecía muerta de pena y él estaba indignadísimo.
-¿qué? ¿no se trata de eso? Pues yo pensé…
-¡por favor!-gruñó Verónica y fue hasta su hijo-¡Mauricio!, ¡dime que no es cierto! ¡júramelo! ¡tú no puedes…!
-qué tontería, no es cierto, mamá… no se trata de eso, ¿cómo puedes creer que yo…?
   Verónica dejó de sacudir a su hijo y fue hasta la chica. Al principio ella no la miró, pero entonces la madre de Mau le obligó a mirarla, jalándola con brusquedad.
-dime la verdad, muchachita, ¿estas… estás…? ¿mi hijo…? Tú y él…
-no señora, su hijo es todo un caballero, ¿cómo puede pensar eso de él? Entre nosotros no ha pasado nada de eso-contestó con voz baja, pero sin titubeos-no estoy embarazada de él ni de nadie.
-vamos, mi amor, suelta a la chavita-le conminó su marido.
-bueno, entonces supongo que debo irme…-dijo Akima, haciendo ademán de tomar su maletita.
-claro que no-dijo don Luciano-perdóname por mis cavilaciones seniles, muchacha, aunque no sea eso, no puedo… no podemos dejar de lado tu situación. Al ser el quien canta las reglas aquí, te digo yo, que eres bienvenida en esta casa. Te puedes quedar hasta que lo consideres.
   Mau se apresuró a tomar la maleta de Akima.
-¿al cuarto de mi tío, abuelo?
-yo digo que sí… a no ser que tu tío diga otra cosa. Si es así, podemos abrir el cuarto de Freddy o desocupar el cuarto del piano…
-faltaba más, papá, que se quede en mi cuarto, yo dormiré acá en el sillón-dijo su tío, sonriendo.
   Entonces también tomó a Akima de la mano y la llevó hasta el segundo piso. Verónica intentó detener a su hijo, pero no había más qué pudiera hacer, tampoco tenía argumentos, sólo le quedaba seguir pensando en que su hijo se había desatrampado y había embarazado a esa fulana. No le gustaba la idea, temía a las hormonas de su hijo, desatadas con una mujer ajena a la familia y los lazos sanguíneos rondando en la casa, en parte por culpa de Fernanda y las ideas que le había metido sobre la tal Ginger, pero si don Luciano lo había decretado, nada podía hacerse.


   Más tarde esa noche, luego de haber acomodado a Akima en el cuarto/departamento destinado al tío Mauricio, el sobrino del mismo nombre se refugió en las cobijas de su cama. No se había dado cuenta de lo cansado que estaba hasta que se quitó los zapatos y se echó en la cama, despertando a Daniel por el ruido. Su amigo le sonrió al verlo de vuelta en la habitación.
-creo que soy una pésima influencia para ti, Mau-Mau-le dijo el muchacho-escapas de la escuela, te pierdes, y ahora traes mujeres a tu propia casa, tan tranquilito que te veías.
-cállate, mono…-los dos chicos se carcajearon.
-pues la neta, esa chinita está como quiere, si no es pa´ti, a mí me va dar mucha tentación tenerla por la casa.
-no es china, es japonesa… además, antes te corro, que dejar que le eches tus garras.
   Volvieron a carcajearse.
-mucho mejor, mi Mau, dicen que las japonesas son re-pervertidas…
-que te calles, mono.
-bueno, bueno, hablando en serio, ¿quién es? Jamás la había visto por el barrio, ¿es de aquí?
-vivía ahí por el Panal…
-pues he andado con un par de mandriles de por ahí, pero a ella nunca la he visto. Pero tampoco es que conozca mucho, puro culero hay.
-mira, ya tendré oportunidad de contarte todo… ahora quiero dormir, seguro me espera una cagada descomunal mañana en la escuela…
   En ese momento, la puerta del cuarto se abrió y entró su mamá. Se veía bellísima con su cabello suelto, peinado para irse a dormir, y su tradicional bata rosada, que cubría su camisón de seda favorito. Ya no llevaba sus gafas. Al acercarse a su cama, previo darle las buenas noches a Daniel, Mau pudo notar el dulce aroma de la pasta de dientes en sus labios.
-mi amor, necesito hablar contigo.
   Mauricio miró nervioso a Daniel. Casi con desesperación, sabía lo que se avecinaba.
-vete-le ordenó, y su amigo salió de la cama. Para salir después de la habitación. Verónica se extrañó de ese comportamiento y durante una breve fracción de segundo, su mirada severa apareció en su rostro. Pero luego sonrió.
-he notado que a veces eres medio pesado con él, ¿por qué, mi amor?
-no sé… somos hombres, así nos llevamos.
   Su mamá asintió con un gesto.
-Mau, quiero que me digas algo, contéstame con la verdad.
-si es sobre Akima, ya te dije todo, mamá.
-sí, me refiero a lo que pasó en la escuela, ¿por qué hiciste esa tontería?
   Mau no quiso contestar, aunque era evidente que a su mami no podía ocultarle casi nada, intentó mentir, pero su nivel de respuesta era bajo por las noches, y su cerebro no pudo encontrar una buena excusa.
-no sé, creo que simplemente estoy loco…
-nunca digas eso, te prohíbo que vuelvas a decir eso de ti, mi amor, y si alguien se atreve a decirte que eres… eso, yo misma me encargaré de sacarle las tripas con la manita rascadora de tu papá. ¿me escuchaste, Mauricio?-él le acarició la mejilla.
-fue… fue… por Mayra, ¿está bien esa respuesta a tu pregunta?
-¿por Mayra? Se pelearon, ¿verdad? Ya se me hacía que la vi muy rara hoy cuando me fue a buscar a salón de Jenny. Cuentame qué pasó.
-nada… ella es… estúpida.
-no voy a dejar que te expreses así de ella. Ella siempre ha sido tan dulce, siempre se han querido, no veo el motivo por el que te expreses así de ella.
-es que… es que… mamá… ella se estaba besando con un… con un chico en la sala 2.
   ¿De qué servía seguir ocultándolo? Estaba dispuesto a no ver a Mayra nunca más, no sólo por lo que sentía, sino porque no toleraría ver a Gabriel Farías, besarla de nuevo. Y su madre tarde o temprano, descubriría el alejamiento de los muchachos, otrora inseparables.
-vaya… no me lo esperaba de ella. Se puede ver un tanto precoz, pero no pensé que fuera a tener novio tan temprano.
-¿novio? Vaya mierda…
   Lejos de regañarlo por la palabrota, su madre se le quedó mirando enrarecida. Diseccionó sus ojos por un largo rato, le parecía ver algo diferente en su hijo.
-¿qué pasa, mi amor? ¿por qué te afecta?
-mamá… mamá… yo no sé qué puedas pensar de mi si te lo digo, un hombre no debería de hablar de estas cosas con su mamá…
-¿por qué no? Además, todavía eres un muchachito, te adelantas mucho al considerarte, “hombre” ¿no crees?
-no digas, mamá…
-quiero que me oigas, yo siempre estaré a tu lado, siempre, no me importa que es lo que hagas, siempre estaré ahí para apoyarte porque te amo muchísimo. Ya te dije, hagas lo que hagas, yo te apoyaré. Si no te sientes bien abriéndote conmigo, no hay problema, pero no me hagas sentirme preocupada por ti. No saber qué te molesta, me hace sentir muy intranquila. Este día, en verdad pensé que habías embarazado a esa muchacha…
-ma, por favor…
-en serio, me sentí destrozada, ¿Cómo era posible que mi bebé hubiera hecho semejante cosa? Luego, te miré a tus ojitos escarlata, y supe que me decías la verdad. Pero algún día no lo harás, porque algún terminarás convirtiéndote en un hombre, y harás muchas cosas que pensarás que están mal o que son vergonzosas, y seguro que lo último que querrás, es que tu madre sepa de eso. Pero como ya te dije, siempre seré tu mamá y estaré ahí para ayudarte. Yo estaré ahí el día que te enamores y tu corazón sea lastimado, yo estaré ahí el día en que le pidas matrimonio a la chica que ames y te dé el Sí, yo estaré ahí, el día que te enteres de la dicha de ser padre. También estaré ahí, el día que te enfermes, como siempre lo he estado. Estaré ahí cuando rías, cuando llores, cuando sufras y hasta cuando odies, ¿por qué no? ¿me entiendes, cariño? Yo no te juzgaré, quizá te reprenda, pero será por tu bien, hagas lo que hagas, nunca me iré de tu lado. Te llevé 9 meses en mi vientre, soportando todas las desventajas del embarazo porque es lo más lindo ser mamá, así que ten por seguro que soportaré cualquier cosa que tengas que decirme, por dura, vergonzosa, reprobable o increíble que sea. ¿Me entiendes, amor?
-te entiendo, mami…-Mau soltó un suspiro, amaba demasiado a su madre como para no decirle lo que le estaba jodiendo la existencia. Pero ¿cómo empezar?
   Se aclaró la garganta y la miró a los ojos, a sus bellísimos ojos color miel, intentando sincerarse, aunque resultara difícil.
-es que Mayra… ella es… significa… no sé mamá…
-¿Tú la amas?, ¿es eso, cariño?
-sí, mamá, me he enamorado de mi mejor amiga, y me duele muchísimo, muchísimo-una lágrima escapó por su mejilla, pero su madre rápidamente la secó.
-pues no debería de dolerte, mi amor. Te has enamorado de tu mejor amiga, una niña tan dulce a la que conoces desde que eras casi un bebé. Es una historia de amor tan linda para contar cuando seas mayor. Deberías estar feliz.
-no, mamá, ella está con Gabriel Farías, un sujeto más guapo, alto y mejor que yo… ¿cómo competir con él?
-el amor no se trata de competir, mi vida. O te aman o no. Y yo estoy segura que si le dices lo que sientes, ella vendrá a tus brazos, se conocen desde pequeños, ¿acaso eso no importa? Y nunca digas que alguien es mejor que tú, ese chico será muchas cosas, pero jamás mejor que tú, ¿bien?
-ya no quiero hablar de esto… mamá.
   Ella comprendió, entonces le dio su beso de buenas noches, un largo beso que fue acompañado de más palabras dulces y apapachos. Antes de que irse, le mandó otro beso con la mano. Al poco rato, entró Daniel.
-¿estabas escuchando?-le preguntó con suma violencia.
-ni madres, estaba meando… ¿por qué?
   Su amigo se deslizó hasta la cama de Ángel y se envolvió en las cobijas, exageradamente.
-¿quién apagará la luz, genio?
-pues yo soy el invitado, hazlo tú, Mau, que eres el anfitrión-Daniel rio y se tapó la cara con la almohada.
   Mau se levantó refunfuñando, apagó la luz y luego volvió a su cama.
-oye, con todo esto, no he tenido tiempo de decirte que tuve una visión en la tarde…
   Mauricio se reincorporó de nuevo, en medio de la oscuridad no podía ver a Daniel, pero sabía que estaba debajo de la almohada porque escuchaba su voz rara.
-¿qué acabas de decir?
   Daniel se quitó la almohada y también se reincorporó.
-que tuve una visión como la noche en casa de Ginger… bueno, mejor dicho, tuvimos una visión, estaba con Mayra y con Betty cuando eso pasó… Era la maestra Heidi, atropellaba a Marina…

 

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